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Vocalía de Flamenco
El genio de la Alameda
Centenario de MANOLO CARACOL

10/08/2009.

En este año de efemérides son muchos los nombres de los que se cumple el centenario de su nacimiento y a los que apelar a la hora de reconstruir la historia del flamenco, mas si hay una trinidad inexcusable en esa guía, esa sería, por orden cronológico, la formada por El Sevillano, a quien ya elmundo.es le dedicó un especial, Antonio Mairena, del que nos ocuparemos en los primeros días de septiembre, y Manolo Caracol, legatario de una de las familias más significativas de lo jondo y la voz que aún reina bajo el cielo estrellado de la Alameda sevillama.

Y es que Manuel Ortega Juárez era tataranieto del Planeta por línea materna y, al ser hijo de Caracol el del Bulto, también lo era de José el Águila y de Rufina, la hija de Curro Durse, además de sobrino de las bailaoras Carlota y Rita Ortega, y biznieto de Enrique Ortega »El Gordo Viejo». Vino al mundo en el número 10 de la sevillana calle Lumbreras, en el Corral de los Frailes, el 7 de julio de 1909. Eran las tres de la tarde y ya recibió del padre el apodo de Caracol, heredado de su padre según el remoquete que le pusiera la Tía Gabriela, madre de los Gallos, por tirarle de un pelotazo una olla de caracoles.

Nacido para el cante de la mano de don Antonio Chacón, compartió con El Tenazas de Morón el primer premio del Concurso de Granada el 14 de junio de 1922, participando con el viejo cantaor en numerosas actuaciones con los ganadores, como la del Teatro Reina Victoria, de Sevilla, y girando por el territorio nacional con los maestros de entonces, tal que Chacón, Manuel Torre, Centeno y El Gloria.

Manolo Caracol, de joven.

Manolo Caracol, de joven.

Es obvio señalar que su calidad cantaora le lleva a cantar en los locales de la Alameda y en las ventas, así como a ser el reclamo a partir de 1924 de la aristocracia y de personajes como don Miguel Primo de Rivera, el duque de Tetuán, el conde los Andes, la duquesa de Osuna..., además de figurar en los más importantes elencos, tal que en 1925, donde aparece en el Salón de Verano del Teatro Centro, de Madrid (hoy Teatro Calderón), junto a Pastora Pavón, Pepe Marchena y El Cojo de Málaga, o en 1929, donde en Granada hizo lo propio con Manuel Torre.

El 30 de octubre de 1930 contrae matrimonio con la jerezana Luisa Gómez Junquera, desposada en la sevillana Parroquia de San Lorenzo Mártir "ante el altar de Jesús del Gran Poder, durando la celebración de la boda seis días seguidos en Sevilla", según confesó el propio artista al Diario Pueblo. Los apadrinan el torero Joaquín Cagancho y fruto de ese matrimonio nacieron sus hijos Enrique, Luisa, Lola y Manuela.

Curiosamente, estando Caracol de viaje de bodas en Madrid, debuta en la discografía con siete placas con el sello Odeón, que se encontraba en la calle Cedaceros, en los altos del cabaret El Lido. En estas grabaciones, secundadas por Manolo de Badajoz, destacan seis cortes de fandangos -estilos de Rebollo y El Carbonerillo-, dos seguiriyas y otras tantas medias granaínas -estilos de Antonio Chacón y Manuel Torre-, así como unas bulerías por soleá y unas soleares, cantes en los que se constata la calidad expresiva de un artista sin cotejo, como bien evidencia con la creación de un fandango basado en el de su tío Enrique el Almendro, y, además, en la séptima placa, en la que registra una granaína y dos saetas (»Desatadle las muñecas» y »Ahí delante lo lleva»).

Tras triunfar en Cádiz, San Fernando y Sevilla, hacia 1935 se instala en Madrid y el 18 de julio de 1936 le cogió la guerra civil actuando con Pastora Pavón y Pepe Pinto en la plaza de toros de Jaén, con lo que vuelve a la capital hasta concluida la contienda, en que protagoniza con El Sevillano, Juanito Valderrama y Pepe Pinto el espectáculo »Cuatro faraones», para luego regresar a Sevilla y presentarse en el Teatro Cervantes con el espectáculo »Luces de España», con Pastora Imperio, Custodia Romero, Rafael Ortega y Melchor de Marchena, un fracaso que contrastó con el éxito que en 1941 obtuvo en la compañía de Concha Piquer.

Llevó el cante al teatro...

Desde entonces, Caracol, que siempre se jactó de haber llevado el cante al teatro, consumó el hecho cuando en 1943 se apoya en las propuestas de Quintero, León y Quiroga creando junto a Lola Flores los espectáculos »Zambra». El primero fue »Zambra 1944», y así hasta seis, en los que, sobre el paisaje musical de la orquesta y la guitarra, el cante de Caracol y el baile de Lola dibujaban estampas que, si bien fracasaron en su debut en Valencia, provocarían hasta finales de los cincuenta la apoteosis en todos los teatros españoles.

Caracol, con 13 años.

Caracol, con 13 años.

Hay que señalar, a reglón seguido, que estas estampas escenificadas -»La niña de fuego», »La Salvaora», »Pepa Bandera»...-, encontraron la inspiración en la casa de Juan de Orduña, en la madrileña calle Ventura de la Vega, donde el cineasta invitó a Pastora Imperio y a Caracol, testigos de cómo un pianista y un letrista presentaban una creación titulada »Gitana blanca» para Pastora, idea que tomó para sí Manolo Caracol, que encontró en Lola Flores a su mejor partenaire.

...y al cine

Aunque en el terreno cinematógrafo Caracol aparece en »Un caballero famoso» (1942) y »Jack el Negro» (1950), de esta unión surgirían igualmente películas como »Embrujo» (1946), que tuvo una magnífica acogida de la crítica, o »La niña de la venta» (1951), donde también participan Caracol el del Bulto y el bailaor Rafael Ortega, además de grandes triunfos, hasta la ruptura definitiva de la pareja hacia 1951 a causa de la resistencia de Caracol a marcharse a América.

Ello obligó a Caracol a buscar recambio sin suerte en Pacita Tomás, a presentar en 1951 a su hija Luisa Ortega en el Teatro Calderón, de Madrid, y a girar por América con Pilar López, para luego formar compañía con sus hijos en 1952, a los que presentó en la capital del Reino a través del espectáculo »La copla nueva», tras cuya estela siguieron »Color moreno», »Arte español» y »Torres de España» hasta 1957, marchando a América con la familia y su yerno Arturo en 1958.

Manolo Caracol, heredero de una de las más importantes dinastías flamencas, siempre fue fiel al principio de que "el cante hay que hacerlo caricia jonda, pellizco chico", sentencia que puso de manifiesto en »Una historia del cante flamenco», la antología de dos discos que, dirigida por el profesor Manuel García Matos y grabada en 1957 con motivo de sus bodas de plata con el cante junto a Melchor de Marchena, salió a la luz un año después.

Cartel de Zambra, con Lola Flores.

Cartel de Zambra, con Lola Flores.

Paradójicamente, medio siglo más tarde fue vejado por Arcángel en el Teatro Albéniz, de Madrid, según confesó su hija Luisa Ortega y su nieta Salomé Pavón, cuando asistieron al espectáculo »Zambra 5.1».

De gira por América

Sin perder la estela de este genio sevillano, Caracol gira de nuevo con sus hijos por América durante tres años, y en 1961 estrena con su hija, Luisa Ortega, y su yerno, Arturo Pavón, el espectáculo »La copla ha vuelto».

Tras el éxito alcanzado en 1962 con su familia en el tablao Torres Bermeja, de don Felipe García, Caracol inaugura en Madrid el 1 de marzo de 1963 el Tablao Los Canasteros, local sito en la calle Barbieri por el que desfilaron los más grandes de la época, desde Trini España a Terremoto de Jerez, pasando por Melchor, Paco Cepero, La Perla de Cádiz o María Vargas.

A esta nueva faceta empresarial hay que añadir la amplitud de miras del creador de un lenguaje expresivo que vio recompensada su labor con la Medalla de Oro de la III Semana de Estudios Flamencos de Málaga (1965), el homenaje de la IX Fiesta de la Vendimia de Jerez de la Frontera (1966), la Real Orden de Isabel la Católica (1969), »Popular» del diario Pueblo (1970) y, entre otros, los homenajes del Potaje Gitano de Utrera (1971 y 1973) o la VII Fiesta de la Bulería (1973).

La despedida de Caracol de los estudios discográficos fue un año antes de su muerte, en 1972, en que ve la luz »Mis Bodas de Oro con el cante», disco que alberga su último fandango y su última zambra, en la que lloró por su mujer, Luisa, recientemente fallecida, una obra que precede a aquella frase sólo atribuida a artistas de su índole: "Cuando yo me muera, ¡ozú que lío!".

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