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Viaje en el tiempo a los orígenes de la ciudad
TEXTO: MARINA MARTÍNEZ Y ANTONIO M. ROMERO / FOTO: ANTONIO SALAS / MÁLAGA/

24/04/2007.

El Aula Rafael Pérez Estrada edita un fascímil de la Lex Flavia Malacitana, la ley que permitió a los malagueños del siglo I adquirir la condición de ciudadanos romanos

EN la galería de alcaldes del Ayuntamiento de Málaga hay un detalle que pasa inadvertido para la mayoría de los visitantes. En el cuadro en que Félix Revello de Toro pintó a Pedro Aparicio, éste aparece delante del Teatro Cervantes (espacio qué él recuperó para la ciudad) y en sus manos sostiene un libro: la Lex Flavia Malacitana. Y es que estas tablas de bronce del año 81 d. C. en las que Roma concedió a los malagueños la condición de ciudadanos romanos de pleno derecho están vinculadas «sentimentalmente» a la vida política y personal del que fuera regidor entre 1979 y 1995.

Lo recordó el propio Aparicio anoche en el Salón de los Espejos de la Casona del Parque durante la presentación de la edición facsímil de la Lex Flavia Malacitana, cuyo original fue editado por el Ayuntamiento de Málaga en 1969 con introducción, versión y notas de Rafael León y Alfonso Canales y nota preliminar de Alfonso G. Barbacho. Pero no quedaron ahí los recuerdos. Pedro Aparicio rememoró aquel año 1981 en el que se conmemoraron los diecinueve siglos de historia de esta ley municipal o, como él la definió, de «este Antiguo Testamento de la ciudad», o el acto de entrega a Su Majestad el Rey don Juan Carlos, en 1989, de la medalla del quinto aniversario de la creación del concejo municipal de Málaga tras la Reconquista, en un lugar cargado de simbolismo: bajo la reproducción de la Lex Flavia en el salón de plenos.

Y es que Aparicio, junto al escritor Juvenal Soto, han sido los encargados de esta edición facsímil a través del Aula de Literatura y Pensamiento Rafael Pérez Estrada (en el que están representados la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Málaga y la Diputación Provincial, con el impulso del Ateneo de Málaga). «Ha sido un regalo participar en esta edición», apuntó Aparicio, que acompañó al actual alcalde, Francisco de la Torre, y el presidente del Ateneo, Antonio Morales, en la presentación de la obra.

De la Torre afirmó que es un «legítimo orgullo»para los malagueños contar con la Lex Flavia Malacitana, «un legado político» de gran calado para la historia de una ciudad que hunde sus raíces en unos cimientos sólidos, como el bronce donde se inscribió este documento jurídico. Una norma que le dio entidad de municipio a la Malaka romana, hija de los fenicios, madre de los musulmanes, abuela de los cristianos y pariente de la cultura judía, pueblos todos ellos que a lo largo del tiempo dejaron su impronta en esta orilla del Mediterráneo.

Por su parte, Antonio Morales, para destacar la importancia de esta obra, subrayó: «Una ciudad sin memoria es una ciudad sin futuro».

Disposiciones

A lo largo de 19 capítulos, la Lex Flavia Malacitana recoge disposiciones relativas al procedimiento de elección y votación de los magistrados, a la designación de patronos municipales, así como otras normas relacionadas con la gestión de fondos públicos. Asimismo, la ley establece una organización censitaria que distribuye las obligaciones y los derechos en función de la capacidad económica de los individuos. Aunque lo realmente importante de esta normativa era que reconocía el derecho a obtener la ciudadanía romana. El problema serían las cargas y obligaciones, especialmente militares y fiscales, que asumían los ciudadanos.

La historia de este trozo del pasado de la ciudad es cuando menos curiosa. Fue a finales de octubre de 1851 cuando unos trabajadores del Barranco de Los Tejares (en la zona entre Paseo de Capuchinos y calle Victoria) encontraron las tablas. El eco del choque de las herramientas contra el bronce aún resuena en los anales de nuestro pasado. Poco después se salvó, milagrosamente, de acabar en una fundición y terminó sus días en el Museo Arqueológico de Madrid, en la calle Serrano.

Ahora, el reto es que esta Lex Flavia Malacitana pueda volver, aunque sea temporalmente, a la ciudad a la que tanto le dio. Esa fue la petición que Pedro Aparicio le hizo a Francisco de la Torre, quien no dudó en recoger el guante y comprometerse a que «lo antes posible» aquellas tablas de la ley de Málaga bajen de la montaña de Madrid a la tierra prometida del paraíso.
Título: »Lex Flavia Malacitana» (edición facsímil de la editada en 1969 por el Ayuntamiento de Málaga con introducción, versión y notas de Rafael León y Alfonso Canales con nota preliminar de Alfonso G. Barbancho).

Edita: Aula de Literatura y Pensamiento Rafael Pérez Estrada.

Ejemplares: 1.250.

Colección: Palacio de la Tinta.

Número: Uno.

Próximo número de la colección: »Poesía tipográfica» de Bernabé Fernández Canivell.
DIARIO SUR

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