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Vocalía de Flamenco
La pieza que le falta al cante

15/07/2012.

Alfonso Vázquez ­No es ni mucho menos como el bosón de Higgs, el reciente descubrimiento de la Física pero sí que Adolfo Carrasco Cerón, Adolfo el Cuchillero constituye una pieza clave en la historia del flamenco en Málaga y Andalucía, una figura envuelta hasta ahora en una niebla que los flamencólogos de El Palo Manuel López García y Miguel López Castro se han encargado de disipar con éxito.

Miguel López Castro (izquierda) y Manuel López García con su obra sobre Adolfo el Cuchillero, en la asociación de vecinos del Palo.  Francis Silva

Miguel López Castro (izquierda) y Manuel López García con su obra sobre Adolfo el Cuchillero, en la asociación de vecinos del Palo. Francis Silva

El estudio de los dos expertos podrá leerse en breve, en formato digital, en el libro Adolfo el Cuchillero, de la editorial Libros con duende. Autores a su vez de una biografía sobre Gitanillo de Vélez, las investigación sobre el cantaor y bailaor malagueño, nacido en 1884 y fallecido en 1970, a los 86 años, comenzó porque un compañero de trabajo de Manuel López, Enrique Sanz, celador del Materno, era sobrino nieto de Adolfo el Cuchillero. Junto con otros dos compañeros de trabajo empezaron a indagar en este artista contemporáneo de los cafés cantantes y que actuó con los grandes de la época como Juan Breva, Antonio Chacón o Manuel Torre, lo que le convirtió en un testigo excepcional. «Pero es un personaje del que se ha hablado muy poco y se han escrito cuatro líneas», señala Miguel López Castro.

Precisamente, una de las bases del trabajo han sido las notas manuscritas del archivero Francisco Bejarano sobre los recuerdos de Adolfo el Cuchillero, aportadas por el flamencólogo Eusebio Rioja, que los recibió del hijo de Francisco Bejarano. «En 1924 Adolfo el Cuchillero entró a trabajar como afilador en el Ayuntamiento y ahí empieza su relación con Francisco Bejarano. De los artículos que este escribió sobre el cante en Málaga, el informante es el Cuchillero», señala Manuel López.

A este respecto, Miguel López comenta que el libro tiene dos objetivos principales, por un lado descubrir la vida del Cuchillero y por otro su faceta «de ser el mejor conocedor del flamenco en nuestra provincia en los años en que se gesta la teoría malagueñista del flamenco».
Y es que, aunque no llegó a tener una talla notable como cantaor o bailaor, fue un importante informante de su época y en el año 53 ya lo vemos en reuniones en el Club de Prensa sobre flamenco. Los autores también han hablado con dos de las personas que le conocieron y que están en el origen de la Peña Juan Breva: José Luque Navajas y Juan Alarcón.

«Lo curioso es que este hombre, que no estudiaba ni investigaba, todo lo tenía en la cabeza y empieza a dar información que no es tenida en cuenta porque es oral», comenta Miguel López, que señala que muchas de estas informaciones –y José Luque Navajas destaca que el artista fue un hombre que siempre decía la verdad– los flamencólogos empiezan a verificarlas en recientes descubrimientos.

Así, contaba el Cuchillero que El Planeta, el primer cantaor del que se tiene constancia documental, por Estébanez Calderón, era de Cádiz y se pasó 20 años en Málaga, trabajando en las fundiciones del Martinete, una estancia malagueña que acaba de constatar el flamencólogo Manuel Bohórquez. Y es que el abuelo del Cuchillero, Gabriel Carrasco, conoció a El Planeta y no se trata «de una fantasía malagueña», como ironizan los autores. Pero hay más porque el padre del Cuchillero, Francisco Carrasco, hizo el servicio militar en Sevilla con el que está considerado por muchos el mejor cantaor de todos los tiempos, Silverio Franconetti, quien según el Cuchillero también estuvo viviendo y actuando en Málaga, lo que afianza nuestra provincia como auténtica tierra del cante.

Pistas para conocer mejor los cantes de Málaga

«Tenía un repertorio de malagueñas que descubrió a los aficionados malagueños», relata Miguel López y como destaca Manuel López, «él es el único que pone cuatro notas a las malagueñas del Caribe», un cantaor del que da pistas y que a veces se confunde con El Piyayo. Además, era pariente del maestro Ojana y de Baldomero Pacheco, «de los que dice que son el escalón entre la malagueña vieja y las malagueñas nuevas», explica Miguel. De la vida del Cuchillero se sabe que vivió en la calle Mármoles, que fabricaba cuchillos y que hasta 1936 tuvo un bar en el Pasaje de Chinitas, parte de cuyo local cedió a la cuchillería de Manuel Ocón.

A partir de 1909 estuvo tres veces en Madrid para actuar y la Peña Juan Breva conserva algunos carteles de su vida artística. Otra característica personal era su homosexualidad, y de su carácter, los dos testigos que lo trataron no se ponen de acuerdo, porque mientras uno destaca su simpatía, el otro su antipatía. En todo caso, los autores resaltan la aproximación objetiva y nada laudatoria a un personaje que abre nuevas puertas a la investigación del flamenco.

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