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Vocalía de Flamenco
La universidad del cante
Centenario de Antonio Mairena

07/09/2009.

Mairena es el cantaor que más galardones recibió en la historia del cante Hipotecó su vida para sacar al flamenco del fango de tabernas y burdeles "Con Mairena se moría, junto a un hombre, una universidad", dijo Félix Grande

Antonio Mairena recibe la medalla de Oro las Bellas Artes en el 1983

Antonio Mairena recibe la medalla de Oro las Bellas Artes en el 1983

Manuel Martín Martín | Sevilla

Si cuando el público supo de Antonio Mairena la grandeza del cante estaba inscrita en la sombra de la historia, cuando celebramos el centenario de su nacimiento podemos confirmar que con grandes maestros como él, cada artista se sitúa con una herencia detrás y un enigma delante.

En los años treinta del pasado siglo, pocos sabían dónde estaban las variantes de buena parte de los llamados cantes fundamentales. Se sospechaba que habitaban por todas partes, en la memoria del aire, pero nadie daba norte de su paradero. Quienes pudieron hacerlo, minimizaron toda influencia étnica, miraron para otro lado dejando al descubierto la nula conciencia cultural que tenían del género del que vivían, o bien estaban en otros menesteres más productivos. Hacía falta, por tanto, quien rastreara, computara la magnitud de su presencia y se convirtiera en un foco de irradiación de tan oscuras soledades.

Y ese fue Antonio Mairena, al que le sobrevino la responsabilidad la tarde del sábado 22 de julio de 1933, cuando recibe el legado histórico y la herencia artística de Manuel Torre. Horas antes de morir el gran cantaor jerezano, le dijo a un comerciante de Carmona que lo contrataba cada sábado para que le cantara: "Yo me muero. Te recomiendo que te vayas a Mairena del Alcor y preguntes por un gitanillo que tiene allí una tabernita y que le dicen el Niño de Rafael. Le dices que vas de mi parte, que te atenderá y te gustará".

Antonio, Curro y Manuel Melchor. | A.F.

Antonio, Curro y Manuel Melchor. | A.F.

Aquí comienza la obra de uno de los maestros indiscutibles de todos los tiempos. Nadie con más títulos que él para ostentar este rango, pues si se trata de un hecho insólito en la historia del flamenco es porque no todos tuvieron su enorme interés por investigar la realidad del cante y restaurar estilos que sin él se habrían perdido, lo que explica que a su muerte, Félix Grande elogiara su descomunal aportación, pues «con Mairena se moría, junto a un hombre, una universidad».

»Un hombre, una universidad»

Había nacido el 7 de septiembre de 1909 -aunque en los documentos figure el día 5-, en el seno de una humilde familia gitana de la calle Alfonso XII, de Mairena del Alcor, y si a los 11 años ya sorprende a todos cantando por tangos, a los 14 gana el concurso de Alcalá evocando a sus maestros, Manuel Torre y Joaquín el de la Paula.

Mairena, Hijo Adoptivo de Sevilla. | A.F.

Mairena, Hijo Adoptivo de Sevilla. | A.F.

En 1930 debuta en el Kursal Internacional, de Sevilla, y un Viernes Santo de 1933, en los altos de lo que hoy es el bar Laredo, al paso de Los Gitanos, lanzó una saeta por seguiriyas que dejó inmóvil a los propios costaleros. A partir de entonces y durante treinta años, fue para muchos el ídolo de la Semana Santa. Donde él cantaba, las sillas se alquilaban a doble precio.

Paradójicamente. Ese mismo año fallecieron sus maestros, Manuel Torre y Joaquín el de la Paula. Pero la vida sigue, y un año después, de la mano de Rafael Tristán, toma plaza en el Pasaje del Duque. En septiembre de 1935 sorprende cantando a Carmen Amaya y pocos días después graba en Barcelona el cante que hiciera Julio Peña en la película »María de la O».

Con el premio de la lotería

A su vuelta a Sevilla conoce a Melchor de Marchena, guitarrista al que haría su escolta, y tras la guerra civil marcha al pueblo de Carmona, donde vivió hasta 1956 en que, gracias a las cuatrocientas mil pesetas del premio de la Lotería el Niño de 1952, regresa de nuevo a Sevilla y a la calle Padre Pedro Ayala, número 12, donde residió junto a su hermana Rosario hasta su último adiós, el 5 de septiembre de 1983.

Ricardo Molina y Antonio Mairena. | A.F.

Ricardo Molina y Antonio Mairena. | A.F.

Postergado a cantar atrás, en 1943 es contratado por Juanita Reina para el espectáculo »Solera de España», con quien estuvo hasta 1944. Un año después le canta a Pastora Imperio en la madrileña Venta La Capitana, y en 1946 canta para el ballet de Pilar López, para luego figurar en las compañías de Carmen Amaya (1949) y de Teresa y Lusisillo (1950 y 1951).

Tras la muerte en 1945 de su abuela La Morena -a la que quería como si de su madre se tratara-, decide cambiar de aires a requerimiento de Pastora Imperio. Esta había abierto tres años antes una Venta en Madrid, lugar de cita y reunión de todos los flamencos de la Villa. En La Capitana, así se llamaba la Venta, Pastora gozaba los laureles del triunfo, cuando con la magia y el embrujo de sus brazos y caderas, baila por primera vez el romance que le cantara el maestro de los Alcores.

De La Capitana pasa a Villa-Rosa, y en 1946 figura en el ballet de Pilar López, para un año después trabajar en a Samba, donde actúa con el genial Ramón Montoya. Y de ahí a seguir viviendo de las fiestas hasta 1949 en que vuelve Carmen Amaya, presentándose con su compañía en Madrid. Inmediatamente, Carmen lo contrata por 60 días para el Teatro Fuencarral hasta que Teresa y Luisillo se separan de la compañía y Mairena se une a ellos hasta 1951, en que ingresa en la compañía de Antonio Ruiz Soler.

Mairena, en la Universidad de Sevilla.

Mairena, en la Universidad de Sevilla.

Estando con Antonio, el de los Alcores analiza los nuevos rumbos que se abrían al flamenco. Hacia 1956 conoce por mediación de Fosforito al escritor pontanés Ricardo Molina, quien le ordenaría en un libro su ideario flamenco, en tanto que surgen en Madrid los tablaos en sustitución de las ventas y Mairena inaugura ese año de 1956 el Tablao El Duende, de Pastora Imperio y su yerno Gitanillo de Triana, cantando adelante por primera vez en Madrid, lo que le llevó a pensar en independizarse a tenor de cómo se subordinaban al baile los cantes que él tenía por fundamentales.

Fue así que se separa del ballet hacia 1959, coincidiendo con el nombramiento de Director Honorario de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera. Ya por entonces el de Mairena instaura la época de los festivales flamencos y se entroniza en Córdoba consiguiendo en 1962 la III Llave de Oro del Cante, lo que le permite proyectar su misticismo jondo a través de una discografía inconmensurable y única, tan excelente que hoy es referencia de cuantos maestros conforman el flamenco contemporáneo.

Publicaciones y galardones

Decía el tratadista pontanés Ricardo Molina que no conocía a nadie que fuera en su especialidad lo que Antonio Mairena en el arte flamenco. Efectivamente, porque a su calidad cantaora de rango muy superior, hay que sumar sus publicaciones, entre las que figuran ‘Mundo y formas del cante flamenco’ (Librería Al-Andalus, 1963), libro escrito junto a Ricardo Molina; ‘Las Confesiones de Antonio Mairena’ (Universidad de Sevilla, 1976), edición preparada por Alberto García Ulecia, y su obra póstuma ‘Joaquín el de la Paula. Gran artífice del cante por soleá de Alcalá’ (Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, 1984).

De otra parte, Mairena sigue siendo el cantaor que más galardones y homenajes recibió en la historia del cante. Respetado y considerado por todos como el número uno, citemos tan sólo que era Premio Nacional de Flamenco (1971, 1979 y 1983), Hijo Adoptivo de Sevilla (1979), Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de plata con ramas de roble (1980), Hijo Predilecto de Mairena del Alcor (1981), I Medalla de Oro de las Bellas Artes al Flamenco, impuesta por SM el Rey Juan Carlos I el 27 de junio de 1983, y el galardón más importante que no pudo entregársele en vida: Es el primer Hijo Predilecto de Andalucía.

Antonio Mairena, toda una vida consagrada al arte andaluz, se había casado con el cante. Hipotecó su vida y su corazón para sacarlo del fango de tabernas y burdeles en que estaba sumido. Lo dignificó dotando a su obra de un redondo poder de convicción, y si su sentido de la responsabilidad le llevó a cumplir una misión poco menos que sagrada, la de restaurar la grandeza del cante, dio a la afición y a los analistas el vademécum que todos demandaban, de ahí que para muchos fuese una moneda acuñada en Andalucía que no se volverá a repetir

Fuente: Diario el Mundo

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