Asociación de Vecinos de El Palo

El Copo Digital Actualidad

Vocalía de Flamenco
LOS FESTIVALES FLAMENCOS DE VERANO
LOS FESTIVALES FLAMENCOS EN MÁLAGA (I)

21/06/2011.

Hace más de cincuenta años que se inventó una modalidad diferente de espéctaculo flamenco, los festivales de verano, que hasta entonces sólo se podía disfrutar en los teatros, cines, plazas de toros, plaza de cualquier pueblo, almacén habilitado para el caso, etc. Esta forma nueva nació, creo yo, como consecuencia de la imposibilidad de ofrecer el «nuevo flamenco» que estaba surgiendo, en contraposición a los espectáculos ramplones cuajados de «niños» y «niñas», en los mismos escenarios donde se ofrecían éstos. Y, además, creo yo, para dejar claro que la época neoclásica venía con una estética nueva que habría de distinguirse de la anterior hasta en la manera de ofrecer el cante, el toque y el baile.

De este modo, surgieron festivales, hoy emblemáticos, en Utrera, Lebrija, Puente Genil, Ronda, Pegalajar, Los Ogíjares, Casabermeja, Alhaurín de la Torre, Guaro, Jerez, Granada, Córdoba, Sevilla, Almería... Toda la geografía andaluza llenó sus noches de flamenco, de caracoles, de gazpacho, de vino, de gente ávida de lo anterior, de artistas de una gran categoría, de otros que pasaron sin pena ni gloria, de trabajo para aquellos que no lo tenían, de un nuevo público, de una estética nueva definida y determinada por el “cante gitano-andaluz”, de las formas más conservadoras sin cuartel para los “enemigos” de la “pureza”, en fin, de todo eso que genéricamente llamamos arte flamenco.
 
 Pero como ocurre con todas las cosas del universo, nada es eterno sino efímero, cambiante, distinto según el cristal con qué se mira. De tal modo, que hoy los festivales flamencos poco o nada tienen que ver con sus padres, aunque queden hijos que se empeñen en perpetuar lo inaguantable y en cansar al personal que año tras año, de manera resignada, vuelve al recinto donde el flamenco lo convoca. Así ocurre todavía donde los carteles rondan siempre la decena de artistas, para solaz del encargado del bar y disgusto de los verdaderos aficionados que se acercan, a pesar de todo, a sus recintos.
 
 Un festival flamenco debiera no pasar, como cualquier espectáculo sea del tipo que sea, de las tres horas aproximadamente. Debiera comenzar, como ocurre en cualquier espectáculo, a la hora anunciada. El ambigú debiera existir  fuera del recinto o muy alejado del escenario. Un elenco equilibrado, compuesto por cuatro artistas del cante y uno del baile, siempre que no se repitan en el repertorio y se atengan a una estructura de espectáculo previamente diseñada por la organización, me parece un número suficiente para colmar los gustos y las apetencias de la afición. El escenario, el sonido, las luces, la cartelería, los camerinos, la atención a los artistas, el tratamiento en los medios de comunicación, y la presentación del espectáculo, hecha sobre la base del conocimiento y la pedagogía de quien la ejerza, deben ser parte esencial del festival para que el resultado de éste sea feliz y satisfaga al personal.
 
 Con las características que acabo de apuntar encontramos no muchos festivales, pero los hay cada vez más, al menos aquí en Málaga; sobre todo, aquellos que se han recuperado o que han nacido más recientes en el tiempo. Pero hacia esta estructura organizativa debieran encaminarse todos.
 
De los artistas, que  no deben permitir abusos ni abusar en sus pretensiones; de los organizadores, que deben asesorarse de los profesionales y de quien sabe de esto; del público, que debe rechazar lo que no le guste y demostrar respeto para quien es un profesional y agrada al respetable; y de las instituciones, que deben gastar el dinero público en aquellos proyectos realmente interesantes y olvidarse del café para todos y el gratis total... De todos ellos depende que los festivales sean espectáculos dignos, divertidos, baratos, enriquecedores, atractivos y garantes del buen flamenco.
 
En Málaga se celebran alrededor de cincuenta festivales entre los meses de junio y diciembre –generalmente la gran mayoría de ellos se celebra los meses de julio y agosto, pero en junio tiene lugar el de Alhaurín de la Torre y el de Casarabonela, en septiembre el de Manilva, en octubre el de Fuengirola y en diciembre el de Vélez-Málaga-, casi todos con el mismo formato y características similares: recintos al aire libre –por razones obvias, el Festival Flamenco “Juan Breva” de Vélez-Málaga se celebra en el Teatro del Carmen y el Fuengirola en el Palacio de la Paz-, ambiente distendido y jaranero en el que abundan la bebida y la comida, escenografías y luces sin mayores pretensiones, sonidos francamente mejorables, duración de una noche –nunca mejor dicho, pues comienzan sobre los once de la noche y suelen acabar en las altas horas  de la madrugada, aunque afortunadamente ya pasaron a mejor vida aquellos que acababan con el alba-, carteles excesivamente largos en muchos casos y presentadores que adolecen en general de conocimiento y falta de pedagogía, pues antes de tener una voz más o menos agradable, saber contar un chascarrillo más o menos gracioso, leer un ripio con cierta entonación, etc., hay que dominar el tema del que se habla, se debe conocer el flamenco y, además, saber comunicar esos conocimientos a los demás; aunque lo de la presentación es una cuestión menor para los organizadores de estos eventos, por cuanto generalmente no se le da mucha importancia y casi siempre se prefiere el presentador ya conocido o famoso al que sabe del tema y lo expone de manera amena y didáctica: yo mismo he compartido la presentación de un festival, en un pueblo de la Costa del Sol, con un famoso presentador de un no menos famoso programa,  que se daba en una conocida cadena privada de televisión. Tal era su impericia y su ignorante desfachatez, que mientras hacía la presentación de “El Perro de Paterna”, me espetó micrófono en mano: “Paco, este perro no ladra, ¿verdad?” Y no lo dijo para hacer un chiste de mal gusto.
 
En cuanto a las condiciones en que debieran celebrarse los festivales flamencos de verano, en Málaga, confirmamos las ya escritas para cualquier festival de estas características, ya sea en Andalucía o fuera de ella. En este sentido, la Diputación de Málaga hace unos años dictó unas normas para la celebración de estos festivales a cambio de una subvención que oscilaba en función del cumplimiento de las mismas. Estas normas exigían incluir en la programación un número determinado de artistas, entre los que debían figurar uno o más de los nacidos en Málaga más un panda de verdiales; sin embargo, lo cierto es que la proposición acabó teniendo un éxito desigual.
 
El coste medio de un festival flamenco de verano en Málaga está entre los diez y los setenta mil euros y sus ingresos raramente llegan a cubrir los gastos de producción del mismo. El cartel, compuesto por un número que oscila entre los ocho y diez  artistas  –cante, baile y guitarra-, suele estar encabezado por una o dos figuras de nombre y tirón popular, dependiendo del lugar, pues en cada uno tienen su particular ídolo. En casi todos aparecen uno o más artistas de la provincia y el inevitable aficionado local. La guitarra de concierto no existe, o si aparece es para rellenar o como consecuencia de haber ganado el concurso convocado por la peña flamenca que organiza el festival. El baile flamenco es muy raro: nos referimos al protagonizado por profesionales, no por la academia del pueblo o el cuadro de la peña, que aunque algunas veces tenga una cierta calidad, lo natural es que actúe para satisfacer el esfuerzo de las criaturas que llevan aprendiendo varios meses y tienen que demostrar lo enseñado por la profesora de turno, por lo general poco cualificada para tal menester. Bajo este patrón organizativo y artístico se celebran la mayoría de estos festivales de verano, aunque cada pueblo intente diferenciarse del próximo introduciendo variantes que van desde “y yo más” (artistas) hasta el “gratis total” (con regalo incluido en algunos casos).
 
TODOS LOS FESTIVALES FLAMENCOS
 
Fuente. Paco Vargas

2394952 visitas. Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo © 2017. Info. legal
Diseño web AgeO