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Un golazo resuelve un clásico superlativo
| BARCELONA 1 - REAL MADRID 0

30/11/2009.

La lluvia fina del Barcelona caló mejor que el fútbol de rayos y truenos del Madrid en un clásico soberbio por el juego, por la altura de los dos equipos, por la expectación despertada en el mundo y por la tormenta que se venció sobre la hinchada azulgrana camino del Camp Nou.

Un golazo de Ibrahimovic resultó definitivo para decidir un estupendo partido a favor del Barça, muy bien tensionado defensivamente por sus dos centrales, inteligente en la lectura de la contienda y afortunado, en tanto que campeón, cuando las apuestas señalaban como favorito al Madrid.
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Gol de Ibrahimovic (Barcelona, 1 - R. Madrid, 0)

AUDIO - Cadena Ser - 29-11-2009

Ibrahimovic adelanta a los culés -

BARCELONA 1 - REAL MADRID 0

Barcelona: Valdés; Alves, Puyol, Piqué, Abidal; Xavi, Busquets, Keita (Touré, m. 66); Messi, Henry (Ibrahimovic, m. 51) e Iniesta. No utilizados: Pinto; Maxwell, Márquez, Chigrinski y Pedro.

Real Madrid: Casillas; Sergio Ramos, Albiol, Pepe, Arbeloa (Raúl, m. 74); Lass, Xabi Alonso; Higuaín, Kaká, Marcelo; y Cristiano Ronaldo (Benzema, m. 66). No utilizados: Dudek; Garay, Diarra, Drenthe y Granero.

Gol: 1-0. M. 55. Ibrahimovic remata de volea un centro largo de Alves desde la zona derecha de la línea medular.

Árbitro: Undiano Mallenco. Expulsó por doble tarjeta amarilla a Busquets (m. 62) y Lass (m. 89). También amonestó a Arbeloa, Albiol, Pepe y Marcelo.

Lleno en el Camp Nou: 97.137 espectadores.

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Al igual que en encuentros anteriores, el Madrid se quedó a mitad de camino, partido por el descanso, espléndido al inicio y vulgar al final, excelente a la contra y torpe en el momento que tuvo que tomar la iniciativa, volteado por un Barcelona muy enchufado y que nunca desfalleció. Al líder no le alcanzó con media parte para batir al campeón. Los azulgrana supieron ganar un partido tan intenso como difícil, circunstancia que habla muy en su favor porque siempre se les tuvo por un equipo delicado, como si fuera de bricolaje, poco preparado para la guerra futbolística.

A los azulgrana les redimió su querencia por la pelota y también el punto de heroicidad con el que compitieron con un contrario muy desafiante. La expulsión de Busquets cuando todavía quedaba media hora por disputar, subrayó justamente la capacidad del Barça para adaptarse a cualquier situación y la incapacidad del Madrid para manejarse en momentos de ventaja o simplemente cuando se le concede la palabra, defecto que compromete de nuevo a Pellegrini, tan bien en el diseño de la contienda como mal con los cambios.

Un clásico superlativo como el de esta noche demandaba de alguna manera la presencia de los dos futbolistas que funcionan como símbolo de los dos clubes. Al Madrid de Florentino se le identifica a partir de Cristiano de la misma manera que la figura mediática del Barcelona es Messi por más que el estilo de juego del equipo lo marquen Xavi e Iniesta. Incluso lastimado, resulta difícil imaginarse a Guardiola convenciendo a Messi de que no va a jugar contra el Madrid por precaución con vistas a Jerez o Kiev.

La jerarquía del argentino y del portugués adquirió aún una mayor importancia por la suplencia de Ibrahimovic y Benzema, el sueco aparentemente por lesión, y el francés por decisión táctica de Pellegrini, que prefirió una alineación más simétrica, rematada por el indetectable Higuaín, que populista como habría sido por la titularidad del francés, uno de los preferidos del presidente. Jugó el Madrid como un equipo, muy junto, bien en la presión sobre la zaga azulgrana y mejor en las transiciones, directas y eléctricas.

La rapidez madridista en los contragolpes contrastó con la paciente elaboración barcelonista. A partir de estilos opuestos, los dos equipos se batieron con la grandeza propia del mejor de los partidos. Ambos sólo coincidían en la necesidad de reducir los espacios al rival desde la asfixia. Había que acabar las jugadas porque cualquier pérdida de balón en la zona de riesgo era el anuncio de una ocasión. Así las cosas, el encuentro giró a favor del Madrid, más fuerte y organizado, poderoso como nunca, categórico en todo, salvo en el tiro.

Kaká funcionaba estupendamente como segundo delantero, siempre asistiendo a extremos y volantes, y Xabi gobernaba el cotarro por encima de Xavi e Iniesta. Jugaba el Barcelona al pie, sin desmarques ni rupturas, falto de velocidad y de precisión. El área, la portería, el juego, el partido en suma, le quedaba muy lejos a los azulgrana. El Madrid había negado al Barça y Valdés fue más exigido que Casillas. El portero azulgrana le sacó un remate de gol a Ronaldo y después Puyol bloqueó un tiro de Marcelo en los momentos de mayor dominio blanco, una jugada que, por otra parte, se repitió durante la noche.

El Madrid tuvo el partido en la mano un buen rato, hasta que Kaká y Ronaldo se desfondaron, y el Barça recuperó el aire con el fútbol de seda de sus volantes después de un severo ejercicio de supervivencia. Pocas veces un equipo le había jugado al Barça con la rotundidad que lo hizo el Madrid. El descanso acabó por revitalizar al Barcelona. Apareció con mejor cara, como si le hubiera pasado el susto, mientras el Madrid se mostraba más contrariado, turbado por no haber resuelto la contienda cuando tan bien la había madurado. Los madridistas concedieron diez metros a la hora de defender y los azulgrana no sólo tomaron la pelota en el medio campo blanco sino que ganaron a un futbolista con la entrada de Ibrahimovic por Henry.

Puyol, por ejemplo, taponó un disparo de Higuaín en una contra vertiginosa del Madrid. Aunque el plantel de Pellegrini mantenía la fiereza ofensiva, perdió el control del juego y capacidad para combatir al Barcelona. No perdonaron los azulgrana cuando alcanzaron el marco de Casillas con el primer buen centro de Alves. La puso el lateral al segundo palo, Pepe se distrajo por la entrada al primer palo de Piqué, e Ibrahimovic apareció en el otro poste para rematar a la red.

Al rescate del Madrid acudió entonces Busquets, que se ganó la expulsión por cortar con la mano una contra del Madrid. A Guardiola no le quedó más remedio que retirar a Keita por Touré, momento que aprovechó Pellegrini para sustituir a Ronaldo por Benzema y posteriormente para dar entrada a Raúl. A más delanteros, menos disparos. Defendieron los azulgrana con y sin el balón, y aguantaron a pie firme, a veces con un último escorzo de Puyol, otras con una anticipación de Piqué, siempre con la retención del balón por parte de Iniesta, muy metidos todos en el partido, siempre superiores a un Madrid que jugó mejor frente a once que contra diez. Tan bien acabó el partido para el Barça y mal para el Madrid que Casillas evitó el 2-0 a tiro de Ibrahimovic y Lass fue expulsado. Un final tan vertiginoso como el inicio, muy propio de un clásico con mayúsculas

Fuente: Diario El Pais

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