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Vocalía de Flamenco
miércoles 24 de agosto de 2011CRÓNICA DEL XLIII FESTIVAL DE CANTE GRANDE DE RONDA
flamenco DE CALIDAD para una afición entendida

26/08/2011.

Lugar, fecha y hora: Muralla del Carmen, sábado 20 de agosto, 22.00 horas. Aforo: Lleno. Cante: Esperanza Fernández, Vicente Soto «Sordera», Rocío Bazán, Niño del Gastor, Juan Antonio Camino Wenceslá. Guitarristas de acompañamiento: Miguel Ángel Cortés, Manolito Herrera, Manuel Valencia, Pepe Núñez. Guitarra de concierto: Román Carmona. Al baile: Eduardo Clavijo. Organiza: Peña Flamenca de Ronda, con el patrocinio del Ayuntamiento de Ronda (Concejalía de Festejos), Fundación Unicaja y la Diputación Provincial de Málaga.

Fin de fiesta por bulerías: Rocío Bazán, Vicente Soto, Esperanza Fernández y Eduardo Clavijo

Fin de fiesta por bulerías: Rocío Bazán, Vicente Soto, Esperanza Fernández y Eduardo Clavijo

Las vieja Muralla del Carmen, un espacio recoleto y lleno de historia, que se quedó pequeño ante la masiva asistencia de un público que presenció en silencio y con respeto emocionado las distintas propuestas que ofrecieron los artistas, fue un año más el mejor escenario para una noche muy completa de arte flamenco que los aficionados no dudaban en calificar como uno los mejores festivales de los últimos años. Tan es así, que, a pesar de la larga duración del espectáculo (cinco horas), el público permaneció en sus asientos hasta la fiesta final por bulerías sin que nadie quisiera abandonar el recinto hasta que los artistas bajaron todos del escenario.
En esta edición, que a pesar de la crisis ha mantenido el nivel artístico y las condiciones técnicas precisas para el lucimiento de los artistas, un equilibrado cartel ha reunido voces dispares que aúnan fama, sabiduría, fuerza y tesón. Y junto a ellas, la guitarra de concierto de Román Carmona que se alzó con el Premio de Guitarra en el concurso “Anilla la Gitana” y Eduardo Clavijo, Premio de Baile. 
 
Román Carmona
Nacido en la ciudad de Lucena en marzo de 1966, su vocación de guitarrista es temprana. Sus primeras apariciones en el escenario fueron al lado de artistas como Felipe “El Tábarro”, Bisojo Paco Florido, Curro Lucena, Antonio Ranchal, o cantaores de diversa procedencia como Jiménez Rejano, Juan Casillas, Rufino Riva, Antonio García “El Califa”, Rafael Ordóñez, Luis de Córdoba, Bonela hijo, Paqui Corpas, Rocío Alcalá , Manolo Simón, Antonio de Canillas, El Cabrero, Julián Estrada, El Polaco, Antonio de Patrocinio, Manuel Cuevas o Antonio Nieto “Carapapa”, reciente ganador del premio por malagueñas en La Unión. Guitarrista oficial de los concursos de cante flamenco que se celebran en Lucena, ha participado en discos conjuntos como “Flamencos de Córdoba” (1990), una iniciativa del Ateneo de la capital cordobesa en homenaje a Agustín Gómez, así como en las grabaciones de Curro Lucena, “Lucena y Ronda , Ronda y Lucena” (1985) y “Mi amante la Malagueña” ( 1996 ).
Acompañado por la percusión de Antonio Gómez, fue el encargado de abrir el festival ofreciendo tangos y alegrías, dos piezas de corte clásico a los que imprimió una gustosa manera de interpretación que fue muy del agrado del público que gusta de la ortodoxia flamenca.
 
Juan Antonio Camino Wenceslá
Nacido en Villa del Río (Córdoba), es diplomado en Educación Musical por la Universidad de Córdoba, a los que se le añaden estudios en el Conservatorio Elemental de Montoro y en el Conservatorio Superior de Córdoba, donde estudió solfeo, armonía, canto y piano. Ha compartido escenario con artistas como José Mercé, Carmen Linares, Fosforito, Chocolate, Calixto Sánchez, José de la Tomasa, Capullo de Jerez o El Lebrijano, entre otros. Y ha colaborado en distintas grabaciones cuales son: “Jóvenes Flamencos” en 1999, “El flamenco en el Alto Guadalquivir” en 2003 y “XXII Festival de Cante de las Minas de Peñarroya” en 2004. Asimismo, ha cosechado innumerables premios otorgados por un sinfín de concursos destacándose como más relevantes el Premio “Pepe Marchena” del XVII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba o los obtenidos en el Festival Internacional del Cante de las Minas en distintas ediciones. Su presencia en el Festival de Cante Grande de Ronda estaba justificada por haber ganado el Premio de Cante del concurso “Aniya la Gitana” de este año.
Con la guitarra de Antonio García “Niño Migueles”, ofreció malagueñas y fandangos abandolaos, guajiras, cantiñas y granaínas. Su concepto clásico del cante le hace ser un fiel intérprete de los maestros de los que aprendió. Su voz gorda imprime un carácter grave al cante que a veces le hace parecer áspero cuando no es así, pues si no cómo explicar el gusto que imprimió al cante por guajiras. Con todo, su entrega y sus ganas de triunfar consiguieron el beneplácito del respetable, que al final es el que paga y manda.
 
El Niño de El Gastor
Aunque ahora reside en Móstoles (Madrid), José Marín Salas, nació en El Gastor (Cádiz). Su trayectoria artística comenzó cuando la familia se desplazó a vivir a Ronda donde se integró en Coros y Danzas,  con los cuales empezó a hacer giras por toda España y el extranjero. Después ganaría el Primer Premio de Gente Joven, que le ayudó a ser conocido en el  arte flamenco. Tiene distintas grabaciones en vinilo y CD. En la actualidad continúa con su carrera artística ofreciendo su cante en festivales y peñas flamencas donde suele actuar muy a menudo por toda España. El Niño del Gastor es el prototipo de cantaor serio, profundo y conocedor de los estilos básicos. Dotado de una voz larga, domina con soltura los distintos estilos flamencos. Su cante gusta por su transmisión y su potente voz, que siempre pone al servicio del cante clásico.
Salió en compañía del veterano guitarrista Pepe Núñez, otro habitual en las peñas de Madrid, para empezar por malagueñas que adornó con distintos fandangos abandolaos de los que lucieron las rondeñas de distintos estilos a las que imprimió formas personales de mucho gusto. Luego cantó “las alegrías que Chacón llamaba caracoles”. Después rindió homenaje a Antonio Mairena interpretando la “soleá de Charamusco”. Y redondeó su actuación con una larga serie de fandangos artísticos que fueron desde Porrina a Pepe Pinto. Como el público insistía en que hiciera un bis –el único artista al que se lo pidió a lo largo de la noche-, pues se sentó de nuevo y nos trasladó a Huelva para recordar al maestro Paco Toronjo.
 
Rocío Bazán
Nació en Estepona, donde la melancólica musicalidad de Málaga se funde con la alegría, el genio y la espontaneidad de Cádiz. Lleva el cante en la sangre y es cantaora por afición, por vocación y por ambición. Ha vivido el flamenco desde pequeñita pues ha nacido y se ha criado en una familia de buenos aficionados y aficionadas, que sin dedicarse profesionalmente al cante lo practican con dignidad. Comenzó muy joven, siendo una niña, a dar sus primeras pataítas -baila con gracia cuando vence la timidez- y a sacar con su vocecita los primeros cantes. Luego vendrían los años de aprendizaje como cantaora para bailar -una escuela por la que debieran pasar todos y todas-, el estudio sistemático de los cantes, la adquisición de la técnica precisa y los primeros escarceos con los concursos para coger tablas. Ha pasado por los grandes concursos de cante ganando importantes premios. Sin embargo, no creo, que éste, el de los concursos, sea su camino, ni me parece a mí que Rocío se encuentre cómoda en ellos. Donde Rocío Bazán debe mirar, según mi criterio, es a los escenarios de las peñas flamencas, de los festivales, de los teatros, de las salas flamencas, etc. Sin desdeñar su participación en compañías, espectáculos, montajes... Precisamente, antes de cantar en Ronda, venía de hacerlo en la Ópera de Pekín junto al Nuevo Ballet Español.
Cantó, con la ajustada y acertada guitarra de Manolito Herrera y las palmas de Diego Montoya y Antonio Núñez, las malagueñas de la tierra, cantiñas de Cádiz, una magnífica serie por soleares –su mejor cante- y unas bulerías finales que adornó con baile hecho de giros muy graciosos que al respetable pusieron de pie. Conoce el compás y se siente como una sirena enamorada en los cantes de ritmo. Y, además, tiene un conocimiento suficiente de una gama de cantes lo bastante variada que la avala como cantaora larga. Su voz, de matices flamencos propios, a veces se nos antoja afectada por la impostura de una cierta estética de expresión gitana. Es una voz potente, excesiva a veces, que nuestra joven cantaora debe aprender a controlar, pues como ocurre con los caballos enteros y bravíos -así debe ser el cante para ser digno de tal nombre-, en la amorosa habilidad de la amazona reside la búsqueda del equilibrio y el placer de lo soñado.
 
Eduardo Clavijo
Bailaor, profesor y coreógrafo, nacido y criado en Jerez, ha sido finalista en dos ocasiones en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, ha participado en la Fiesta de la Bulería de Jerez y ha recorrido escenarios de teatros de Japón y media Europa. Por eso y por haber ganado el Premio de Baile del concurso “Anilla la Gitana” aparecía en el elenco del festival rondeño.
Ampliamente arropado atrás (Paco Pereña, Antonio Sanlúcar, Agustín de la Fuente, Nacho Sanlúcar, Miguel Laín y Virginia “La Chabuca”), bailó por rondeña y alegrías con un largo remate por bulerías tras cambiar el traje rondeño por uno menos espectacular. El artista jerezano, recuperado para el profesionalismo de un tiempo a esta parte, puso sobre el escenario elementos del baile varonil, en el que se perciben cosas de la escuela del bailaor jerezano Belmonte, sobre todo en el andar y a la hora de interpretar sobre el escenario.
El jerezano irrumpió zapateando con fuerza (excesiva) y haciendo piruetas que deslumbraron al público con pasos inverosímiles. Pero le faltó pararse y templar para redondear una actuación que sin ser brillante agradó al público.
 
Esperanza Fernández
Esta gitana nacida en el barrio de Triana ha recibido la herencia flamenca de una familia de importantes cantaores, guitarristas y bailaores: la Familia Fernández, que encabezaba su padre Curro. Cantaora imaginativa, original e instintiva, desde muy joven, Esperanza Fernández inició la búsqueda de un lugar propio en el panorama del arte flamenco, pero sería 1994 el añode su consolidación artística, al protagonizar, junto a Enrique Morente, el espectáculo “A oscuras”, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, que constituyó uno de los mayores éxitos de la VII Bienal de Arte Flamenco. En el terreno discográfico, destacamos su primera obra “Esperanza Fernández”, acompañada por laguitarra de Manuel Moreno Junquera “Moraíto Chico” –al que rendimos un sencillo pero emocionado homenaje en Ronda, ciudad donde era querido y admirado y en la que había estado en el festival un año antes acompañando a José Mercé-, Paco Fernández y Manuel Parrilla, y su participación en el mítico “Potro de Rabia y Miel” de Camarón, “Los Gitanos Cantan a Lorca” (Vol.2) u “Oratorio por Ceferino”.
Dotada de unas privilegiadas condiciones para cantar, de su garganta sale una elegante y bella voz que pone al servicio de su talento y que le permite interpretar distintos y variados estilos: la malagueña, por ejemplo, que adornó con fandangos de Málaga -¡cómo cantó la jabera!- y Granada, con la guitarra sabia de Miguel Ángel Cortés, a la que hicieron un monumento demostrando cómo se cantaba el fandango del Albaicín, también conocido como de Frasquito Yerbabuena. Por encima de todo manda su perfecta vocalización y su hermoso acento de mujer. Sorprende su profundo conocimiento del flamenco tradicional: como bien demostró cantando por seguiriyas al estilo de Triana, con esa voz gitana que nos sobrecogió a todos. Su impresionante sentido del compás, su armonía, y temple, una voz rica en matices y de una gran elegancia le permiten abrirse paso tanto por los caminos más tradicionales del flamenco como en otras experiencias cercanas a la fusión y al mestizaje musical. Su demostración más palpable la tuvimos a la hora de escuchar unas alegrías de Cádiz que devinieron en unas originales y hermosas cantiñas cordobesas. Y, desde luego, en las bulerías que pusieron fin a su actuación: no se puede cantar mejor ni más flamenco; qué sensación de jonda alegría dejó en los corazones de los exigentes aficionados rondeños. Y es que Esperanza Fernández es una de las mejores voces femeninas actuales del flamenco, que ya ha encontrado en ella una de susfiguras emergentes.
 
Vicente Soto “Sordera”
Jerezano e hijo del gran Manuel Soto “Sordera”, es un cantaor de honda raíz flamenca, ya que desciende del mítico siguiriyero Paco la Luz por parte de padre, y del Niño Gloria por parte de madre, dos cumbres del cante de Jerez de todos los tiempos. Empezó como guitarrista a muy corta edad -llegó a tocarle al mismísimo Caracol en una reunión- para pasar de forma natural al cante. En su haber como cantaor para el baile tiene a gala haberle cantado a los más grandes: Antonio el Bailarín, La Chunga, Gades, Manuela Vargas, Farruco, El Güito,... Y como intérprete en solitario, ha puesto su voz al servicio de la poesía de, por ejemplo, Fernando Pessoa, José Bergamín, Pepe Hierro, los hermanos Machado, Ramón María Del Valle-Inclán, Rubén Darío o Miguel de Unamuno. Tiene en el mercado una docena larga de discos en solitario y otros tantos en colaboración. Con su arte, ha viajado a lo largo y ancho de este mundo varias veces y puede ser considerado como uno de los cantaores más serios de la actualidad. Uno de sus laureles más preciados fue el Premio "Niña de los Peines" (por soleares, bulerías por soleá y bulerías), obtenido en el XII Concurso de Arte Flamenco de Córdoba (1989) tierra donde es admirado pues no en vano visitó la XXIII Cata Flamenca de Montilla (1995) y ha sido uno de los triunfadores del ciclo “Vive el Flamenco", celebrado en la Peña "El Lucero"  de la misma ciudad.
Con la guitarra del joven jerezano Manuel Valencia, que debiera aplicarse con más atención al toque de acompañamiento, interpretó soleares sin salirse de Jerez y Cádiz, una amplia gama por cantiñas en las que solo faltaron los caracoles, las seguiriyas de la tierra, con un remate deslucido en la seguiriya de cambio de Manuel Torre, y las bulerías imprescindibles con pataíta incluida. Gustó, pero le faltaron comunicación y convencimiento, quizá porque le tocó cerrar el festival o porque la magnífica actuación de Esperanza Fernández lo dejó algo destemplado.
 
 
Publicado por Paco Vargas

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