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E L M A E S T R O

14/10/2011.

E L M A E S T R O Y la maestra también, que la seño pinta mucho y el seño tampoco se queda atrás. Maestros de clase de tropa, tan insustituible como la infantería que se resguarda tras los acorazados y siempre baila con la más fea, cuerpo a tierra y en vanguardia.

Antonio Garcia Gomez

Antonio Garcia Gomez

Maestros alborotados y recortados, por mor del servicio dicen, público se entiende, y porque cuesta menos hincar el diente al de abajo, aunque su labor sea impagable, que va a ser por eso, cuando resulta que su entrega es incondicional con los pequeños que ya suspiran por reconocer su cobijo, en el regazo amable y estricto de los maestros que se dejan la piel y la vida en el intento de desasnar y de encaminar, seguro, entre mieles e hieles a las generaciones que no cesan.

                        Maestros de bata y de traje de calle, aplicados a la tarea en el interín del principio de curso, sin un regateo, ansiosos y desbordados por la máquina burocrática mientras aguardan a sus niños que ya hacen fila abajo en el patio.

                        Maestros en el punto de mira, de siempre y de nueva hornada, maestros de escuela, maestros de la vida que se asoma, maestros de la inocencia y el cauce desbocado, maestros de la mano tendida y la entrega, por sus chiquillos que alborotan y corren entre el torbellino de sus querencia y sus afanes por llegar cuanto antes a cualquier meta que les compense-

                        Maestros de principio de curso, atareados y acelerados por embocar cuanto antes el torrente que se les echa encima, un año más, para que se produzca el milagro del cariño compartido y la lección aprendida de memoria, por la letra redondilla que no se sale de su caminito, y las cuentas que no se equivocan después de tantas veces, mientras se aprestan en las filas, sin colarse, por llegar los primeros ante sus maestros que ya les aguardan.

                        Maestros entrañables de los primeros palotes, en el principio del milagro del milagro del conocimiento, por conocer, por aprender, por saber que se puede llegar más lejos todavía, incluso con la sabiduría de quien sabe que es posible intentarlo todo, incluso con la confianza ciega del niño en el maestro que. . . no le defraudará.

                        El maestro en la encrucijada anual de un nuevo curso por llevar a buen puerto, en tanto los niños callan un instante, siquiera, por escuchar a su seño y a su seño que nada es imposible y que . . . lo van a conseguir-

                                                                       Torre del Mar 8 – septiembre – 2.011

Fuente: Antonio Garcia

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