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Opinión
ESCARNIO

31/01/2013.

Como un espectáculo imperceptible y poderoso, macabro y recalcitrante, como una marea inalcanzable y tenaz. Como un castigo cuasidivino, fulminante, arrogante y devastador. . . mientras nada parece muy distinto a cuanto se nos aparece a diario, todo se aproxima a una realidad plausible y llevadera o esa es la impresión, como cuando tras un bombardeo salen de los escondrijos las asustadas víctimas a retomar su devenir cotidiano, mientras el mar de fondo mueve y socava el peligro que acecha a pesar de cuantos esfuerzos se hagan por soslayarlo

Antonio García Gómez

Antonio García Gómez

Hoy he acudido al médico que me ha diagnosticado una disfonía banal, algo leve,  pasajero, pero algo letal en mi profesión como docente,  una afección normal que me ha costado en la farmacia 22 euros; ni el jarabe, ni el antiinflamatorio natural los cubría el seguro, solo la vitamina A ha entrado, de cuyo precio he tenido que pagar el 40% de su precio. Un buen principio para algo sin importancia, un costo, un pecho que irrumpe en la economía doméstica, holgada o no, el monto será el mismo.

            Para una dolencia menor 22 euros, sin contar el paracetamol o cualquier otro alivio convencional que haya que añadir al esfuerzo económico.

            Junto a mí una anciana en la farmacia, solicitando una crema para los moratones de sus manos y brazos, ¿por ejemplo Trombocyl?, es lo que mejor trata los cardenales, le asegura el farmacéutico, moratones formados por esos pequeños golpes que junto al tratamiento de Sintrón salen a menudo afeando el aspecto de la piel ajada, ¿y no hay algo más barato?. . . es lo único, es lo mejor . . . y la anciana se queda dudando si puede con 8 euros, o son demasiados euros y puede pasarse sin la crema, al fin solo es para mejorarse el aspecto de su vejez imparable.

            Por otra parte ayer se cayeron 4 millones de euros en forma de cubierta para la plaza de toros de Madrid sin que nadie busque responsabilidades, ni individuales, ni colectivas, aunque siga considerándose el espectáculo de las corridas de toros patrimonio cultural y tal y tal. . . para mayor honor y gloria de las ínfulas patrias.

            Legiones de desarrapados hurgan en los contenedores de las basuras y encuentran restos para seguir malviviendo.

            Un euro es la diferencia entre comer o no comer. Un millón de euros es suficiente para blanquear 10 millones de euros escondidos en Suiza.

            Un euro es el copago que pusieron las autoridades de la Comunidad de Madrid sabiendo que sería retirado, siquiera cautelarmente.

            No importa que el abismo se vaya abriendo entre quienes tienen de sobra y quienes ajustan al céntimo el magro presupuesto.

            Simultáneamente los medicamentos que no están cubiertos por la Seguridad Social han duplicado su precio. ¿Casualidad? ¿Estrategia? . .  .Trabajo puro y duro para sacar hasta el último euro a las clases sociales más necesitadas. . .para que al final solo les quede mendigar . . . una caridad.

Pues eso, y entretanto el escarnio de tanta impostada inocencia de demasiado chorizo, como para creerse que los culpables y los pagadores de los desmanes tengamos que ser nosotros, los de siempre, hasta el encuadre perfecto de las malas cuentas de quienes se van a escapar de rositas y con los bolsillos llenos.

            Mientras la moral es una antigualla que ni para vintage decadente llegará a servir. O alguien se acuerda de qué era eso de la moral?   

                       

                        Torre del Mar 1 – febrero – 2.013

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