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El Málaga enseña los dientes

23/03/2012.

Con diseño artesanal y pegada pugilística, el Málaga se deshizo del Rayo Vallecano mezclando ganchos y sutilezas. Pudo ser mayor la goleada pero la victoria les sirve a los locales para alcanzar la velocidad de crucero antes de afrontar el tramo decisivo del curso. FUENTE: DIARIO eL PAÍS

Al margen de pizarras, el fútbol es un estado de ánimo y sobre el tapete de La Rosaleda se enfrentaban dos equipos rebosantes de endorfina. Nadie reparó en tacañerías. Los de Pellegrini, lanzados tras su empate en el Bernabéu, se disponían a opositar definitivamente a la cuarta plaza que da derecho a escuchar el himno de la Champions el próximo curso frente a un Rayo excelso en el arte de la supervivencia. A pesar de algún titubeo, el conjunto malacitano, diseñado para merecer, ha pasado la mayor parte de la temporada en plazas europeas gracias, sobre todo, a su expediente como local -solo superado por el Barcelona y el Madrid-, que afianzaba su candidatura.

Málaga, 4 - Rayo, 2.

Málaga: Caballero; Gámez, Weligton, Mathijsen, Monreal; Demichelis, Cazorla (Duda, m. 83); Joaquín (Seba, m. 76), Isco, Eliseu (Maresca, m. 68); y Rondón. No utilizados: Kameni; Sergio Sánchez, Camacho y Van Nistelrooy.

Rayo Vallecano: Joel; Tito, Arribas (Tamudo, m. 85), Pulido, Casado; Movilla (Trashorras, m. 71), Javi Fuego; Piti, Michu, Armenteros (Lass, m. 60); y Diego Costa. No utilizados: Cobeño; Diamanka, Diego, Pacheco y Delibasic.

Goles: 0-1. M. 5. Diego Costa, de penalti. 1-1. M. 35. Rondón. 2-1. M. 58. Rondón. 3-1. M. 69. Maresca. 3-2. M. 85. Trashorras, de penalti. 4-2. M. 86. Duda.

Árbitro: Mateu Lahoz. Amonestó a Gámez, Arribas, Diego Costa, Tito, Casado y Maresca.

Unos 18.000 espectadores en La Rosaleda.

Pero a Málaga llegaba un visitante de cuidado. Pese a su patinazo en Cornellà (5-1) hace 10 días, los de Sandoval han presumido de descaro y ambición fuera de Vallecas. A domicilio, solo los tres primeros de la clasificación (Madrid, Barcelona y Valencia) mejoraban sus puntos y sus goles. Confiado en tener atada la permanencia, el conjunto rayista ha desatado su valentía y su pegada en las últimas semanas y se presentaba a la cita con cinco victorias en los siete envites previos. Ningún enemigo le parece inabordable de antemano a los vallecanos, que interpretaron el pitido inicial como un pistoletazo de salida hacia la meta de Caballero.

Apenas habían pasado cuatro minutos cuando Gámez derribó a Armenteros en el área. Diego Costa aprovechó el penalti para certificar la desvergüenza rayista y dar lustre a su sobresaliente hoja de servicios con seis goles en siete partidos. El tanto alteró los biorritmos del partido y lejos de afianzar a los de Sandoval, espabiló al grupo de Pellegrini, perezoso en la puesta en escena ante una misión que presumía sencilla.

Responsabilizados ante el reto, la respuesta del Málaga fue contundente. Huérfanos del criterio y el compás de Toulalan, Cazorla retrasó su posición en el tablero para manejar los hilos y desatar el baile. La sala de máquinas comenzó a funcionar.

No se achicó el Rayo, pero la embestida del Málaga desarboló a su defensa, que se cargó de tarjetas amarillas para sujetar el revoltoso ataque local. El requiebro de Joaquín, la desfachatez de Isco y la fibra de Eliseu se volvieron indescifrables para la zaga vallecana y el empate se convirtió en cuestión de tiempo. Lo encontró Rondón, que aprovechó el tiralíneas de Cazorla para chafar el trabajo rayista. El delantero venezolano remató de cabeza una carambola a tres bandas que diseñó el internacional asturiano y afiló Eliseu.

Sutil en la elaboración y contundente en la definición, el Málaga repitió la fórmula a la vuelta de los vestuarios para completar la remontada. Amparado en su corpulencia baloncestística y recurriendo a su zancada, Rondón volvió a resolver un caracoleo de Eliseu, desatando el guateque entre la afición malagueña. Maresca se sumó a la fiesta al minuto de saltar al campo en sustitución de Eliseu y Joel comenzó a sufrir un asedio.

Pero Sandoval no distingue entre la derrota y la goleada y recurriendo a la solución kamikaze desató a su equipo. El espíritu pendenciero de Diego Costa le alcanzó al Rayo para lograr el segundo tanto, también de penalti, transformado esta vez por Trashorras. Pero Duda sofocó el arrebato al minuto siguiente con un zapatazo. El Málaga enseña los dientes

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