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Las Librerías de segunda mano se quedan pequeñas

28/10/2012.

E s pasar la puerta y entrar en otra dimensión. Hasta el olor es diferente. Agradable, por supuesto. Se respira desde el minuto uno ese aroma que destila el papel. Más aún el que acumula años de historia. Alguno incluso siglos. Esos que se refugian en las estanterías de un reducto de rincones que siempre han respondido a un interés alternativo. Fuente: DIARIO SUR.

La librería Abadía, en la calle Comedias, ha visto duplicar sus fondos bibliográficos en los últimos cinco años. :: CARLOS MORET

La librería Abadía, en la calle Comedias, ha visto duplicar sus fondos bibliográficos en los últimos cinco años. :: CARLOS MORET

El que permite el bolsillo o el que alimenta el afán bibliófilo. Son las librerías de segunda mano, ocasión o anticuarias. Que haberlas haylas aún. Ahí se mantienen pese a la temida crisis. Aunque ahora la balanza se inclina más por la oferta que por la demanda. Empujadas por la falta de espacio o las estrecheces económicas, cada vez más personas acuden a este tipo de negocios para deshacerse de libros antiguos y, de paso, sacarse unas monedillas o, si los títulos lo merecen, unos billetes.

Eso ha hecho que la afluencia de 'vendedores' se haya disparado en los últimos meses. En ello coinciden los libreros malagueños. Hasta el punto de que se han intercambiado los papeles. Como advierte Miguel Ángel García, propietario de El Libro Errante, «muchos clientes que venían a comprar, ahora traen libros para vender». Eso hace que sea un buen momento para comprar, ya que el aumento de la oferta repercute en una mayor diversidad entre la que elegir y, en algunos casos, en una bajada de precios.
Pero tiene que ser muy buena la biblioteca o el lote del que se quiere desprender uno para que se note en el bolsillo. Cada vez más. Por ejemplo, de cuatro o cinco novelas se pueden conseguir unos 15 euros. Aunque todo depende del libro. Si está catalogado se paga la cuarta parte de su valor original, y si no lo está, se comprueba el interés de la obra (autor y título), la edición, su estado de conservación, así como su encuadernación (los más valiosos están confeccionados a mano, cosidos en lugar de pegados) y su rareza. Hay quien intenta vender desde un puñado de tebeos hasta un libro de marina de su tatarabuelo.
Sin embargo, no es oro todo lo que parece relucir. «Hay gente que viene a vender libros antiguos (con más de cien años), y se sorprende de que no se lo compre, pero es que si un libro no tiene valor, no lo tiene ahora ni dentro de cien años, y ni siquiera el precio del coleccionismo del libro antiguo lo salva. Luego ya se puede analizar la edición, el estado, etc.», puntualiza Miguel Ángel García, que ha visto incrementarse sus fondos de tal forma que en la segunda planta de su local ya apenas le queda espacio para moverse.
Tres cuartos de lo mismo le ocurre a Francisco Soler, al frente de la librería Abadía, que en los últimos cinco años ha visto cómo se ha duplicado su catálogo de libros. Y es que el ritmo de compra no ha ido a la par que el de venta. De ahí que ahora los libreros sean mucho más selectivos y tajantes a la hora de realizar nuevas adquisiciones.
Lo habitual es comprar bibliotecas completas. Aunque solo sean pocos los títulos valiosos. De ahí la diversidad de títulos. Mucho mayor si cabe en Internet, a través de donde se reciben peticiones de todas partes de España e incluso de fuera de nuestras fronteras, como Estados Unidos o Japón. En los últimos años, la Red ha abierto una gran puerta y se ha convertido en una parte importante del negocio. Tanto que se ha duplicado en los últimos cinco años y ya supone el cincuenta por ciento de las ventas totales. Aunque tampoco son ajenas a la caída generalizada. Felipe Martínez, gerente de www.librerosdeviejo.com, lo atribuye no solo a la crisis económica y el cambio de soportes, sino también a un «problema de cultura».
Sin clases sociales
No obstante, en el caso de las librerías de ocasión, la mentalidad ha cambiado. Francisco Soler advierte de la variedad de público que visita hoy en día su acogedor local de la calle Comedias. Un buen indicador ha sido la campaña escolar, en la que ha visto desbordarse sus previsiones. Pero además ha confirmado que el libro usado ha ganado posiciones en el mercado. Quizás salir a la calle le ha beneficiado. Aunque su cita anual de Navidad en el Parque se ha ido mermando e incluso puede tambalearse este año.
Sea cual sea la razón, ya no es territorio exclusivo de minorías. «Este es un negocio que refleja tanto el progreso como el deterioro social», sostiene Soler en referencia a una afluencia de clientes que cada vez entiende menos de clases.
En su opinión, la deficitaria distribución editorial es un aliciente para las librerías de segunda mano. El usuario acude a ellas ante la dificultad para conseguir de otro modo un título concreto. Aunque tampoco hay que olvidar la rapidez con la que se descatalogan. En este caso, se convierten en la única posibilidad de conseguir el libro en cuestión. Por no hablar de los precios... «Cuando la gente ve que por un libro de doscientas páginas, que además no sabe si le va a gustar, le piden veinte euros, acude a nosotros porque, si lo tenemos, el ahorro puede ser de hasta el cincuenta por ciento», asegura Miguel Ángel García, que hace tres años se atrevió a salirse del céntrico círculo libresco para instalarse en la barriada La Paz. Allí ofrece libros desde uno hasta dos mil euros. También cómics. Y películas en DVD, música y artículos de coleccionismo (postales, álbumes de cromos o revistas literarias).
Es una oferta generalizada. No se puede encontrar lo último de Ken Follett, pero sí sus anteriores obras. O clásicos como 'Pepita Jiménez' o 'La divina comedia'. O 'El conde de Montecristo'. O las 'Obras completas' de Ernest Hemingway. O algún ejemplar de 'La Codorniz'. O incluso la saga de 'Harry Potter'. Un universo infinito. Además de títulos de arte, naturaleza, medicina, historia, teatro, poesía e incluso cocina. Así hasta miles de títulos. Y no solo de libros. También la música y el cine tienen un lugar destacado entre el papel.
Especialmente ha recobrado fuerza el vinilo. José Ramón Acedo, de Ollerías 8, advierte de que ha reforzado esa parte del negocio ante el incremento de la demanda. También en Códice, otro referente en el Centro, se puede encontrar una amplia colección a prueba de nostálgicos. Desde Liza Minnelli y Donna Summer hasta The Cure, Bee Gees o bandas sonoras de películas como 'Fama'. Luego están los objetos de coleccionismo, entre los que se encuentran hasta juguetes, y, por supuesto, revistas, postales, tarjetas o grabados.
En la librería Mata atesoran bastantes. Aunque en general, como en botica, en este tipo de librerías hay un poco de todo. De hecho, a muchos les atrae ese 'poco de todo' y esperan dejarse sorprender. Otros -la mayoría- acuden en busca de algo específico. Incluso llevan su lista de títulos o autores. Entre ellos, cada vez más estudiantes. Aunque también quienes tratan de llevarse una obra especial o valiosa por algún motivo para regalar. O simplemente quienes van como último recurso para encontrar un título agotado.
También en la Red
Sea como sea, el flujo es constante. Simplemente hay que permanecer un rato en alguna de estas librerías para comprobarlo. No obstante, también hay quien prefiere el canal virtual. Con solo teclear en Google las palabras clave, aparecen numerosas páginas dedicadas exclusivamente a la compra-venta de publicaciones antiguas y de ocasión. www.uniliber.com y www.iberlibro.com son algunas, además de Abebooks.com, para títulos en otros idiomas. Tampoco es ajeno a la Red Antonio Mateos. Desde 1938 ofrece al bibliófilo en la calle Esparteros su rincón idóneo. Ahora es el nieto del fundador el que regenta esta librería anticuaria en cuya web incluye hasta 30.000 referencias. Con un fondo de más de cien mil títulos, Antonio Mateos suministra obras a grandes instituciones como la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado.
«Aunque no lo parezca, hay mucha gente interesada en este tipo de libros, sobre todo especialistas e investigadores. No todo está en Internet», observa el librero malagueño, que no titubea al afirmar que el libro «es una obra de arte». Y no tiene por qué tener un precio desorbitado. En el establecimiento de Antonio Mateos se pueden encontrar desde seis a miles de euros. No todos los días se encuentran piezas como una primera edición de 'La Geometría' de Descartes o un atlas de mediados del siglo XVI con los primeros mapas de América.
Todo es cuestión de la necesidad de cada uno. Porque, visto lo visto, vender también puede ser una opción interesante. No obstante, y a pesar de que asegura que hay «bibliotecas interesantes en Málaga», la mayor parte de sus adquisiciones las realiza fuera. Aunque también exporta. Son muchos los coleccionistas del País Vasco, Galicia, Asturias o Valencia que se han convertido en clientes habituales. Todos ellos coinciden en el valor artístico del libro. Y el sector confía en que muchos continúen pensando así. De momento, el olor y el tacto del papel aún no tienen competencia

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