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Vocalía de Flamenco
EL ESPEJO DONDE MIRAS

04/05/2011.

Desde la Generación del 68, aquella que dio artistas de la talla de Camarón, Enrique Morente, José Menese, Lebrijano, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Mario Maya o Milagros Mengíbar, por citar sólo a algunos a modo de ejemplo no limitativo, representante cada uno de ellos de estéticas flamencas diferenciadas, no se ha vuelto a dar otra hasta ésta, que aparece en los últimos años del siglo XX y que encara el recién comenzado siglo XXI, durante el cual se ha de desarrollar definitivamente hasta imponer su propio concepto del cante, del toque y del baile.

Camarón con la Cañeta y José Salazar

Camarón con la Cañeta y José Salazar

Compuesta por una variada gama de estilos, está suponiendo una verdadera revolución por cuanto  se da rienda suelta a la imaginación y a la libertad creadora. Hoy cada cual interpreta el cante, el toque o el baile como lo siente, sin entrar en compromisos estéticos ajenos, tanto en el tiempo como en el concepto.
 
Pero detengámonos en el cante: Arcángel, por ejemplo, siendo él, esencialmente él, nos recuerda por momentos a Tomás Pavón o a Manolo Caracol, pero también a Enrique Morente. Es decir: casi todos caben en su particular caja de música flamenca. Y como Arcángel, podríamos recordar aquí a Mayte Martín, Miguel Poveda, Argentina, Esperanza Fernández, Estrella Morente, Marina Heredia, Segundo Falcón, Jesús Méndez, Guillermo Cano, David Palomar o José Valencia, también a modo de ejemplo y sin ánimo de excluir a nadie. Y junto a éstos, otros y otras que sólo aspiran a seguir la estela de Camarón: José Parra, Potito, Diego “El Cigala”, Duquende, Montse Cortés, Chonchi Heredia, El Niño de los Brezos… Algo que parecía lógico tras la muerte del cantaor gaditano, pero que ya resulta hartible porque al final todo se ha quedado en el soniquete fácil y retestinado sin sustancia del peor Camarón. Y es que, seguramente, el talento de los citados, y de otros que pudiéramos citar –que no lo hacemos porque son legión-, no da para más. O quizá porque sólo aspiren a eso: a ser un mal daguerrotipo del legendario y mítico gitano de San Fernando.
 
 
Tengo escrito –y lo escrito, escrito está- que, de cuarenta años hacia acá, los dos cantaores que han sido capaces de crear escuela de manera tangible y exitosa han sido Morente y Camarón. También la de don Antonio Mairena, añado. Lo que ocurre, según mi opinión, es que el mairenismo militante está consiguiendo vaciarla de contenido, toda vez que, como ocurre con las fascinaciones obsesivas, han convertido a un gran cantaor, cuyo legado artístico está necesitado de una desinteresada puesta al día, en algo lejano y viejo. Cuando Mairena fue y es todo lo contrario. Por eso, creo, están dilapidando su herencia y falseando su memoria, porque él nunca fue ni conservador ni reaccionario sino un artista libre y sensible que entendió antes que nadie las nuevas formas evolutivas del cante, aunque no estuviera de acuerdo con ellas:
 

 

Enrique Morente "El Granaíno"
(…) “Un caso diferente es el de Enrique Morente, que hace un cante futurista, intentando marcar la línea de lo que puede ser el flamenco mañana. Puede ser así o no ser, pero al menos trabaja con honestidad”, le dijo en 1983 al crítico Alfredo Grimaldos en una entrevista que éste le hiciera para la revista Cabal.
 
Mairena, Camarón y Morente, he ahí tres espejos –hay otros tan importantes como ellos, naturalmente- donde los jóvenes deben mirarse. Pero sin olvidar que éstos se funden en el azogue del tiempo con las voces que fueron su primer aliento cantaor: Chacón, Manuel Torre, El Cojo de Málaga, Marchena, Vallejo, Tomás y Pastora Pavón, Juanito Mojama, Pepe el de la Matrona, Bernardo el de los Lobitos, Aurelio Sellés, El Chaqueta, Caracol, La Perla de Cádiz… Y otras voces que, sin ser tan conocidas, dejaron su impronta artística para que otros la recogieran.
 
En cualquiera de ellos o de ellas podemos encontrar desde la técnica más depurada hasta la pasión más desbordante, pero cada uno de ellos y cada una de ellas es una enciclopedia que debiera permanecer abierta de manera permanente en la cabeza y en el corazón de estos jóvenes que pretenden ser artistas. Si quieren conseguirlo, no hay otro camino.
 

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