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Vocalía de Flamenco
CAMARÓN EN EL RECUERDO

03/07/2011.

Más que cante es dolor negro, pena grande, grito de su gente y vida; porque aunque no esté sigue siendo, será siempre. Nadie antes que él, nadie como él, aun sin pretenderlo, dejó una estela indeleble y única para los que andan los caminos del cante, aunque se me antoja que tan intensa luz ha cegado los sentidos de quienes sólo ven un árbol en tan inmenso y variado bosque.

Camaron de la Isla. Monolito

Camaron de la Isla. Monolito

El cante flamenco es Camarón pero no sólo Camarón. Ése es el error de tantos jóvenes artistas que se han quedado en las afueras, en el soniquete fácil y dulzón, y no han querido, o no han podido, entrar en las entrañas mismas de la expresión flamenca del cantaor más singular y más asequible, más fácil y más complicado que ha dado la historia de la música flamenca.
 
Decir que Camarón le ha hecho mucho daño al flamenco –escrito está- es una barbaridad, una provocación premeditada y analfabeta. Pero asegurar que no nacerá otro como él –también está escrito- es una exageración, motivada más por la pasión que por el análisis meditado y riguroso. Y, sin embargo, ambas posturas no son sino el reflejo de las pasiones que suelen concitar los genios: ante ellos no caben las medias tintas, no sirven las actitudes ambiguas, porque en la indecisión uno se quema o es rechazado Ir a contracorriente en este tema, como en todas aquellas en las que las pasiones se posicionan en bandos encontrados, es arriesgarse a ser tachado de “tonto del pueblo” o, lo que es peor, de “flamencólico”, horrendo palabro salido del inculto diccionario de quienes confunden al analista serio con el juntaletras indocumentado, que escribe más por lo que desconoce que por lo que estudia. Pero sobre todo de quienes no aceptan la crítica seria y argumentada, porque no saben distinguir entre la adopción de una estética determinada y la asunción de lo verdaderamente importante.
 
¿Cuántos de los que se declaran camaroneros y adoptan hasta su forma de vestir y ser –entre otras razones, porque si no de qué iban a vivir- conocen la obra del mítico cantaor? ¿De verdad saben que lo que Camarón hizo no fue sino interpretar a otros artistas cuales son Juanito Mojama, Isabelita de Jerez, La Perla de Cádiz, Antonio “El Chaqueta”, “El Rubio”, Antonio de la Calzá, etc.? Sinceramente, creo que no. Porque si no es difícil de entender cómo sus etéreas figuras se van diluyendo, cual efímero azucarillo en el agua, conforme su soniquete prosaico y ramplón va cayendo en el pozo del olvido por cansoso y aburrido.
 
Con todo, la figura y la obra de Camarón, con todo lo bueno y lo malo –que de todo hay-, sigue intacta e imperecedera. Y así ha de seguir si no se empeñan en devaluarla los mercaderes de sentimientos y los vendedores de nostalgias. Los mismos que, movidos por intereses espurios y mercantilistas, están consiguiendo que una figura imprescindible y exclusiva, inolvidable, se convierta en algo hartible. Claro que, mientras los asientos contables de sus cuentas corrientes vayan sumando euros, ¿a ellos qué más les da? ¿Acaso les importó nunca el flamenco como cultura?
 
Cuando hayan estrujado bien el cadáver buscarán otro que les dé de comer. Nunca faltan muertos de los que vivir. Ahora le toca el turno a Enrique Morente. Eso si antes –que si pudiera, lo haría-, José Monje Cruz “Camarón de la Isla” no escapa de su hermoso e imponente mausoleo y les dice: “Iros todos al carajo”.
 
Pero mucho me temo que ellos seguirán vendiendo lágrimas de cocodrilo cada nuevo “aniversario” que se inventen, mientras los demás asistimos, tristes, a la subasta de su memoria. ¿Para cuándo
un nuevo “hallazgo” de su obra inédita?
 

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