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HOMENAJE A DÁMASO RUANO. PINTOR.
TENGO UN AMIGO QUE SE LLAMA DÁMASO.

25/12/2009.

Seguro, Seguro que si vivís en El Palo, lo conocéis. Es un gran hombre, de estatura más bien baja, pelo cano, barbilla plateada, calvo por detrás, con sonrisa amable y bonachona, que se pasea por El Palo, vive y trabaja en el barrio, manteniendo unas costumbres muy fijas. Antes eran sus copas de anís en el bar Juanito Juan, y ahora su café y su periódico en el Caravasar.

Si tuviéramos que describir a Dámaso, diríamos de él, que es afable, amable, un poco tímido, generoso, perpizcaz y sabio en el sentido más amplio de la palabra: que sabe. Que sabe lo que es la vida, los esfuerzos, las dificultades, las necesidades; que conoce el sufrimiento, la alegría y el dolor. Que valora la amistad. Y vuelvo otra vez: Sencillo, cercano, casi diría que de pueblo. Solidario. Y sobre todo GENIAL. Un autentico privilegiado de la naturaleza por su sensibilidad y habilidad en captar y plasmar colores que conmocionan al espíritu, por crear belleza.

 

Dámaso Ruano, pintor, artista singular e indiscutible, es lo más opuesto al cliché de “los divos”. Vive en nuestro barrio, con y entre sus gentes; sus amigos son de aquí; habla con el más sencillo y con los más privilegiados en el mismo tono, con un conocimiento muy amplio del alma humana.

 

Junto a Dámaso, Pilar, su mujer con la que ha formado una familia muy numerosa. Y si Dámaso es un genio, Pilar es genial. Alegre, dicharachera, comunicadora, activa, ha sabido poner en valor la obra de Dámaso. Ha sido su gestora, la que mientras el maestro pintaba, ella habla, dice, busca, se relaciona, tasa, explica y expande la obra realizada.

 

La primera vez que conocí a Dámaso, fue con el entonces  joven arquitecto, Carlos Hernández Pezzi, que al ver al pintor, en plena calle, se hinca de rodillas ante Dámaso, pregonando a voz en grito que era uno de los mejores pintores del momento: “Dámaso, no dejes nunca de pintar”, gritaba de hinojos, ante el espanto de los que presenciábamos la escena. Carlos lo había descubierto antes que nosotros. También el arquitecto, como genio, caminaba delante en el tiempo. Después, lo fuimos conociendo y comprendiendo, y nos unimos a su “DAMASO, NO DEJES NUNCA DE PINTAR”. En aquella época Dámaso regaló al barrio el gran mural de la medianera que todavía hoy podemos admirar en la Avenida Salvador Allende, en el cruce con calle Mar, junto a la Plaza de Matías Rodríguez Mellado.

 

Para los que no sepan de arte moderno, y crean que esta pintura la puede hacer “su niño”, les contaré lo que un profesor de universidad, Isidoro Coloma, me explicaba sobre el Arte en la pintura. Me enseñó, que si veía una pintura y me gustaba, y seguía gustándome cada vez que la veía, durante semanas, meses, y años. Si al cabo de mucho tiempo me seguía atrayendo y comunicando emociones, esa pintura, ese cuadro, era una AUTENTICA OBRA DE ARTE. Y eso me pasó a mí con la obra de  Dámaso: al principio veía un cuadro y me gustaba, pero cuanto mas tiempo pasaba, mas me atraía, manteniendo cada día el dialogo con el lienzo, su frescura  y la transmisión de profundas emociones. Dámaso pinta, evoluciona y sigue pintando. Crea gamas infinitas de tonos, acordes y contrastes; volúmenes y planos; luces, sombras, reflejos, evocaciones y sugerencias. Con un denominador común: cuando  te pones delante de uno de sus cuadros, se te conmociona el alma.

 

Otro día, otro amigo, el decorador Paco Lagos, me decía que encontraba un paralelismo entre Dámaso y Picasso, en cuanto que ambos habían creado formas nuevas, distintas a lo que se hacían en su tiempo. Eran creadores, vanguardias, adelantados. Dámaso presenta una pintura personal, que ha evolucionado, pero que mantiene su carácter propio. Una vez que se conoce su obra, es fácil distinguirla, PORQUE ES DIFERENTE, PORQUE ES SINGULAR, PORQUE NADIE LA HA HECHO ANTES. Ha abierto una nueva vía. Dicen que es único en el tratamiento de matices de la pintura acrílica. Bernardo Palomo, en la presentación de su exposición en Ceuta, cita “La forma cromática,.., inunda de sugerencias, nos traslada a unos paisajes presentidos, a unos estados de máxima serenidad,…. El pintor obtiene un ejercicio plástico de máxima poética. Es su pintura el anuncio total de una sugerencia bellamente dispuesta”.  Salvador Moreno, amigo y arquitecto,  dice de su pintura “Con los cuadros  de Dámaso he llegado a un punto en que me pueden extasiar tanto que prefiero no decir nada de ellos” y describe “bellísimos relieves de cartón en los que lo apolíneo y lo dionisiaco se entrecruzan, lo orgánico y lo racional, la línea y la materia, todo ello en una síntesis lograda con un sentido inigualable de la composición y el color.

 

Y acabo. Presentando este escrito como un sencillo homenaje, a un hombre que está entre nosotros, y a las mejores cualidades que tenemos las personas: a la sencillez, a la humildad, al esfuerzo en el trabajo, a la genialidad, y a la bondad: A DAMASO RUANO. A lo que eres, y a tu obra..

 

Este sencillo homenaje está pedido por La Junta Directiva de la Asociación de Vecinos de El Palo, y a él se unen tus amigos, tus vecinos y todos los que se sienten identificados con lo que aquí hemos dicho.

 

Recibe, junto al escrito, el cariño, el respeto, la admiración y el agradecimiento, de los que te conocemos. Con un fuerte abrazo.

 

GRACIAS DÁMASO.

 

 

 Juan Jesús Martin

 

                     BIOGRAFIA

1938
     Dámaso Ruano nace en Tetuán. Sus primeros años transcurren en el campo marroquí. Aún conserva nítidamente en el alma el olor fresco y sutil de los amaneceres, las noches de verano, con las estrellas al alcance de la mano, el sonido del silencio y el canto de los campesinos beréberes.

1945-1958
    
A los siete años ingresa interno en el Colegio de Huérfanos Infanta Marta Teresa de Madrid. De la felicidad
y la libertad al sometimiento. Realiza los estudios de Bachillerato y el Curso Preuniversitario de Ciencias. Sin embargo, es el Magisterio la carrera elegida.

Muy fundamental en la vida del artista es la figura de José María Pérez de Tudela, su profesor de Dibujo, una persona maravillosa a la que le debe que se abrie­ra camino hacia el arte y su conocimiento.

Durante aquellos años visita todos los Museos de Ma­drid y acude a cuantas exposiciones se celebran en la galena Biosca y en la librería Fernando Fe, en la Puerta del Sol, así como en el Círculo de Bellas Artes y en los bajos de la Biblioteca Nacional, que fue el embrión del futuro Museo de Arte Contemporáneo. En Biosca, entonces, exponían los pintores de la Escuela de Vallecas y los de la Escuela de Madrid: Godofredo Ortega Muñoz, Pancho Cossío, Benjamín Palencia, Cirilo Martínez Novillo, Agustín Redondela, Juan Ma­nuel Díaz Caneja, etc.

1958
     
Regresa a Marruecos, donde ejerce de Profesor de Dibujo contratado por el nuevo Gobierno de la monar­quía alauita.

1959
     
Su primer estudio en Tetuán. Era una azotea, desde donde veía toda la Medina y oía la llamada del muecín a la oración que sonaba desde la Mezquita Grande.

Tenía amigos profesores en la Escuela de Bellas Artes, que le avisaban cuando había algún modelo intere­sante y allí acudía a pintarlo.

En aquellos años llegaba a Marruecos información más fresca desde Francia. Tánger era, entonces, una ciudad viva y cosmopolita, hasta donde lle­gaban noticias del arte más reciente y de las ex­posiciones que se celebraban en todo el mundo, y Tetuán la ciudad más avanzada artísticamente, muy por encima de otras ciudades más grandes de Ma­rruecos, que acogían a pintores más comerciales y folklóricos.

1962
    
 Carlos Areán lleva a Tetuán una magnífica exposición de pintores españoles. Nombres de la talla de Antonio Saura, Antoni Tapies, Manuel Rivera, Rafael Canogar, Roma Valles, Modest Cuixart, causan un gran impacto en Dámaso Ruano. Aunque, ya por aquel entonces, él estaba más interesado por artistas como Lucio Fontana, Hans Hartung, Nicolás de Staél, Robert Mo-therwell, Willem de Kooning o Mark Rothko. Primera exposición individual en la Sala del Ministerio de In­formación y Turismo de Tetuán.

1963
      
Exposición individual en la galería Aux Belles Images de Rabat.

1965
      Exposición individual en la galería Venice Carde de Casablanca.

1967
     
Exposición individual en la galería Extreme Asie de Rabat.

1968
     
Es nombrado Director de la Misión Cultural Española en Kenitra.

1969
     
Su estancia en el territorio marroquí se estaba ago­tando. El país norteafricano siempre estará en el alma del pintor. Marruecos es un pueblo sobrio, po­bre en su paisaje, pero está lleno de luz, de misterio, de belleza.
El árabe sabe vivir en la sobriedad y no dramatiza en exceso su pobreza. A pesar de esto, es un pueblo noble lleno de caballerosidad.

Perteneció a la Escuela de Tetuán, compuesta por pintores y escultores marroquíes y españoles. Estos contactos y convivencias con artistas de las dos orillas fueron muy fructíferos. Exponían juntos en colectivas que eran un continuo cambio de impresiones e ideas.

Matrimonio con Pilar Cervera, la mujer que ha sido los ojos, las manos y la vida de Dámaso Ruano.
Se instala en Málaga, donde vive y trabaja, permane­ciendo, desde este primer momento, estrechamente ligado a los movimientos artísticos de la ciudad.

1970
     
Primera exposición individual en Málaga, en la Sala de la Caja de Ahorros de Antequera. Por entonces, no conocía a los pintores malagueños y esta exposición fue una manera de presentarse ante la ciudad y así conocer a sus artistas. En aquella muestra presentó obra traída de Marruecos. Eran paisajes, coilages y dibujos, así como cosas ya pintadas en Málaga. Todas esas obras tenían su base en una primera búsqueda de simplificación, una búsqueda apoyada en el paisa­je. También, en el afán de encontrar el alma desnuda de las cosas.

En el catálogo de aquella exposición, escribió Carlos Areán: «Era el vanguardista más inquieto entre todos los españoles de aquella escuela —la de Tetuán—. Su pintura parecía no obstante desfasada en medio del cromatismo rico de los grandes creadores tetuaníes. Él era sobrio como nuestra meseta metafísica. Castigaba al color y hacía que los grises o los negros permitiesen obtener todos los registros de variedad en una pale­ta voluntariamente restringida en la que palpitaban también con sus notas calientes algunos amarillos o sepias. El pigmento se descascarillaba sabiamente sobre el soporte y ello permitía una variedad de texturas en las que la luz se agarraba, en tanto las formas se estiraban de igual manera que un campo de Castilla o una de las desnudas zonas desérticas marroquíes al sur de Uarsasat. En aquel entonces la neofiguración de Dámaso Ruano era más bien paisajista y bidimensional. De cuando en cuando Dámaso rasgaba la tela o situaba un lienzo sobre otro lienzo, obteniendo un juego de volúmenes avanzantes. Se presentía ya una búsqueda que habría de ser vertiginosa en la veloci­dad de su evolución».

1971
     
Exposición individual en la Sala de la Diputación Pro­vincial de Málaga. Nace su hija Pilar.

1972
     
En plena fase de ruptura con su inveterada tradición, Sevilla es un apasionante crisol donde se funden los inquietantes proyectos y las ilusiones de un grupo de jóvenes que querían dejar atrás los años de de­cadencia artística y acometer la renovación de una plástica necesitada de aires renovadores. Dámaso Ruano participa activamente de aquel espíritu. Co­noce a los artistas sevillanos más importantes del momento, Carmen Laffón, José Ramón Sierra, Ge­rardo Delgado, Juan Suárez, Francisco Cortijo, José Soto, Miguel Pérez Aguilera y al recordado Francisco Molina.
Exposición en la galería Juana de Aizpuru de Sevilla.

1973
     
Exposición en la sevillana galería Damas, uno de los primeros espacios de la capital hispalense que apostó por la renovación.

Juan Manuel Bonet lo elige, representando a Andalu­cía, para participar en la 11a Muestra de Artes Plásti­cas de Baracaldo, una importante muestra que recoge lo más selecto del arte español del momento. Junto a Dámaso Ruano se encuentran Manuel Barbadillo, En­rique Brinkmann, Jaime Burguillos, Gerardo Delgado, Luis Gordillo, Manuel Rivera, José Guerrero, Carmen Laffón, Francisco Molina, Joaquín Sáenz, José Ramón Sierra, Juan Suárez y Fernando Verdugo, entre otros. Junto a ellos, significativos artistas de toda España de la talla de Eduardo Úrculo, Modest Cuixart, Josep Guinovart, Joan Fernández Pijoan, Joan Pone, Albert Ráfols Casamada, Josep Maria Subirachs, Antoni Tapies, Juan José Tharrats, Manuel Millares, Martín Chirino, César Manrique, Otero Besteiro, Maruja Ma­llo, Equipo Crónica, Amadeo Gabino, Juan Genovés, Eusebio Sempere, Eduardo Sanz, Rafael Canogar, Juana Francés, Antonio López, Lucio Muñoz, Pablo Palazuelo y Antonio Saura.
Nace su hija Teresa.

1975
      
Exposición individual en la Sala de la Diputación Pro­vincial de Málaga. Exposición individual en la galería Atalaya de Gijón, donde convive con Joaquín Rubio Camín y con el escultor José María Navascués.

1976
     
Vuelve a presentar su obra en una muestra individual en la galería Damas de Sevilla. Nacen sus hijos geme­los Dámaso y Pablo.

1977
     
Exposiciones individuales en Córdoba y Bilbao, Gale­rías Manuela y Dach, respectivamente.

1978
     
Exposición individual en la galería Malacke de Málaga. Nace su hija Fátíma.

1979
      En diciembre del año anterior, se crea el Colectivo Pal­mo en Málaga. Junto a Dámaso Ruano, sus fundadores fueron Manuel Barbadillo, Enrique Brinkmann, Pepa Caballero, José Díaz Oliva, José Faria, Juan Fernández Béjar, Ramón Gil, Antonio Jiménez, Jorge Lindel I, Je­sús Martínez Labrador, Pedro Maruna, José Miralles y Stefan von Reiswitz. La librería de Francisco Puche, su primera sede, sabe de las inquietudes de aquel grupo humano cuya finalidad fue hacer reaccionar a la ciudad y mostrar otros modos de hacer, así como fomentar el coleccionismo, ante la carencia de galerías privadas.

Primera exposición del Colectivo Palmo en la Sala de Exposiciones de la librería Prometeo de Málaga.

1980
     
Distintas exposiciones colectivas por todo el territorio 1988     español, gran parte de ellas junto a los miembros de
Palmo.

1991
     
Realiza dos exposiciones individuales en Málaga, la re­trospectiva en la Sala José María Fernández de la Caja de Ahorros de Antequera y la de la Diputación Provin­cial. En el catálogo de esta última, el crítico Enrique Castaños Ales escribe: «Dámaso Ruano, sin duda, jun­to a Manuel Barbadillo, el mejor artista específicamente abstracto surgido en Málaga en los últimos treinta años (...) Sedimento lógico de una evolución pausada aun­que constante, transida de una rara coherencia y uni­dad estilística, similar a la que se puede encontrar en otros pintores abstractos españoles aparecidos en los cincuenta y sesenta, como es el caso de Lucio Muñoz y Salvador Victoria (...) Ese ordenamiento compositivo perfectamente meditado se ha ido gestando a partir de una particular relación con la forma y el espacio arqui­tectónico. Desde la rigurosa planimetría de la urbanís­tica árabe hasta la división funcional de los interiores y el racionalismo del Movimiento Moderno».

Pinta por encargo de la Confederación Hidrográfica del Sur oriental, cuyo director, Juan Manuel Calvo, se atreve a manipular valientemente el paisaje con un di­seño vanguardista en una obra de hormigón, la presa del pantano de Cuevas de Almanzora en Almería.

1992
     
Participa en las siguientes muestras colectivas: Ho­menaje al pintor marroquí Abdel-La Fajar, en Tetuán; Pintores Malagueños, en el Gobierno Civil de Málaga; Homenaje a Mariano Bertuchi, en Tetuán, y la de Pin­tores Españoles y Marroquíes en el Pabellón de Ma­rruecos de la Expo»92 de Sevilla.

1993
    
 Tres exposiciones individuales jalonan este año: la del Colegio Oficial de Aparejadores de Málaga, la de la Casa-Fuerte de Bezmiliana en el Rincón de la Victoria y la del Ayuntamiento de Nerja. Y tres serán también sus participaciones en exposiciones colectivas, Málaga en Aix, en Aix-en-Provence (Francia), Marina Smir en Marruecos y la de la galería malagueña Alfredo Viñas. Manuel Vargas Montiel escribe lo siguiente sobre su obra: «Sus cuadros adquieren mayor complejidad formal, con elementos geométricos —bandas rectas, ángulos— que, sin embargo, no restan importancia al color, que sigue mostrando la inspiración de una pin­tura estrictamente pura. Introducirá en sus telas relie­ves, pliegues y aristas que establecerán un continuado nexo entre el espacio y el objeto creado. El collage queda integrado y contribuye a crear la composición esencial de la obra. Es ahora cuando la preocupación de Ruano por el espacio se hace patente: quiere crear una dimensión que funcione con autonomía hasta ha­cerse habitable. El espacialismo marcará una transi­ción hacia un nuevo diálogo con la materia y el color. La obra ha salido del lienzo, invade el espacio del espectador».

1995
 
     Expone en el Colegio de Arquitectos de Málaga y en la galería Tudores de Marbella.

1996
      Manolo Ales lo incluye en su importante programación de la galería del Museo Cruz Herrera de La Línea de la Concepción. La exposición, que se celebra en el mes de abril, viaja a Jerez de la Frontera para ser presenta­da, en junio, en la Sala Pescadería Vieja, dependiente del ayuntamiento jerezano.

Amalia García Rubí escribe en el catálogo de esta muestra: «La pintura de Dámaso Ruano es materia en sí, pigmento, textura, color y luz en toda su pureza. Una abstracción que roza planteamientos neoplasticistas, sustentada en la idea de un orden totalizador que organice el espacio del cuadro y reafirme al mis­mo tiempo la obviedad bidimensional del mismo. Sin embargo, no es sólo superficie lo que aparece en sus pinturas, ya que existe todo un repertorio de líricas aportaciones, de sutiles matices lumínicos y un cierto sentido aleatorio de la composición en sus estructu­ras de bandas cromáticas horizontales, que las hacen más atractivas e intimistas».

1997
      Expone en la Sala de Arte de la Universidad de Mála­ga y en la galería Benot de Cádiz.

1998
      Exposición en la galería Marín Galy de Málaga.

1999
      El Palacio de la Madraza de Granada acoge una im­portante exposición de Dámaso Ruano. En su catá­logo, María Guzmán, profesora de la Universidad de Granada, interviene extensamente analizando, de forma rigurosa, la obra del artista, y acaba diciendo: «Obras que nos transcriben la imaginación y profesionalidad de su autor, fundamentada en un infatigable tejido de relaciones formales y conceptuales, hacien­do conciliables la geometría con la fantasía, el arte con la ciencia».

Y en la misma publicación, el escritor Antonio Gala dice lo siguiente: «Y hay, desde luego, la misma mano maestra imponiendo, más que veladuras, casi aguas llenas de palpitación: soportando orgullosas la casi aspersión de los paisajes superiores, más bruscos e implacables. Todo está tratado con un meticuloso mimo aquí, con pequeñas ni siquiera pinceladas, sino rasgos de luz... Aparecen los oscuros morados extin­guidos, suavizados, que concluyen por abajo en tie­rras; por arriba, en marengos a través de esmeraldas muertas en mitad de una noche cerrada. ¿Cómo ex­plicar lo inexplicable: las franjas marmóreas, los dul­císimos relieves? Es preciso contemplar. Y contemplar la emoción eterna de la doble belleza: la del corazón y la de la inteligencia. Es la única alianza segura en este caso».

Ese mismo año expone una colección de obra sobre papel en la Sala El Portón del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre.

2000
      Importante exposición en el Museo del Grabado Espa­ñol Contemporáneo de Marbella.

2001
    
 La Fundación Pablo Ruiz Picasso, en ese largo proyec­to de exponer la obra de los artistas más significativos de la plástica malagueña, organiza la muestra anto-lógica de Dámaso Ruano en el Museo Municipal de Málaga

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