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Vocalía de Flamenco
La Málaga cantaora se reivindica

21/11/2010.

Es una constante en la historia del flamenco: aparece al recordar a los personajes que dejaron huella, cuando se enumeran los palos del arte jondo, al revivir la época de los cafés cantantes, los años dorados de los tablaos... Parece que Manuel Machado no se equivocó en su definición de «Málaga, cantaora».

Expertos reivindican la «extraordinaria» aportación de la provincia al flamenco

Expertos reivindican la «extraordinaria» aportación de la provincia al flamenco

Expertos reivindican la «extraordinaria» aportación de la provincia al flamenco, reconocido el pasado martes como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Tomen nota: de la provincia es «una de las grandes figuras de todos los tiempos, Juan Breva» y Málaga es junto a Cádiz «la que más cantes ha dado», en palabras del flamencólogo Gonzalo Rojo.

Juan Breva triunfó como pocos en Madrid, cuentan que acompañaba en sus juergas a Alfonso XII y contribuyó a cambiar el rumbo del arte popular con sus cantes. «Era un grande entre los grandes», destaca el especialista José Luis Ortiz Nuevo, fundador de la Bienal de Flamenco de Sevilla. «Su generación hace detener la velocidad de los bailes, lo que permite que el cante tenga sitio por sí solo», explica.
Así, el ritmo vertiginoso de los verdiales -el «protoflamenco»- se frena, se caen los acompañamientos y nacen los fandangos abandolaos (los cantes de Juan Breva, el jabegote, la jabera, la rondeña...). Ellos serán la semilla de las malagueñas. Es al número uno del momento, al sevillano Silverio Franconetti, a quien le corresponde el honor de ser el primer flamenco en poner voz a una malagueña en el Teatro Principal de la ciudad y en el café cantante de la Iberia, según cuenta el investigador José Gelardo. Lo atestigua el cartel anunciador del espectáculo: «El Sr. Silverio cantará las Rondeñas del Negro y Malagueñas, concluyendo con el Polo Tobalo», publicaba 'El Avisador Malagueño' en su edición del 20 de febrero de 1867. Pese al nombre, aún no eran las malagueñas que han llegado hasta hoy, sino un cante muy similar a los verdiales, «pero más pausados».
Habría que esperar unas décadas para que el palo tomara forma, «más lento y sin compás». Pero una vez que la malagueña se hace flamenca en el último tercio del siglo XIX, «se convierte en uno de los cantes obligados en todos los teatros», asegura Ortiz Nuevo. Y no solo en la provincia y en Andalucía... «en La Habana y en México, las tiples líricas las interpretaban con frecuencia y hay noticias de verdaderos escándalos en las funciones al tener que repetir varias veces una malagueña por petición del público».
Se conocen múltiples variedades, construidas con el sello personal de cada artista. Destacaron La Trini, para muchos la mejor en este palo; El Canario, que introdujo una novedad al iniciar el cante con un pie quebrado extraído del primer o segundo verso de la estrofa; y Juan Trujillo 'El Perote'. «Álora se ha erigido como cuna del cante por malagueñas dando a estos dos importantísimos cantaores», resalta Francis Mármol, coordinador de Málaga en Flamenco, el programa de actividades de arte jondo de la Diputación de Málaga.
Pero la escuela malagueña ha puesto más granitos de arena al repertorio flamenco. «Están los cantes no autóctonos, aquellos que no son malagueños en origen pero que han sido hechos por artistas de la tierra», apunta Gonzalo Rojo, también presidente de la peña Juan Breva. Se incluyen aquí los populares cantes del Piyayo, que parten de un tango para crear un estilo propio con sones de guajira y ecos de carceleras; los cantes de El Cojo de Málaga y los tangos de La Repompa. Esta cantaora murió muy joven, pero como recuerda el especialista Paco Roji, dejó su impronta en artistas tan variados como Camarón, Enrique Morente, Rocío Jurado, Ketama... «Y todavía le sigue cantando mucha gente. Las Migas, un grupo de Barcelona, tiene ahora un tema titulado 'Tangos de la Repompa'», indica Roji.
Al listado de artistas que pusieron las bases del flamenco hoy universal se suma el «gran aporte teórico» de la provincia, tal y como señala Ortiz Nuevo. El flamencólogo rescata del olvido al «poeta preflamenco Tomás Rodríguez Rubí», del siglo XIX, autor de un libro de versos andaluces en el que ya se habla de los «jaleos percheleros de Málaga». Un poco más adelante, el malagueño Serafín Estébanez Calderón, político liberal del XIX, será «el primer cronista» de este género. «Él describe la primera fiesta que se cuenta en la historia del flamenco, en Triana en 1838, en la que actuaba La Jabera», argumenta. Ya en la década de 1860, el archidonés Emilio Lafuente publicará un pionero cancionero con coplas populares del flamenco. «Málaga no sólo ha dado intérpretes y estilos, sino también pensadores y poetas como Salvador Rueda y Narciso Díaz de Escobar», puntualiza.
Málaga, foco de atracción
Y es precisamente en la prensa local «donde aparece por primera vez en Andalucía la palabra 'flamenco'», apunta Gelardo. Fue en 'El Avisador Malagueño' en 1856, y con connotaciones nada positivas. «Ya existía este arte, pero los periódicos no eran partidarios de darle publicidad», aclara. El redactor del siglo XIX narra con estupor cómo el teatro se asemejaba «al rico burdel de la taberna (...) al presenciar el verdadero escándalo que en él se produjo con el canto flamenco del nuevo castellano nuevo, el baile jaleado zapateado...».
Es la época de los cafés cantantes, donde los flamencos amenizaban la noche entre copa y copa. Málaga llegó a tener uno de los circuitos más importantes del país, con una veintena de locales que atraían a la capital y a su provincia a primeras figuras del cante y el baile. «Era puerto de mar al que llegaban muchos marineros y contaba con un emporio de riqueza por su industria textil y los altos hornos... había dinero», reflexiona Rojo. Así se justifica que solo en los alrededores de la plaza de la Constitución se ubicaran el Café Sin Techo, La Loba, La Lobilla, El Suizo, El España, El Turco, El Chinitas, Las Pistas... «Eran muchos y muy conocidos», afirma Paco Roji.
Pero la mala prensa de estos establecimientos -siempre rodeados de escándalos- acabó con ellos. Tras un breve periodo de la ópera flamenca, los escenarios resurgirían en la provincia a mediados del siglo XX en forma de tablao. Quien era alguien en este arte actuaba en Málaga en la década de los 60. Camarón, Farruco o Terremoto, entre otros muchos, pisaron las tablas de La Gran Taberna Gitana. Su ubicación junto al Cervantes «favoreció que muchos artistas que iban a trabajar al primer teatro de la ciudad luego se pasaran por él y echaran un buen rato rodeados del arte de los flamencos, como Claudia Cardinale», indica Mármol.
Y es que los tablaos de Málaga sirvieron de escaparate del arte jondo para el resto del mundo. La jet set internacional se reunía en los de Lola Flores y La Cañeta en Marbella; Sean Connery y Orson Welles escucharon bulerías y soleares en El Pimpi, en la capital; y en Torremolinos, a la puerta de El Jaleo llegaban autobuses repletos de turistas para disfrutar del baile de La Mariquilla. «En invierno, los tablaos de Madrid eran los más frecuentados, pero cuando llegaba el verano la actividad se trasladaba a la Costa del Sol, que vivía su boom turístico», apunta Roji.
Hoy, sin embargo, esta imagen forma tristemente parte de la historia. Ya son pocos los herederos de aquellos años que se mantienen en la Costa (la taberna de Pepe López, antiguo Jaleo; la sala Tirititrán en Benalmádena; un par en Marbella...), pero en Málaga capital el tablao clásico está en extinción. «Es muy difícil de mantener, pero hay demanda. Mis clientes me preguntan constantemente a dónde pueden ir», cuenta Roji, también dueño de la tienda Flamenka (www.flamenka.com).
El arte, hoy
Ahora son principalmente las peñas, con la ilustre Juan Breva a la cabeza, las que divulgan y promueven este arte por todos los rincones de la provincia. Entre ellas se ha creado una amplia programación de cante, toque y baile impulsado por Málaga en Flamenco, de la Diputación. Esta plataforma ha desarrollado 600 actividades en sus cinco años de vida, además de editar libros y discos del género, patrocinar una escuela de cante y crear un concurso provincial.
Porque, pese a la falta de escenarios, el flamenco en Málaga goza de buena salud. Es la provincia andaluza con más festivales de verano (Torre del Cante de Alhaurín de la Torre, el Festival de Cante Grande de Casabermeja, el de Vélez, Ronda...) y lidera el 'ranking' andaluz en el número de profesionales dados de alta en el Régimen de la Seguridad Social (un total de 21). Una cantera repleta de nombres que pisan las tablas de medio mundo y que reinventan el arte jondo garantiza un interesante futuro al flamenco en Málaga.

FLAMENCOS MALAGUEÑOS QU DEJARON HUELLA

2. JUAN BREVA (1844-1918) CANTAOR Y GUITARRISTA
Su nombre artístico le viene por la profesión de su abuelo, vendedor de brevas. Antonio Ortega Escalona es la figura más relevante de todos los tiempos, «era cantaor de la corte de Alfonso XII, cobraba en oro y se convirtió en el rey de los cafés cantantes de la época», explica Francis Marmol, de Málaga en Flamenco. De hecho, cuentan que cada noche actuaba en tres locales diferentes de Madrid. Da nombre a la peña más importante de Málaga.

3. LA TRINI (1868-1930) CANTAORA
Trinidad Navarro Carrillo creó escuela en el cante por malagueñas y está considerada como la mejor intérprete de este palo. Con ella vivió durante años La Niña de los Peines, a quien La Trini instruyó en los cantes. Entre la leyenda y la realidad, se dice que perdió un ojo cuando en una juerga flamenca un amante le ofreció una aceituna pinchada en una navaja y por un mal paso se le clavó en el ojo. Fue propietaria en La Caleta de un ventorrillo que llevó su nombre.

4. EL COJO DE MÁLAGA (1880-1940) CANTAOR
La poliomelitis dejó a Joaquín José Vargas Soto cojo desde la niñez, y de ahí su nombre artístico. De raza gitana, fue un especialista en los cantes mineros-levantinos, destacando la taranta. Dicen que él mismo afirmaba que en esta variante no encontraba imitadores. Actuó en los principales cafés cantantes de la época en Málaga, Sevilla y Madrid, pero murió casi en el olvido y sin dinero en Barcelona. Cuentan que el entierro tuvo que ser costeado por sus amigos.

5. ANIYA LA DE RONDA (1855-1933) CANTAORA Y GUITARRISTA
Ana Amaya Molina se acompañaba con su guitarra en el cante. Provocó ilustres admiraciones: la reina Victoria Eugenia le regaló un mantón de Manila tras su actuación en una fiesta privada, Pastora Imperio le obsequió con una bata de cola y Federico García Lorca la citó en una conferencia como una de las figuras del momento. Con 75 años fue una de las estrellas en la semana andaluza de la Exposición de Barcelona de 1930.

6. ANITA DELGADO (1890-1962) BAILAORA
Su carrera artística duró poco, pero su fama traspasó fronteras al convertirse en la famosa maharaní de Kapurthala. Comenzó en el café cantante que su padre regentaba en la plaza del Siglo, pero la familia emigró a Madrid. Allí continuaría actuando con su hermana (Las Camelias) en el Central-Kursaal, donde conocería a intelectuales como Pío Baroja y Romero de Torres. El maharajá se enamoró de ella cuando la vio bailar en las fiestas previas a la boda de Alfonso XIII.

7. EL CANARIO (1857-1885) CANTAOR
Juan Reyes Osuna murió antes de cumplir los 30 años junto al puente de Triana y a manos del padre de la cantaora La Rubia de Málaga. Cuentan que los celos profesionales o un romance escondido están detrás del asesinato que acabó con un prometedor cantaor que triunfaba en los cafés cantantes de Sevilla. Él es el creador de una nueva malagueña, que arranca con un pie quebrado extraído del primer o segundo verso de la estrofa.

8. LA CUENCA (1855-1890) BAILAORA Y GUITARRISTA
Trinidad Huertas fue una revolucionaria, una mujer adelantada a su tiempo. Fue la primera en atreverse a vestirse de hombre para bailar (como se aprecia en la imagen) e innovó al zapatear en las soleares. En una época en la que cruzar las fronteras era una aventura para una mujer, La Cuenca pisó con éxito escenarios de París, Nueva York, Ciudad de México y, entre otros muchos, La Habana, donde murió en 1890, según ha investigado José Luis Ortiz Nuevo.

9. EL PIYAYO (1864 -1940) CANTAOR Y GUITARRISTA
Un poema de José Carlos de Luna ha hecho inmortal a Rafael Flores Nieto, aunque en él no salga bien parado. El autor se tomó ciertas licencias literarias, pero lo cierto es que fue un personaje curioso. Se sabe que cometió un crimen en Sevilla que le llevó a la cárcel y, de allí, es probable que fuera a la guerra de Cuba. A su regreso a Málaga se ganaba la vida vendiendo con cantes calcetines y peines que guardaba en su chaqueta. Creó un estilo propio a partir del tango.

10. LA REPOMPA (1937-1959) CANTAORA
Murió con solo 21 años de peritonitis, pero Enriqueta de la Santísima Trinidad de los Reyes Porras tuvo tiempo de dejar su marca en el flamenco. Su cante, los tangos de La Repompa, ha influido en figuras como Camarón y Enrique Morente. Formó parte del grupo Los Vargas -con La Cañeta y Pepito Vargas- y Pastora Imperio la reclamó en los escenarios de Madrid. Su fallecimiento conmocionó a la ciudad, que se volcó en su despedida.

11. EL CHINO (1953-1997) CANTAOR Y GUITARRISTA
De niño, José Manuel Ruiz acompañaba con cantes a su abuela mientras vendía cupones, a los 14 años debuta en Madrid como cantaor y adquiere soltura con la guitarra. Amigo de Camarón y Paco de Lucía, fundó el grupo Arte 4 donde -según los críticos- se revela como precursor de las corrientes vanguardistas flamencas. Se hizo un nombre en Venezuela, su residencia durante años. En 1992 regresó a Málaga, donde falleció de un paro cardiaco a los 43 años.
 
Fuente: Diario sur.

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