Asociación de Vecinos de El Palo

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P A C O L E A L

08/06/2011.

De hace unos pocos años acá teniendo el honor de haberle conocido, a Paco Leal, en mis pasadas estancias veraniegas en el barrio de El Palo donde, efectivamente, tuve el placer de conocer y escuchar al recién jubilado y florista, atento y sabio marengo, paleño enamorado de su barrio abocado a un futuro incierto y no resuelto, con el esfuerzo de muchos y bravos en el ahínco por enderezar el rumbo, como el buen hombre, el loco apasionado, el vecino vocacional, desde siempre, desde, estoy seguro, sus mismas raíces arraigado tan cerca al Palo que da nombre al barrio, de cuando la leyenda suscribe el nombre y explica el topónimo, para que solo se pueda sentir como siente mi amigo : Paco Leal, por su barrio, por su gente.

Hombre de verbo fácil y sentimiento a flor de piel, amable y sensato, trabajador y currante, acicalado como un quejío de fragancia, exultante como una llama que no cesa, por alcanzar lo inaccesible, por entender lo inmediato, tan cercano que solo puede dejarse amar, como ama Paco a su barrio, con el desgarro de quien sabe que siempre habrá algo por qué esforzarse, en el intento correspondido de enorgullecerse de su pasado, en el afán descabellado por no darse por vencido.

                        Con su terno de luces y su garbo de gracia, tan atento a los suyos como ameno con los amigos, racial y artista, confeso del Niño de Las Moras hasta el recuerdo que recrea cuanto fue el solar de sus mayores, entre pregones de alma y jornales de hambre, por el rebalaje del copo hacia la esperanza de perseguir la utopía de crecer por creer en un futuro que les pertenece, del que son deudos los hombres y mujeres como Paco Leal, en El Palo que su tierra, en El Palo que es su barrio.

                        Con su planta y su dama, lentamente, como cada noche, del brazo, erguido y cercano, el paleño de raíz, el marengo de salobre y sentío jondo, por acercarse a la mar empecinada, cuando se encienda la luna, chica, mora o bruñida, pletórica, llena, blanca y pálida, según, para dejarse mirar y oírse por mi amigo Paco Leal, fiel al encuentro diario, frente a la mar echada, frente a la mar eterna, por sentirse él y los suyos, él y su abuelo, y su padre, antes que él, dejándose querer por El Palo, siempre consigo, desde su atalaya, desde su banco alquilado por nada, como si gobernara desde la proa de sus sueños la singularidad de su barrio.

                        Desde la noticia de su jubilación, jubilosa sin duda, merecida, para el hombre recio y altivo, entregado y entero, como uno más entre los más humildes, con el aire del barrio y el sabor de lo antiguo y lo nuevo en su reto por ser algo más que él mismo siendo él, Paco Leal, paleño y marengo de pro, paleño y amigo, amigo y marengo de quien le dedica estas líneas con una pizca del sentimiento que supiste contagiar, simplemente escuchándote, simplemente gozando de la oportunidad de haberte conocido.

                        Gracias amigo, gracias Paco y ¡Salud y larga vida!, con la disposición que tú me confiaste con aquello de que “Sólo sé que hoy es el primer día de los que me quedan por vivir”.

                        ¡Enhorabuena y adelante!, ¡amigo!

 

                                                                                  Antonio García Gómez 

                                                                                   Logroño 7 – junio – 2.011

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