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El Málaga recupera la cuarta plaza (2-3)

28/01/2013.

SERGIO CORTÉS | ENVIADO ESPECIAL MALLORCA.- La diferencia entre un equipo pequeño y otro grande está en la calidad y en la pegada. En otros tiempos el Málaga formaba parte del interminable primer grupo dentro de la Liga de las Estrellas, de ese legión de supervivientes a los que un triunfo les da respiro o los agobia, pero en la actualidad pertenece a esa élite que despacha hasta los encuentros que no logra gobernar y que se convierten en un desorden continuo. La pegada le bastó esta vez para dejar al Mallorca aún más hundido. La contienda se decidió por las veces que el contrario besó la lona, no a los puntos, de ahí el triunfo blanquiazul

El partido tuvo mucha tela que cortar desde incluso antes del arranque.Lugano no viajó a Palma para hacer grupo. No solo se vistió, sino que además fue titular. Pellegrini no se anduvo con rodeos. La mejor fórmula para que el equipo cambiara el chip después del titánico duelo con el Barça era remodelarlo de arriba abajo. Y el central uruguayo solo fue una pieza más en el nuevo puzle. La pareja de medios centro recibió descanso y Demichelis, más adelantado, y Toulalan tomaron el testigo de Camacho e Iturra. No sorprendió la suplencia de Jesús Gámez y Eliseu -ya se apuntó este detalle en SUR el pasado martes-, y tal vez tampoco la de Joaquín. En la pareja de ataque el chileno se guardó la baza de los dos arietes, con Saviola y Santa Cruz, este último con la clara misión de fijar a la defensa local.

Pellegrini tiró así de una enorme experiencia en la portería y las tres parejas de la columna vertebral para un envite con escasa presión ambiental y en el que se preveía una salida en tromba de un Mallorca en situación crítica y con todo su arsenal ofensivo (Pereira, Víctor, Giovani y Hemed).El partido se desarrolló en los primeros minutos muy ajustado al guion previsto por el técnico malaguista y, a excepción de una aparición de Giovani en el costado izquierdo con una vaselina fallida a Caballero, parecía más que controlado.

En solo seis minutos el Málaga destrozó a su rival con esa pegada descomunal que hoy por hoy puede exhibir. Buscó con descaro explotar la debilidad de Nsue en el lateral derecho y por ahí llegaron dos goles. Primero fue en una falta lateral ejecutada por Isco (ante la ausencia de los especialistas habituales, Joaquín, Eliseu o Duda) en la que Saviola cazó el rechace. Con tantas 'torres' como señuelo -incluido también uno de los laterales, Sergio Sánchez-, la defensa local descuidó la vigilancia del ariete argentino. Casi a renglón seguido Monreal apuró hasta línea de fondo para dejarle el 0-2 en bandeja a Isco.

Parecía que el Mallorca le había durado un solo asalto al Málaga. Incluso Santa Cruz pecó de generoso en una opción inmejorable para finiquitar la contienda. Pero en el deporte de élite no se puede ser condescendiente con el rival. El conjunto blanquiazul se durmió en los laureles y durante más de veinticinco minutos se olvidó de su libro de estilo. Estuvo completamente a merced del contrario y llegó al descanso con ventaja de milagro. Y, lo que es peor, la segunda mitad fue más de lo mismo salvo en esa dentellada de Monreal que a la postre valió el triunfo.

De entrada conviene apuntar que con Lugano y Weligton atrás el Málaga perdió su principal seña de identidad: sacar el balón jugado desde atrás. Caballero tuvo que recurrir en exceso al envío en largo y así facilitó que el Mallorca recuperara pronto el balón y buscara su bien más preciado, las transiciones rápidas para encontrar el juego entre líneas de Víctor y las cabalgadas de Giovani. Sin balón y en un permanente correcalles, Demichelis nunca encontró su sitio, Portillo e Isco aparecieron con cuentagotas y en el capítulo defensivo el equipo parecía un flan.

El Málaga llegó vivo al descanso gracias a que el Mallorca anda muy justo en su repertorio de acciones defensivas y, claro, en cuanto la repitió dos veces la cobertura blanquiazul ya anduvo más despierta. En la reanudación se repitió la historia, con muy buenas intenciones locales y muy poco peligro (los locales solo podían intentarlo desde la frontal) y con los pupilos de Pellegrini a la espera de la opción de dar el aguijonazo definitivo. Llegó superado el cuarto de hora en otra aparición de Monreal y en un pase de Portillo con el sello del gran Sandro.

El 1-3 no era excesivamente justo y Giovani encontró premio a su descomunal partido con un soberbio gol de libre directo. Con más de veinte minutos por delante y la expulsión segundos después de Demichelis, Pellegrini tuvo que echar mano de Camacho para recuperar la solidez. El Mallorca soñó hasta el final, pero ya más por empuje. La presencia del aragonés en la medular y el oficio malaguista hicieron el resto. El equipo mostró pegada y poco más. Pero en esta Liga tan mediocre la calidad posee un valor incalculable. Es la diferencia entre un equipo pequeño y otro grande. Y afortunadamente el Málaga pertenece a esa élite muy selecta que despacha los partidos que no logra gobernar

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