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Vocalía de Flamenco
viernes, 1 de marzo de 2013XVII FESTIVAL DE JEREZ. «ALELUYA ERÓTICA»
EL TRIUNFO DEL TALENTO

01/03/2013.

Si la memoria no me falla, es la primera vez que esta tragicomedia de Federico García Lorca es interpretada en clave flamenca, algo que al más ilustre y universal de los escritores granadinos le hubiese emocionado, como provocó la agitación sentimental de quien firma y de tantos espectadores a los que de reojo miraba mientras lágrimas como garbanzos resbalaban por sus mejillas. Y no es una es una hipérbole, sino el reconocimiento de una verdad irrefutable: cuando se aúnan emoción y ausencia de aburrimiento, el talento aflora y conecta a la primera con el corazón de quien escucha y ve. Texto: Paco Vargas Fotos: Javier Fergó. Archivo del Festival

La obra, “Los amores de don Perlimplín y Belisa en su jardín”, titulada “Aleluya erótica” en esta novedosa versión, venía de estrenarse en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla con tal éxito que fue premiada con el galardón “Giraldillo al Mejor Espectáculo”. Es cierto, sin embargo, que allí se representó en el Teatro Central, con unas condiciones técnicas y un espacio escénico que la Sala Paúl no tiene. Con todo,  gracias a la profesionalidad de toda la compañía, en Jerez se ha adaptado para que el común de los espectadores apenas si notara la deficiencia. 
 


 

Fueron muchas los sentimientos compartidos con los protagonistas del espectáculo, todos a una altura artística sobresaliente; teniendo en cuenta que ninguno viene del mundo del teatro, cuyo lenguaje unas veces encuentra afinidades con el flamenco y otras arrastra al desvarío, si previamente no se ha puesto el asunto en manos de quien sabe lo que hace y por qué lo hace. En este sentido, la dirección escénica y las coreografías marcan el hilo argumental que, no por conocido, resulta fácil de narrar. Nada extraño si tenemos en cuenta que Juana Casado trabajó en las compañías de Antonio Gades, María Rosa y Mario Maya, y es Premio  Nacional de Directoras de Escena hace algo más de seis años.
 


 

Y aquí surge la primera de las muchas sorpresas gozosas que nos depara la obra, pues, si ya conocíamos sobradamente la valía artística de Rosario Toledo, José Valencia y Dani de Morón, en esta propuesta se nos descubren como actriz y actores en ciernes muy aprovechables para posteriores propuestas escénicas.
 


 

 
Rosario Toledo, a la que sigo desde que obtuviera aquellos dos premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba –cuando era el certamen más prestigioso de toda España-, es una bailora de variados recursos dancísticos, que expresa su concepto del baile envuelto en un colorido tan expresivo como cautivador. Es la joven gaditana el retrato mismo de lo inencontrable. Su capacidad de enamoramiento convierte su elegante y exquisito baile en una declaración de amor a quien expectante en su escaño espera la sorpresa del sueño. Rosario es artista porque es capaz de hacer tangible su ensoñación estética, cargada de belleza, para que los demás gocemos de ella. En arte –flamenco o no- quien no se la juega no conocerá jamás la efímera gloria ni el placer del fracaso. Y Rosario Toledo está acostumbrada a jugársela, a plantarse en mitad del proscenio y mirar al flamenco de cara, sin prejuicios y con los pies en el suelo, nunca mejor dicho. Por eso mismo es ella.
 


 

 
José Valencia –también premiado con el Giraldillo del Cante- es un cantaor de corte clásico, pero siempre abierto a nuevas propuestas. Su voz es de las más flamencas de la actualidad, sus conocimientos abarcan un amplio abanico de estilos y formas cantaoras, su sentido del compás y del ritmo deviene en grandeza, y su juventud aboca a la esperanza más jubilosa.
 


 

Dani de Morón –reconocido con el Giraldillo del Toque- está demostrando en esta edición del Festival de Jerez lo que ya sabíamos casi todos los que tenemos la obligación de saberlo: si días atrás sentaba plaza en el Palacio de Villavicencio de cómo se ha de tocar al cante ortodoxo y rancio de dos venerables; en la obra que analizamos, su música es determinante de principio a fin. Qué sonido le saca a su guitarra, cuánta belleza y cuánta jondura. Solo escuchar la versión arreglada que hace del “Vals Vienés”, que popularizara Enrique Morente en su insuperable “Omega”, es razón suficiente para enmarcarlo en la orla de los excelentes.
 


 

La trama de la obra no es otra cosa que la narración tragicómica de los amores imposibles entre un hombre al que se le ha venido el aparejo a la barriga y una joven guapa e interesada que más que amor lo que necesita es dinero, aunque sueñe –como todas- con el príncipe azul que nunca llega. Y claro, la cosa acaba en tragedia. Pero antes han sido el juego del amor y el engaño de la erótica. La ternura, imprescindible en Lorca, completa el triángulo.
 


 

 
Ya está sobre las tablas el cante y el baile: soleá, taranta, malagueña de Chacón, cantiñas, el vals (bailado por ambos), tanguillos, farruca, la balada “Amor que vengo herido” (de Mario Maya), fandango del Cojo de Málaga que con acierto transforma, José, en granaína, a la que completa con la media granaína… Suena la música de Scarlatti para apaciguar la desesperación del viejo burlado. La voz del hombre soñado lee una carta. Sale Dani de su primer plano casi opaco durante toda la obra, aunque su presencia es luminosa. Vuelve junto a su guitarra, toca por soleá para que Rosario Toledo se espatarre sobre la tarima y baile sensual y provocativa. Su figura se agranda mientras la música suena, vestida de rojo pasión, que se torna tragedia amarga cuando suena esplendente el “Vals Vienés” en la portentosa voz de José Valencia. El agua, siempre presente en simbología lorquiana, brota para apagar nuestros corazones encendidos de pasión, de gozo y de silencio emocionado. 


 

El respetable, puesto en pie, aplaude, largo y sentido, el triunfo del talento.


 

 


 

FICHA DEL ESPECTÁCULO


 

Lugar, fecha y hora: Sala Paúl, 28 de febrero, 19:00. Aforo: Lleno. Baile: Rosario Toledo. Cante: José Valencia. Guitarra: Dani de Morón. Personajes: Belisa (Rosario Toledo), don Perlimplín (José Valencia), personaje simbólico (Dani de Morón). Coreografía: Rosario Toledo, Juana Casado. Música: Dani de Morón, Scarlatti. Dirección: Juana Casado.

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