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El Málaga se hunde

08/03/2011.

El naufragio del primer equipo de Málaga transmite esa clase de pesimismo que Saramago sintetizaba con facilidad: «el pesimista no soy yo, sino la realidad». El Málaga del jeque debía triunfar y parece afectado por una avitaminosis invisible que desmorona su proyecto.

Y pocas veces se le ha inyectado al equipo tanta energía euro sobre euro, con un técnico procedente del equipo nº1 en el Hall of Fame y con jugadores estelares como Baptista o Demichelis. Pero el fútbol tiene sus leyes. Atkinson dijo algo clarificador: «Voy a dar un pronóstico: puede pasar cualquier cosa». El Liverpool desahuciado resucita contra el Chelsea, con la venganza sobre The Niño, e incluso el United; y no es explicable. Pero no es la primera vez que el talonario paga sólo fracasos. Ahí está la decepción del jeque Mansour al Nahyan con el City o el proyecto del Schalke 04 o el desengaño crónico de Abrahimovic mientras triunfa la escuela culé de la Masía.

El desencanto pesimista en Málaga se hace patente. En definitiva el fútbol es la gran pasión del hombre contemporáneo, como reclama el escribano de 'El secreto de sus ojos' de las barras de Racing, porque éste «puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar... de pasión». Hay malagueños dispuestos a sobrellevar con indiferencia indolente a sus líderes políticos mediocres o a ciertos dirigentes inmorales con su catálogo habitual de mentiras, y asumir con naturalidad el pódium del paro o tener enquistados sus grandes proyectos incluso décadas, pero verse cada semana en el cuadrante rojo del descenso es un aguijonazo sentimental en la autoestima. Parece poco sensato, pero ya se entiende que una pasión no se mide en términos de sensatez. Hay que desdramatizar la teoría del equipo de fútbol como termómetro de la ciudad. Realmente es posible una gran ciudad sin un gran equipo; como Berlín o incluso Moscú. Pero establecida esa excepción de la regla, sí que hay relación gran ciudad/gran equipo. Y sobre todo en la percepción de las grandes ciudades, en su visibilidad. Los equipos contribuyen a su imagen de marca y al 'brand feeling' con que éstas se venden. Oviedo o Santiago, desde sus hermosas capitalidades históricas, sufren el desgaste de su exclusión de la élite; y en cambio Villareal ha crecido arraigada en champions. El fútbol es un factor del 'citymarketing' o marketing de ciudad. En definitiva el equipo influye más en su imagen popular que la universidad o la orquesta sinfónica. Y Málaga empieza a parecer de segunda. En un ciclo de crisis, con la ciudad casi sin pulso, es una catástrofe simbólica que se ensancha semana tras semana.
 
Fuente: Diario Sur.

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