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Efemérides paleñas
Desde Vera a la barriada malagueña de El Palo. Éxodo en el siglo XIX.

27/04/2011.

Según el Censo Municipal del año 1812 de Vera, Martín Soler López, jornalero, de estado civil soltero, tenía 21 años de edad y vivía en la Calle Nueva de esa población con sus padres Matías Soler y Catalina López. Tenía tres hermanos, Juan, Matías, y Salvador

CORTESIA DE ASOCIACIóN DE VECINAS Y VECINOS DE EL PALO (MáLAGA) Varando la jábega en las playas de El Palo.

CORTESIA DE ASOCIACIóN DE VECINAS Y VECINOS DE EL PALO (MáLAGA) Varando la jábega en las playas de El Palo.

Según el Censo Municipal del año 1812 de Vera, Martín Soler López, jornalero, de estado civil soltero, tenía 21 años de edad y vivía en la Calle Nueva de esa población con sus padres Matías Soler y Catalina López. Tenía tres hermanos, Juan, Matías, y Salvador.
Según el Libro 1º de Registros de Nacimientos de Málaga en su anotación número 552, el día 7 de marzo de 1.841 se inscribe el nacimiento de una niña llamada Juana, nacida el día 28 del mes anterior, Juana es hija de Martín Soler López que procede de la ciudad de Vera, de profesión jabegote y de Antonia Moreno de Benagalbón, pueblo de la comarca malagueña de la Axarquía. Los abuelos paternos de esa niña malagueña, según la anotación del registro son Matías Soler y Catalina López, ambos de Vera. Martín Soler López, el padre, tenía 50 años de edad.
Curiosamente en el mismo Libro, en la anotación nº 1.192 fechada unos meses mas tarde, concretamente el día 26 de mayo de 1.841 está registrado el nacimiento de un niño llamado Antonio Soler, nacido el día 22 de ese mismo mes, es hijo de Matías Soler López de Vera, de profesión jabegote y nieto de Martín Soler y Catalina López, ambos de Vera. Matías Soler López tenía entonces 35 años de edad.
Juana y Antonio los dos niños nacidos en 1.841 eran primos hermanos. Hijos de los hermanos Martín Soler López y Matías Soler López.
Es muy posible que el matrimonio Matías Soler y Catalina López y sus hijos emigrasen poco después de 1812, año en que los franceses se retiran de la provincia de Almería, a la costa de Málaga, concretamente a lo que entonces era el arrabal de El Palo. Al salir de Vera se despidieron y dejaron a sus hermanos y sobrinos...

Para lo que son de Vera o viven hoy en Vera, apellidos como De Haro, Soler, Pastor, Céspedes, Cervantes, Caparrós, Albarracín, Campoy, Román, Jerez, Villalta, Segura, Clemente, Gallardo..., les resultarán conocidos, incluso es posible que se apelliden así. Los que son malagueños de El Palo y concretamente “los de El Palo de toda la vida” oyen esos apellidos con mucha frecuencia y puede que lo lleven en su nombre.
Seguramente tanto unos como otros no sepan que los antecesores de muchos malagueños que llevan esos apellidos llegaron a Málaga desde la ciudad almeriense de Vera a principios del siglo XIX.
Las múltiples epidemias de fiebre amarilla acompañadas de graves años de sequía en el primer cuarto del siglo XIX , y la guerra contra los franceses y sus consecuencias; fueron motivos mas que suficientes para que muchos veratenses, la mayoría campesinos jornaleros, intentando buscar una mejor forma de vida, saliesen de Vera y recalasen en Málaga, la mayoría de ellos lo hicieron en la que hoy es una de las mayores barriadas de la ciudad.
En los documentos de ese siglo se denominaba a esa zona situada al este de la capital como “arrabal de la ciudad de Málaga”. Su población a principios de 1.800 la componían 85 almas, vivían en cuevas y chozas junto al mar y se dedicaban básicamente a la agricultura y, en menor proporción a la pesca. A partir de 1.823 ya había 560 vecinos y con la llegada de personas de diferentes puntos de la cercana comarca de la Axarquía, Motril y de las poblaciones almerienses de Vera y Mojácar llegó a tener a final de dicho siglo mas de 6.000 habitantes.

En Málaga desde 1.841 hasta la creación de los registros civiles en 1.871 por el Decreto de la Regencia provisional de 24 de enero de 1.841 en el que se obligaba a los ayuntamientos a que abriesen en sus respectivas secretarias un registro civil de nacidos, casados y fallecidos dentro de su término municipal, hay una serie de libros donde figuran los apuntes que las parroquias pasaban al Ayuntamiento. En las de nacimiento, por ejemplo, aparecen no sólo los datos del nacido, también los nombres y procedencias de los padres, su profesión, domicilio y el nombre y apellidos de los abuelos así como la procedencia de éstos.
Por hacernos una idea, si estudiamos los nacimientos registrados correspondientes solamente al año 1.841, recogidos en los Libros de Registros de Nacimientos de la ciudad de Málaga números 1 y 2, podemos saber que se inscribieron ese año 2.750 niños de los que de 89 de ellos, sus padres y abuelos en unos casos y en otros solo los abuelos, nacieron en Vera.
De esos 89 niños nacidos en 1.841 oriundos de Vera, 67 nacieron en el entonces arrabal de El Palo y 22 en otros barrios de Málaga, principalmente en El Perchel y San Andrés.

En El Palo no había parroquia por lo que los bautismos se celebraban en la Iglesia del Sagrario a unos ocho kilómetros de distancia. Por ese motivo, esos primitivos paleños, solicitaban desde 1.829 la creación de una parroquia en la zona pero fue bastante mas tarde, en 1.893 cuando se inaugurase en el barrio la Parroquia Nuestra Sra. de las Angustias, curiosa casualidad, la advocación de esta parroquia “paleña” es la misma que la recién nombrada patrona de Vera, concretamente en 1.888, coincidiendo con la celebración del cuarto centenario de la toma de vera por los Reyes Católicos y curiosa coincidencia también que el primer sacramento del bautismo administrado el 2 de junio de 1.893 anotado en el Libro nº 1 de Bautismos de la Parroquia fuese a una niña llamada Beatriz, hija de Antonio Campoy y Ana Mellado, oriundos de Vera,
La profesión de todos los padres de esos niños nacidos en Málaga en el año 41, oriundos de Vera, que se establecieron en El Palo era la de “jabegote”.
Los jabegotes eran los marineros que practicaban la pesca de arrastre desde la jábega, barca típica malagueña de origen fenicio con el característico ojo de osiris pintado en la proa para “orientar la navegación” que suele tener entre 7 y 14 metros de eslora y 2,2 de manga. Las más antiguas -de gran tamaño- podían ser desplazadas por 11, 13, e incluso más remos.
La embarcación echaba el copo, dejando en tierra un cabo de la red, trazaba con el otro un amplio semicírculo. Una vez en la playa, los pescadores tiraban de ella, unos a mano y otros con la ayuda de una traya o cinturón colgado en bandolera sobre el pecho. A esto se le llamaba tirar del copo.

En El Palo, barriada eminentemente marinera, hay bastantes descendientes de los verantenses Matías y Catalina y de otras muchas familias que como ellos fueron dando vida a la zona. Ellos son, de forma ya lejana, pues han pasado casi doscientos años y varias generaciones, familia de los descendientes que quedaron en Vera.
He podido comprobar que soy oriundo de Vera

Fuente: RAFAEL GUERRERO

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