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Vocalía de Flamenco
Miguel I reina en el Andévalo
| XI Festival Flamenco Joven de Andalucía de Paymogo

02/08/2010.

Al decir de los más viejos del lugar, nunca en Paymogo se vivió nada igual. Llegaba Miguel Poveda para recibir su más que merecido homenaje y, tras gozar con Kiko Peña, que cantó por seguiriyas para ponerle allí mismo una calle, percibió que los cantes estaban amotinados después de actuación tan sobresaliente.

Miguel Poveda, durante su actuación en el Festival de Paymogo. | M. M.

Miguel Poveda, durante su actuación en el Festival de Paymogo. | M. M.

Habían quedado, pues, en posición irritable y retaban al desafío. A la guitarra, magnífica por cierto de Jesús Guerrero, de San Fernando, se le veía con más ganas de acechar cual cazador a su pieza. Y como lo que el momento exigía era un heroísmo de agradecimiento a los paymogueros, no dudó Poveda en lanzarse al ruedo de los miedos para imponer su autoridad.

Luchó contra los melismas que soportan el yugo del compás de las cantiñas. Manejó a su antojo las sólidas bases de la malagueña. Provocó sentimientos desbocados antes los tercios sobrecogedores de la soleá apolá y los tangos de Triana, y llenó de sorpresas las bulerías más hermosas que hoy puedan escucharse.

Las músicas quedaron bajo su servidumbre, y el público, absorto porque la aparición del duende se produce en esta época de muy tarde en más tarde, no daba crédito a lo que estaba escuchando. Las miradas, tan llenas de felicidad, se cruzaban por entre luces de regocijo. Las lágrimas mojaban las mejillas y rompían los muros débiles de la felicidad. Y los rictus permanecían hipnotizados, mientras un millar de personas no se cansaba de tributar alabanzas a quien les había conducido a la victoria del goce.

«El catalán», como despectivamente le llaman sus coetáneos que han de arrodillarse a su paso, había humanizado el cante en un momento en que el materialismo quiere avasallarnos. Se había hecho dueño absoluto de nuestros corazones y erigido en mando supremo de los cantes, en tanto que la noche se vestía con su mejor manto de estrellas porque Miguel Poveda, cetro en alto, fue el sol que reinó en el cielo del Andévalo.

Pero como el flamenco es, en sí mismo, un acto de reflexión acerca de los aspectos vitales que se confían a los dictados del corazón, el segundo día tuvo en la variedad el gran acierto de la noche, pues si Antonio Cáceres nos invitó a que le siguiéramos por los seis trastes de su guitarra en un hermoso toque por rondeñas, la almeriense Toñi Fernández evidenció tener rajo, temple y gitanería por zambra, tangos, seguiriyas y bulerías, al punto que el impacto de su voz morena abarcó todo nuestro ser.

Rubito hijo, por su parte, demandó ser escuchado por malagueña, triunfó por seguiriyas y fue muy aplaudido tanto en las bulerías como por fandangos, toda vez que indagó sobre lo muy añejo a fin de poder dar con su lógica interna, su coherencia, su sentido.

Y al cierre, José Manuel Canelo, el inspirador de este festival que, tras templarse por malagueña y petenera, nos hizo descubrir la esencia del fandango de Huelva. Hay que felicitarle, en tal sentido, porque restituirle el olfato cantaor a esa juventud emergente que hoy se olvida del recuerdo de una vida y un pasado, es extraordinario. Gracias a voces como la suya y a la locura colectiva del rey Miguel Poveda, la esencia permanece y Paymogo cotiza como perfume personal, como aroma ín que mientras más crece más penetrante resulta

Fuente:Manuel Martin. Diario El Mundo

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