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Viaje al mundo de García Márquez en un sofá

08/03/2012.

Éramos adolescentes, estábamos en los últimos años de secundaria, no esperábamos regalos de nadie y la Navidad había dejado de ser una fecha importante para mí y mis hermanos. Acaso nos entusiasmaba la posibilidad de recibir una propina mayor que la del resto del año y comer panetón o beber chocolate caliente. Sin embargo, mi padre nos impuso el espíritu navideño obligándonos un intercambio de regalos. Conseguí cualquier cosa para mis hermanos y mis padres, por cumplir, y recibí mis paquetes con el mismo desdén. Entonces lo vi. Mi hermana me había envuelto El otoño del patriarca. Autor:: Iván Thays | 07 de marzo de 2012

El premio Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez con su nieto Mateo. / Mario Guzmán (EFE

El premio Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez con su nieto Mateo. / Mario Guzmán (EFE

 

 

Nunca había sido tan libre. Finalizaba el año y me quedaban tres meses por delante, tres meses dedicados a la vagancia, a jugar fútbol con los amigos, a leer o ver televisión hasta la hora que quisiera. Iba a empezar mi último año del colegio, probablemente las próximas vacaciones las pasaría estudiando para ingresar a la universidad, así que eran mis últimas vacaciones indocumentado. Con ese aire cogí la novela al día siguiente y empecé a leerla. Había leído antes Cien años de soledad pero no me había impactado tanto. Leer El otoño del patriarca en esas condiciones de libertad, tendido en el sofá con las ventanas abiertas durante jornadas de casi quince horas deteniéndome apenas para comer o ir al baño, fue una experiencia alucinatoria. Un auténtico viaje literario, con cuestas y abismos de palabras y frases que me extasiaban por la textura impecable de la prosa. Luego, releí Cien años de soledad y descubrí multiplicada la magia que había dejado pasar por alto la primera vez.

Es cierto que a mi generación se le acusa de haber intentado el parricidio contra Gabriel García Márquez. No es exacto. Ni siquiera en la antología McOndo se arremete contra él. Los que quedan mal parados son los usurpadores, con mayor o menor fortuna, más o menos avispados, de la franquicia en que se convirtió el realismo mágico. Pero eso no tiene nada que ver con García Márquez ni con otros autores de lo real-maravilloso, cuyas obras mayores sobreviven a sus imitadores, a sus aduladores e incluso a su propia fama. 

Porque si hay algo de lo que se le puede acusar a Gabriel García Márquez (aunque probablemente él no pretendió que eso sucediese) es el haberse convertido en un autor hegemónico, cuya sombra opacó a varias generaciones de escritores colombianos y latinoamericanos, y aún hoy resulta difícil despegarse de su aura casi mística. Recuerdo que un escritor me transmitió la sensación que tuvo cuando vio, en el homenaje que se le rindió hace unos años en el Congreso de la Lengua en Cartagena de Indias, llover del techo mariposas amarillas de papel. Miles de mariposas sobre la cabeza de reyes, presidentes, escritores, académicos, ancianos que lo conocieron cuando era un muchacho, alumnos que lo leían en el colegio. Mi amigo escritor dijo que no imaginaba otro autor vivo al que se le pudiera hacer un homenaje parecido. Tampoco yo. García Márquez se ha convertido en un producto de exportación colombiano. Como el café, como Shakira. No alabarlo en Colombia es lo mismo que insultar al país. Recuerdo que en una Feria Internacional del Libro en Bogotá deslicé la idea de que su última novela, Memorias de mis putas tristes, era un libro fallido, machista y folletinesco. Es curioso cómo un lugar común puede convertirse en una declaración "polémica" o "políticamente incorrecta" por culpa de la patriotería. Pude percibir la incomodidad entre los asistentes, hasta que una señora no aguantó más, se puso de pie y dijo que Colombia (ella hablaba por Colombia, desde luego) rechazaba mis insultos y desde ya consideraban asquerosos mis libros. Lo que esa señora no podía saber es que a quién más le duele que García Márquez no publique una novela digna de él no es a los colombianos, sino a sus lectores. Y que fue su talento lo que nos hizo exigentes, tanto que no le permitimos el menor desliz (y su última novela no es su único "desliz", por cierto). Pero en eso somos injustos, porque a los escritores -como a los buenos futbolistas- hay que juzgarlos por lo mejor que han hecho, no por sus fallos. Y Gabriel García Márquez nos ha dado El otoño del patriarca, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, algunos cuentos memorables y, por si fuera poco, Cien años de soledad, la mejor novela escrita en castellano desde el Siglo de Oro. ¿Qué más podemos exigirle? 

"¿Quién de todos uds. podría escribir un nuevo Cien años de soledad?" nos preguntó a bocajarro un periodista español en un encuentro literario en Sevilla (doce escritores latinoamericanos reunidos en la Fundación Lara, el mayor Roberto Bolaño y el menor Gonzalo Garcés). Un insensato. Es como exigirle a la poesía española que produzca otro Góngora. Nadie ha escrito ni escribirá un nuevo Cien años de soledad. No es necesario. Ese único libro basta para justificar no solo la existencia de la literatura latinoamericana, sino del idioma castellano, que nunca volvió a ser el mismo después de que García Márquez lograse transformarlo. Y ahora ese señor cumple 85 años y todos nos hemos volcado a celebrarlo como si fuese un centenario. ¿Pero qué celebramos exactamente? ¿Un cumpleaños más? No. Celebramos la suerte, la feliz coincidencia, de compartir el siglo con un genio de su altura. Algo digno no solo de festejar sino, sobre todo, de agradecer

El feliz cumpleaños de los lectores a García Márquez

Por: Winston Manrique Sabogal06/03/2012

 

Eduardo Mendoza: 'El amor en los tiempos del cólera'

Dasso Saldívar: 'Cien años de soledad'

Álvaro Pombo: 'La hojarasca'

Enrique Vila-Matas: 'Isabel viendo llover en Macondo'


El perfume de las begonias al amanecer fue ahogado por el aguacero que empezó a caer sobre Aracataca el 7 de marzo de 1927; que luego se mezcló con las nueve campanadas de la iglesia y minutos más tarde con los gritos angustiados de unas mujeres que veían cómo el primogénito de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez acababa de nacer envuelto en el cordón umbilical que amenazaba su vida. Ellas hicieron lo que pudieron hasta que el llanto del niño eclipsó todos los sonidos y ruidos que lo habían recibido.

Ochenta y cinco años después, ese niño que aquella mañana dominical fue bautizado a las carreras como Gabriel García Márquez celebra hoy un cumpleaños rodeado del agradecimiento de millones de lectores en todo el mundo. Porque con él nacieron muchas cosas: habría de crear no solo un universo literario realmente único, sino que habría de ensanchar el territorio del lenguaje español en su forma de recorrerlo, su influencia literaria cambiar la manera de ver el mundo y contarlo y que ese mismo mundo volviera a mirar a la creación literaria en español.

Autor de títulos de piezas periodísticas, cuentos y novelas seductoras (desde su primer cuento La tercera resignación hasta sus memorias Vivir para contarla, pasando por El coronel no tiene quien le escriba o  Cien años de soledad (cuya edición en libro electrónico ha salido hoy) o  Crónica de una muerte anunciada o  El ahogado más hermoso del mundo o  La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada o  El otoño del patriarca o  Del amor y otros demonios o  El amor en los tiempos del cólera o  La mala hora); de comienzos de libros memorables e inolvidables y de pasajes narrativos al servicio de historias fabulosas que condensan el mundo y su humanidad, Gabriel García Márquez recibirá hoy rosas amarillas, sus preferidas, pero yo propongo que sus lectores lo felicitemos eligiendo el comienzo de su libro que más nos guste.

La primera en unirse a este homenaje al premio Nobel colombiano ha sido Carmen Balcells, su gran amiga y agente literaria, desde Barcelona en el vídeo que acompaña este post. Ella ha elegido el cuento Muerte constante más allá del amor, escrito en 1970, y que empieza así:

"Al senador Onésimo Sánchez le faltaban seis meses y once días para morir cuando encontró a la mujer de su vida. La conoció en el Rosal del Virrey, un pueblecito ilusorio que de noche era una dársena furtiva para los buques de altura de los contrabandistas, y en cambio a pleno sol parecía el recodo más inútil del desierto, frente a un mar árido y sin rumbos, y tan apartado de todo que nadie hubiera sospechado que allí viviera alguien capaz de torcer el destino de nadie".

Me parece maravilloso ese comienzo, y el cuento en sí mismo, pero yo me inclino por el titulado Alguien desordena esta rosas, escrito en 1952, y que empieza así:

"Como es domingo y ha dejado de llover, pienso llevar un ramo de rosas a mi tumba. Rosas rojas y blancas, de las que ella cultiva para hacer altares y coronas. La mañana estuvo entristecida por este invierno taciturno y sobrecogedor que me ha puesto a recordar la colina donde la gente del pueblo abandona a sus muertos. Es un sitio pelado, sin árboles, barrido apenas por las migajas providenciales que regresan después que el viento ha pasado".

Como les decía, los invito a felicitar a Gabriel García Márquez en su 85 cumpleaños compartiendo con todos cuál es el comienzo del cuento o novela que más te gusta. Para empezar, el ilustrador colombiano Turcios le rinde homenaje con la siguiente ilustración:

 

 Fuente: Diario El Pais

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