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Los telares vuelven a la vida

11/02/2011.

Llegaron en forma de dos montones de hierro y óxido. La restauración que siguió puede que supere en esplendor incluso ese lejano día del siglo XIX en el que los dos telares de garrote empezaron a andar. La Asociación para la Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial de Málaga ha restaurado estas dos piezas con tesón: «Hemos tenido que hacer los lisos donde van los hilos y fabricarle una biela que se había perdido», comenta José Antonio Ruiz, presidente de la asociación y vocal de Patrimonio Industrial del Ateneo.

José Antonio Ruiz con un telar recuperado del XIX.  Arciniega

José Antonio Ruiz con un telar recuperado del XIX. Arciniega

Los dos telares se han convertido en las piezas más espectaculares de la exposición Memoria de la industria textil en Málaga, que se celebra en la sede de la Diputación hasta la primera semana de marzo, aunque puede prorrogarse. La muestra ha sido posible además gracias a la Consejería de Educación, el Gabinete Pedagógico de Málaga y el Parque de las Ciencias de Granada.

Los telares los ha donado la empresa granadina San Miguel, y como informó a la asociación el ingeniero granadino Miguel Giménez Yanguas, «son los telares exactos que usaba La Industria Malagueña». Esta fábrica, sobre los terrenos del antiguo jardín de aclimatación de Abadía en Huelin, fue fundada en 1846 por Manuel Agustín Heredia, pasó pronto a los Larios y no cerró hasta 1970.

Además, de la fábrica granadina se han rescatado máquinas de coser y el mostrador, que haciendo gala de su nombre ofrece un muestrario de su producción.

«Lo hemos cumplimentado un poco con Intelhorce y con paneles explicativos sobre la historia de la industria en Málaga partiendo de la materia prima», cuenta José Antonio Ruiz, que detalla que la fábrica de La Aurora, abierta por los Larios en 1856, «llegó a contar con 10.000 trabajadores». Málaga, por cierto, fue durante buena parte del XIX la segunda provincia textil de España después de Barcelona.

Intelhorce fue el último intento de mantener una importante presencia textil en la capital. De esta famosa industria podemos encontrar en la muestra maquinaria de laboratorio para comprobar la resistencia de los hilos, el suministro de canillas para las lanzaderas y puede verse una máquina que servía para rectificar los bordes de las telas. También se incluye un amplio muestrario de lo que se hacía en Intelhorce: «Eran famosas las sábanas, los rizos de las toallas y destacaron mucho la pana y los vaqueros», cuenta José Antonio Ruiz, que recuerda que la marca principal para la que trabajaba Intelhorce era El monigote.

Precisamente, el famoso monigote lo encontramos en una corbata, porque la exposición incluye la ropa de trabajo y tampoco se olvida de la máquina para fichar. «Los trabajadores tenían una chapa, al entrar la metían en la maquinita y lo imprimían».

La muestra se completa con dos películas súper 8, una del funcionamiento de la fábrica granadina, con los telares recuperados en funcionamiento y la segunda una filmación de Intelhorce de 1987.

Museo de la Industria
Con respecto al futuro Museo de la Industria, apoyado por todos los grupos políticos pero sin concreción alguna, José Antonio Ruiz recuerda que la asociación ya ha propuesto varios emplazamientos, después de que el destino prometido por el alcalde –la fábrica de la Tabacalera– se difuminara. «Hemos propuesto la fábrica de El Tarajal, la nave de exposiciones Sur de Renfe, el convento del Carmen y la nave que tiene Endesa en calle Purificación. Con voluntad se trata de buscar un sitio y hacer un proyecto en condiciones», resalta.

Para el presidente de la Asociación en Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial, un Museo de la Industria sería fundamental para una ciudad que no hace muchos años ha tenido a cientos de malagueños trabajando en industrias como la Vers o Taillefer.

«Lo ideal es que todo esto se plasme en un museo, que sería muy cercano para el ciudadano porque refleja una historia muy reciente». La pregunta del millón es cuándo los políticos malagueños pasarán de las palabras a los hechos. «Mucho me temo que nos pase como con el Guadalmedina, que nos vamos a morir y no lo veremos», dice. Confiemos en que no sea así.

Fuente: Alfonso Vazquez

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