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«EL ECO DE LA MEMORIA» FLAMENCA DE MÁLAGA EN LA GUERRA CIVIL

05/06/2010.

El investigador Miguel López Castro dedica un capítulo de la colección «Caleta y Limoná» a glosar la presencia de artistas del género a principios del XX y durante la Guerra Civil en periódicos como «El Popular»

Juan Breva y Paco Lucena

Juan Breva y Paco Lucena

Como todo arte visceral, el flamenco también es testigo de su época. La actual eleva el género al altar de los mejores escenarios y su público ya no distingue clases. Pero no siempre fue así. El periodo de preguerra y Guerra Civil dejó en Málaga la huella de artistas de nivel obligados por la necesidad a participar en actuaciones benéficas, y resignados a pasar sin pena ni gloria por los medios de comunicación locales. Nombres como los de Juanito Valderrama, la Niña de la Puebla o Estrellita Castro fueron víctimas de “la falta de sensibilidad, conocimiento y respeto al flamenco” de esos años. El investigador Miguel López Castro dedica un capítulo del libro El eco de la memoria (dentro de la colección Caleta y Limoná editada por la Diputación de Málaga) a glosar su presencia en periódicos como El Popular.Así, de 1903 a 1920 y durante siete meses de la contienda “justamente el periodo de gobierno republicano en Málaga, hasta la entrada de los Nacionales el 7 de febrero de 1937″, el flamencólogo ha profundizado en la situación del flamenco a través de su reflejo en la prensa. Una de las apreciaciones que destaca es que la mayoría de los cines, teatros y salas de espectáculos de la provincia pasan a ser públicos. Y rescata la proclama política de la Comisión Incautadora del Teatro Cervantes en la que se presenta este teatro “liberado del control de la burguesía a favor de su uso y disfrute para el pueblo”.

Con esta apertura se pretendía por un lado, normalizar la vida de la población con entretenimientos y, por otro, recabar fondos para causas como aliviar el sufrimiento de las víctimas, o para fortalecer las organizaciones que ofrecían resistencia a los fascistas sublevados. En el apartado benéfico fue donde el flamenco tuvo que doblegarse. “Los artistas algunas veces cobraban y otras no, y cantaban lo que les pedía el público según fuera una actuación para el bando nacional o el republicano”, recuerda López Castro. Por teatros como el Cervantes, el Vital Azam, el Lara o el Novedades o los cafés cantantes no era extraño ver cada noche actuaciones de cante, toque y baile. “En el Chinitas todas las noches había actuaciones y ni un solo cartel que dijera quiénes cantaban, cuando pasaron por allí artistas de primer nivel como El Cojo de Málaga o Fernando el de Triana”, comenta.

Aunque la mayoría trabajaba a merced de las exigencias del momento, López de Castro rescata los nombres de algunos cantaores como Curruco de Algeciras o Cepero de Málaga “comprometidos con la República, que hacían militancia con su arte”, señala. Juanito Valderrama, por ejemplo, fue acusado de comulgar con el franquismo “pero hay datos que demuestran que cantó gratis para La República, en esa situación se encontraban muchos, sobre todo cuando no podían salir de Málaga”, puntualiza el experto. Durante la contienda La Niña de la Puebla iba a Madrid a actuar en el Ateneo Libertario y logró sobrevivir después de la guerra, “¿cómo consiguió que el régimen la dejara tranquila?”, se pregunta López Castro. Las lagunas existentes en la digitalización de los periódicos de la época impiden responder con claridad a preguntas como éstas.

La investigación se detiene también en el papel de la mujer guitarrista. A principios de siglo empieza a desaparecer esta figura eclipsada por la preponderancia masculino en el arte a vender. “En las compañías, los guitarristas, por tener mayor cultura y formación, solían gestionar los contratos. Si encima de los prejuicios, a ellas le tocaba el papel de empresarias, lo tenían doblemente difícil”, sostiene López Castro. Aún así en la prensa malagueña despuntaron nombres como el de Adela Cuba, “tan excelente que cuando llegaban de París al Teatro Lara cantaores como Mochuelo exigían que le acompañara ella a la guitarra “, resalta.

El eco de la memoria rescata éstos y otros episodios con los que entender mejor las vicisitudes de un arte que tuvo en Málaga tantos méritos como sacrificios.

 

Fuente: Rocío Armas, Málaga Hoy

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