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Siete décadas de alegrías y tristezas

13/04/2011.

A mis diez años, lo único que recitaba de carrerilla era el Padrenuestro y la alineación del Malacitano. Esta, además, con la designación de cada uno de los once jugadores con su nombre de guerra y los dos apellidos. A los diez años, los niños iban al fútbol acompañados de su padre. El mío era, entonces, además de periodista, empresario de la plaza de toros de La Malagueta, con don Manuel Estévez y Félix Alvarez

Un equipo del Malacitano. De izquierda a derecha y de arriba abajo, Montoro, Salazar, Chales, Mesita, Mendaro, Díaz, Junco, Fuentes, Olivares, Domenec

Un equipo del Malacitano. De izquierda a derecha y de arriba abajo, Montoro, Salazar, Chales, Mesita, Mendaro, Díaz, Junco, Fuentes, Olivares, Domenec

No era clandestina mi inclinación balompédica, pero hasta que no me puse pantalones bombachos no pude ir a La Rosaleda.

Sí viví intensamente las vicisitudes de la Semana Santa de 1941. Supe que cuando alboreaba el Jueves Santo un fuerte temporal de levante produjo un drama en las siempre plácidas costas mediterráneas malagueñas. Y una de las catastróficas consecuencias fue que el violento temporal azotaba al Malacitano quitándole su feudo. El 'Stadium' -así se llamó hasta que el largo debate termino por inclinarse por La Rosaleda- caminaba lentamente hacia su construcción. Desde la colocación de la primera piedra a la colocación de la segunda había pasado un quinquenio. En ese periodo, por la Guerra Civil, solo se había logrado talar unos árboles y explanar la finca. Pero los aficionados empujaban. Los que tenía tiempo aparecían como voluntarios a hacer «lo que haga falta». Los niños, voluntarios, retiraban piedras. Y el Comité Pro Estadio se multiplicaba buscando dinero, que el Malacitano no podía aportar un duro.
El mar decidió darle un empujón al recinto de Martiricos y se presentó inesperadamente el día en que la Esperanza recorría las calles de Málaga. Aquel violento temporal, al que hoy puede hasta que le llamaran 'tsunami', hizo añicos El Carmen y cuarenta y ocho horas antes del Domingo de Resurrección, fecha fijada para el partido de Copa, cuadrillas de trabajadores se emplearon a destajo para intentar recuperar lo que la mar se había llevado. Para el primer partido en el ansiado 'Stadium' se quería algo mejor que un estreno precipitado. Se apuró tanto, por la posible recuperación del campo de El Carmen, que la directiva convocó a los aficionados a enterarse, el mismo domingo del partido, dónde se jugaba. En La Rosaleda no había nada. Ni marcador ni casetas ni taquillas ni duchas. Con el tiempo, cada año se le daba un toque al estadio. Y se arreglaron los accesos y llegó la luz.
Llevaba el titular trece años disputando sus partidos en La Rosaleda, pero hasta el 17 de febrero de 1954 no fue inscrito como propiedad del Málaga. El Comité Pro Estadio temía que pudiera convertirse en valor especulativo para operaciones crediticias del titular. A los dos meses, el oficialmente propietario del campo lo hipotecaba por primera vez. Ya nunca estuvo libre. Porque cuando faltaba poco dinero para pagar la hipoteca, se solicitaba otra, con lo que se saldaba la parte pendiente de la anterior. La segunda vez que el estadio servía como garantía de un crédito fue en enero de 1956. Ahora sí se supo que la operación había proporcionado 1.200.000 pesetas.
Subasta
En 1980, la Junta de Protección de Menores anunció la subasta de La Rosaleda en dos ocasiones, una en octubre y otra en noviembre por deudas de cinco millones de pesetas y tres y medio. Finalmente el Banco Hipotecario se quedó con el campo por la deuda del Mundial, aunque en enero de 1985 la Liga de Fútbol Profesional comunicó a sus afiliados que había llegado «a un acuerdo para hacerse cargo de las deudas del mundial. Desahució al Málaga C. F. porque con el cambio de denominación quedaba sin efecto el contrato de subarriendo suscrito por el C. D. Málaga con el Atlético Malagueño.
Un año después de que el Banco Hipotecario se adjudicara la propiedad del recinto de Martiricos, el malagueño José María Martín Delgado, consejero de Cultura, lo rescató para la ciudad, consiguiendo que Junta, Ayuntamiento y Diputación de Málaga lo adquirieran.
Si las paredes de La Rosaleda hablaran. Setenta años dan para mucho. Satisfacciones y contrariedades han anegado de alegrías y tristezas el viejo recinto al que hoy festejamos con el cumpleaños feliz
 
fuente: Diario Sur.

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