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La memoria del Este

03/05/2009.

El fotógrafo francés Michel Rennes, muy ligado a Málaga desde 1949, presenta un extraordinario libro con fotografías familiares de Pedregalejo y El Palo tomadas desde 1950 a 1972.

1969. El «Manga rota» y otros marengos arrastrando el copo.  Archivo Michel Rennes

1969. El «Manga rota» y otros marengos arrastrando el copo. Archivo Michel Rennes

ALFONSO VÁZQUEZ El pasado miércoles, en la presentación del libro ‘Huellas malagueñas’, editado por el servicio de publicaciones de la Universidad, Michel Rennes sacó una simbólica foto al público reunido en el centro social del Palo, con la vieja cámara de su padre, Jacques Rennes, fallecido con 100 años en 2008.
Michel (Pau, Francia, 1940) es nieto del subdirector de los Ferrocarriles Andaluces, y su vida ha estado muy marcada por Málaga, que comenzó a visitar a partir de 1949 para pasar las vacaciones.
Fruto de esos veranos y del interés familiar por la fotografía y la vida de los pescadores del Palo y Pedregalejo es un fascinante libro de fotos, tomadas desde 1950 a 1973 por él, su padre y por Nicole George, amiga de la familia y profesora de español, gran amante de estos dos barrios que, por su ‘lejanía histórica’ del Centro, aparecen escasamente en las recopilaciones fotográficas de la ‘Málaga antigua’.
El libro de Rennes llena un importante hueco, al reflejar la vida en las playas de Pedregalejo, Las Acacias (la playa del Valle de los Galanes) y El Palo durante dos décadas del pasado siglo. Una selección de las mejores fotos puede verse, por cierto, en el centro social del Palo hasta el próximo 8 de mayo.

Alegría y lágrimas. Michel Rennes explica que, al exponer las fotos en la asociación de vecinos del Palo, pudo documentar muchas de las instantáneas. "Vi algunas caras de alegría y otras llorando porque reconocían a familiares", y recuerda las lágrimas de una mujer, que le mostró la fotografía de su padre con 80 años. "Cuando yo le hice la foto tenía 40", cuenta.
El autor de este libro, que como dato curioso está publicado en cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán) guarda un buen recuerdo de Juan García Sánchez, ‘El Bengarra’, un pescador del Palo, "al que le prometía enviarle todas las fotos que hacía durante el verano". Tampoco olvida a Gregorio Villatoro, alias ‘El cojo’, un marengo con una pierna ‘mala’ que con maña saltaba para realizar sus faenas y cuando se quedaba solo en la barca golpeaba el remo contra la madera reforzada de la proa para avisar a los ‘ventuleros’ (los compradores) que la pesca había sido buena.
Por el libro desfilan numerosos personajes y símbolos del pasado como el traqueteante tranvía, que tanta escandalera armaba a su paso por el puente del arroyo de Jaboneros. Los merenderos, chambaos de cañas, conviven con una actividad pesquera intensa, en la que no falta la salida del copo y la venta del pescado en la misma orilla. Precisamente, uno de los personajes que aparecen es el cenachero Manuel Rico ‘El Tapacopo’, fallecido en 1978. Su apodo venía de que, siendo un niño, su padre le ordenaba, en cuanto acababa la venta del pescado en la orilla, que tapara el copo,y Manuel lo doblaba y colocaba el pie encima, como un adulto, el gesto que indicaba que la venta había sido cerrada.

Hombros tapados. Las casas de los pescadores comienzan a convivir cada vez con más frecuencia con los bañistas que vienen de fuera, de ahí que, hasta 1955, estuvieran en vigor unas normas típicas de la moral franquista:?en la playa aparecen, al pie de la vía del tren, que luego dará paso a ‘la carreterilla’, unas casetas en las que los playeros se cambian. Y?es que, como explica Michel Rennes, estaba prohibido regresar a casa o llegar a la playa en bañador e incluso, no se podía ocupar un chiringuito "sin cubrirse los hombros con una toalla".
Eran otros tiempos, hasta el punto de que los burros cargados con garrafas de agua eran los encargados de suplir las carencias de la época por las casas del Palo, el Valle de los Galanes, donde se encontraban las cocheras de los tranvías, y Pedregalejo.
Michel Rennes regala además a los lectores de su libro varios capítulos de ‘La casa de Juan’, un cuento elaborado en los años 20 por su tía, Alicia Rennes, nacida en 1905 en El Limonar y que fue vecina del Palo y profesora de francés. Ka profesora ideó un cuento en español sobre la vida de un muchacho paleño. El destino de este cuento:?sus alumnas de París que, cuenta Michel, llegaron a ‘enamorarse’ de Juan. El libro de fotografías e historias, que puede comprarse en las librerías del Palo, da para más de un ‘flechazo’.

Fuente. La Opinión de Málaga

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