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Vocalía de Flamenco
La bulería pierde el compás de su archiduquesa
Su hermana Fernanda falleció a la misma edad hace ahora tres años

29/10/2009.

Bernarda de Utrera, la archiduquesa de la bulería, como así le gustaba que la llamara, ha apagado el ritmo de sus esencias cantaoras a los 83 años de edad en el domicilio familiar de su localidad natal, a las cuatro y media de la tarde. La capilla ardiente quedará instalada esta misma tarde en el Ayuntamiento de Utrera, al igual que sucediera tras la muerte de su hermana Fernanda, quien falleció, también a los 83 años, el 24 de agosto de 2006

Tres años después de la muerte de su hermana, la ilustrísima Fernanda de Utrera, se despide de la afición Bernarda Jiménez Peña, la hija del alcalareño José el de Aurora y de la Chacha Inés, la de Pinini de Lebrija, que había nacido el 23 de marzo de 1926 en el número 20 de la utrerana calle Nueva, universidad familiar y parada obligada de las grandes figuras de entonces. Allí, junto a su hermana, Fernanda, encontró el mejor aprendizaje flamenco y la firme convicción de que la valía de su arte se haría más perdurable por lo que fue capaz de conservar y personalizar que por las precipitadas y efímeras dilapidaciones que a nada conducen.

Entre los reconocimientos recibidos por Bernarda de Utrera a lo largo de su vida, en su inmensa mayoría junto con su hermana Fernanda, destacan los de Hija Predilecta de Utrera, Hija Predilecta de la Provincia (2000), la Medalla de Andalucía (1994, en su antigua categoría de plata), la Medalla del Mérito al Trabajo y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005).

Su carrera es indisoluble de la de su hermana, y si bien el padre ya las había dado a conocer en la Feria de Sevilla como cantaora y bailaora, respectivamente, allá por 1946, »las niñas», como las llamó siempre Antonio Mairena, debutaron en el cine dos años después en Duende y misterio del flamenco, de Edgar Neville, estrenada en Madrid a finales de 1952.

El debut profesional se produjo en 1957. Antonio Mairena convenció al padre y disfrutaron de un contrato de tres meses en el tablao Zambra, de Madrid, de donde pasaron a El Corral de la Morería gracias a Pastora Imperio, convirtiéndose desde entonces en las más importantes embajadoras femeninas de la grandeza cantaora de Utrera.

Más tarde, secundadas por Paco Aguilera, participaron en la grabación del disco »Sevilla, cuna del cante» (Columbia, 1959), así como en el II Concurso Nacional de Córdoba, donde, vestidas de luto por la muerte de su padre, Bernarda compartió con su hermana el primer premio del correspondiente a las bulerías y tientos.

Imprescindibles en los festivales

Al paso del tiempo, inauguran en 1961 el tablao madrileño de Las Brujas y se hacen imprescindibles en los recién nacidos festivales flamencos de la canícula andaluza. Asimismo, triunfan en el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York, donde graban »Festivales Flamencos» (Decca, 1966), y ya en España »El Flamenco de Manuela Vargas» (Hispavox, 1966), a más de una gira con la compañía de Manuela Vargas por Europa y algunos países africanos.

Sus nombres ya van otorgando, pues, unas voces propias al sustancial panorama de entonces. Así, regresan de nuevo a Madrid para trabajar en »Villa Rosa», con lo que aprovechan para grabar un single, »Fernanda y Bernarda de Utrera» (Zafiro, 1967), crecen en popularidad y logran el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez. Además, figuran, junto a Antonio Mairena, Juan Talega, Luís Caballero, Naranjito de Triana, Manuel Mairena y Niño Ricardo, en la grabación del »Festival de Cante Jondo Antonio Mairena» (Columbia, 1967).

A partir del disco »El cante de Fernanda y Bernarda de Utrera» (Hispavox, 1970), la pareja decide establecerse definitivamente en su localidad natal. Pasados los años en que la desidia política posibilita la decadencia de los festivales, los ochenta parecen reservados al auge de los mismos y a los reconocimientos para las artistas de Utrera, tanto en Vélez Málaga y Córdoba como en Utrera y Ronda.

Las peñas flamencas la reciben cuales deblas de lo muy jondo, y participan en »Flamenco puro» junto a Farruco, El Chocolate, Adela la Chaqueta, Manuela Carrasco, Juan y Pepe Habichuela, El Güito y Angelita Vargas, entre otros. El espectáculo que se estrenó en Sevilla y París y en agosto de 1987 se llevó de gira por los EEUU, asistiendo la Reina de España al concierto inaugural del Teatro Chellinguer, de Nueva York.

Al regreso de la gira, las eternas »niñas» vuelven a asombrar a la afición junto a la guitarra de Paco del Gastor, y sus sobrinos Inés y Luis. Graban en Francia »Cante Flamenco: Fernanda et Bernarda de Utrera» (Radio France, 1987), y ganan en 1988 el Gran Premio Charles Cros de París, galardón que precedió a »Casta», espectáculo que, bajo la dirección de Ortiz Nuevo, se presentó en el Teatro Imperial de Sevilla, quedando para el 7 de septiembre la rotulación en Utrera de la Avenida Fernanda y Bernarda.

Pasada la Expo 92 de Sevilla, de tan infausto recuerdo flamenco, reciben los honores de la afición de Utrera y Algeciras, de donde partió la solicitud de la Medalla de Andalucía, galardón que el Gobierno andaluz concedió en su categoría de plata en febrero de 1994 y que se une al título de Hija Predilecta de Utrera, paradójicamente el mismo año en que se le niega, también en Utrera, la Orden del Mostachón en su distintivo de oro.

Numerosos reconocimientos

Bernarda, que junto a su hermana fueron proclamadas en diciembre de 1998 Hijas Predilectas de la Provincia de Sevilla, tuvo que sufrir el dolor de la enfermedad de su hermana a partir de 1999, lo que explica lanzara al mercado »Ahora», su primer trabajo en solitario o que acudiera en soledad a la inmortalización en bronce de ambas en Utrera el 7 de mayo de 2005, justo ante el Mercado, o que Su Majestad Juan Carlos I le otorgara 21 de noviembre de 2005 la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

A la bulería se la ha perdido, en consecuencia, un compás, el de Bernarda de Utrera, la cantaora que junto a su hermana Fernanda forjó unos estilos que ya son historia, ya que se traduce en la creación de un lenguaje expresivo que tiene como premisas la asimilación de los matices más diversos, la hondura de la voz, el fraseo ágil, el prodigioso ritmo asincopado y el magisterio técnico del compás.

En tal sentido, hay que destacar la recreación que hicieron de las soleares de Juaniquín, Machango, La Serneta, Juan Talega, Joaquín el de la Paula y Paquirri; las cantiñas sanluqueñas con aires de romeras que ambas heredaron de su abuelo materno Pinini; las seguiriyas de Jerez y Cádiz o los fandangos de El Curilla, de Aznalcóllar y de Caracol, sin olvidar los tientos y tangos de Triana y Cádiz o los cuplés en aires de bulerías para escuchar.

Es precisamente en este palo, la bulería, en el que Bernarda ha reinado durante toda su vida, bulerías antológicas donde los sones de María Peña o los inveterados ecos de Jerez, la caña, malagueña, sevillanas, el taranto, la bambera y la guía de teléfono si es menester, han adquirido el testimonio de grandeza impuesto, precisamente, por la reina del más exquisito gusto por el compás.

Bernarda Jiménez Peña, la cantaora Bernarda de Utrera, nació en Utrera el 23 de marzo de 1926 y falleció en esa misma localidad el 28 de octubre de 2009

Fuente: Diario El Mundo

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