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Vocalía de Flamenco
VIII FESTIVAL FLAMENCO DE EL PALO NIÑO DE LAS MORAS

05/08/2010.

Como cada verano nos volvimos a reunir en el colegio María Auxiliadora para encontrarnos con el flamenco. Pero como siempre, con la ilusión de que este encuentro tenga más ingredientes de los que habitualmente encontramos en cualquiera de los festivales, que por estas fechas solemos tener en nuestra provincia.

Nos preocupa mucho que la cercanía entre el público y los asistentes sea la máxima posible, por ello, se realiza todos los años en este colegio. En el patio que guarda muchas cosas en común con un patio andaluz de una casa. Y así casi como en casa, en este patio cerrado por la misma estructura de columnas y pasillos, las flores son las protagonistas por su presencia y olores. En este ambiente casi íntimo las cercanías hacen que el flamenco se viva más intenso, el público tiene la oportunidad de sentirse participe en el evento, no un mero espectador. El artista también se ve influido y siente el calor del público y se compromete más con él. La entrega y la cercanía hacen de este festival de El palo Niño de las Moras  (el octavo ya), un evento del barrio que tiene identidad y que se espera ya con ilusión. Pero no todo son ventajas, la cercanía, la accesibilidad y la gratuidad de las entradas, hacen que también entre un público, que lo que busca es un lugar de encuentro donde tomarse unas copas y hablar con los amigos y conocidos. Estos que no tienen ningún interés especial por el flamenco se quedan allí con la copa, entran en el local y siguen hablando, con lo cual entorpecen el desarrollo del festival, molestando a los artistas y a los que van a escuchar el cante con el silencio que es necesario guardar, para que todo vaya bien. Esta situación tan desagradable se nota más atrás y los aficionados y aficionadas que no pudieron coger un asiento delante, resultan decepcionados y echan de menos un mayor respeto.

Este año, tras las palabras del presentador Paco Leal, las voces y conversaciones remitieron poco a poco a hasta desaparecer.

Pudimos disfrutar de un cartel envidiable, en el que aparecieron con su magia las soleares, malagueñas, alegrías y una gran gama de cantes que envolvieron los sentidos hasta emborracharnos de emociones y sentimientos, que por unas horas nos sacaban de la monotonía de la vida casi autómata, siempre con prisas. Pocas veces  nos dejamos llevar por la intensidad del arte. Y esta noche fue el arte flamenco el que permitió empaparnos en las tragedias y las alegrías explosivas que nos transmiten los cantaores y cantaoras con sus letras, con sus gestos y con su entrega. En el libreto que tan acertadamente se ofrece a comienzos del festival todos los asistentes se llevan la imagen y los datos para conocer más de cerca de cada artista, pero lo que verdaderamente se llevarán a sus casas será el eco de sus cantes y sus bailes.

Este año: pasaron por el escenario presidido por los jazmines; en primer lugar la panda de verdiales, que se ha formado en el local de la Asociación de Vecinos/as, y que tiene por nombre Arroyo Gálica. Después cantó Ana Fargas con Paco Jimeno a la guitarra. Le siguió el cuadro de la Repompa, que como siempre arrastró al público a un vendaval de emociones alegres y festeras. Tras el descanso la cantaora María Peña acompañada a la guitarra por Antonio Moya, ofrecieron una inmersión en los estilos que más representan a Utrera. En los últimos cantes la familia se mostró al completo, a María y a Antonio se sumaron sus hijos de muy corta edad y ofrecieron una escena que es fiel radiografía de la idea, de que el flamenco se lleva en la sangre. ¿Cómo va a ser en la sangre? Aquello no es la sangre, es vivir desde el inicio de la vida la intensidad de los melismas y compás en las situaciones cotidianas. Hasta el extremo de hacer una situación cotidiana del ejercicio de la profesión de los padres. Allí estaban inmersos en los sones flamencos y en el escenario como algo natural. ¿Cómo no van a ser artistas cuando sean mayores, si ya están viviendo el arte de manera natural?

Para finalizar Juanito Villar acompañado a la guitarra por Niño Jero que lucía una imagen muy distinta de la que tiene en la fotografía del libreto. Juanito se entregó y nos hizo vibrar con su voz de templo.

En definitiva una noche redonda. Al Final se recogieron comentarios que recomendaban poner un precio simbólico para hacer que sólo entre en el local quienes de verdad tienen interés, según estos, esto aseguraría un silencio total en el público y aumentaría la calidad del festival. Habrá que ir pensándolo.

Fuente: Miguel Lopez Castro.

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