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Vocalía de Flamenco
domingo, 10 de marzo de 2013XVII FESTIVAL DE JEREZ. «FEDERICO SEGÚN LORCA»
EVA EN SU LABERINTO: YERBABUENA FLAMENCA

10/03/2013.

Tras algún tiempo apartada voluntariamente de los escenarios, la bailora y coreógrafa más inquieta y más arriesgada de cuantas podemos contemplar en el contexto actual de la danza llegaba al Festival de Jerez, en el que, además, ha dirigido un seminario-taller sobre el proceso de la creación de un espectáculo, para protagonizar la gala de clausura. La expectación era mucha, pues su presencia anuncia novedades y sugestivas sorpresas casi siempre. Y, como era de esperar, no defraudó. Texto: Paco Vargas Fotos: Javier Fergó. Archivo del Festival

Ahora bien, como ya hemos sostenido en alguna reseña anterior, es mi opinión que el teatro y el flamenco, aun pudiendo ir de la mano, deben construir un lenguaje común para que la comunicación sea fluida en la propuesta escénica y que, imprescindible, el espectador la comprenda, la haga suya compartiendo emociones y la disfrute sin aburrirse. En el espectáculo que reseñamos eso no sucedió, aunque hubo momentos de pasión compartida, expresada con sinceros aplausos y jaleos y olés que salían del corazón del respetable. En Jerez, el arte flamenco arrebata más que el teatro de vanguardia y la danza contemporánea.
 
 


 

 
Cuando subió el telón y apareció un muro, en un ambiente oscuro y lleno de tristeza, envuelto en una luz tenue, de fondo sonando la música gregoriana (Morente siempre presente), luego mezclada con otras voces árabes, mientras los tres bailarines semidesnudos, en calzoncillos, mudo el cante y la guitarra muda, realizaban lindas piruetas dirigidas por la sonora percusión, nos temimos lo peor, por cuanto la presentación se alargaba en exceso y las toses de aburrimiento comenzaban a sonar entre las butacas. Pero no, José Valencia canta la liviana y la toná-liviana para ser bailada. Jeromo Segura interpreta una canción que parece que emplea ecos del cante por caña. La cosa se va animando. Parece que en esta ocasión, Eva no nos sumirá en esa pena impertinente que con obsesiva pasión nos somete a quienes la admiramos con más frecuencia de lo que es capaz de aguantar un corazón sensible.
 
 
Y así fue. El Sacromonte alegórico (Granada ineludible) cae lentamente en el proscenio con sus flamencos canasteros y los cantes abandolaos de la tierra y de otras tierras como Lucena. Vuelve la luz al escenario, enseguida la fiesta por tangos y por bulerías. Todos bailan y jalean y tocan las palmas. El cante toma la palabra. Yerbabuena baila sensual, flamenca y grande; su exquisita sencillez lo llena todo de emoción, su figura se amplía y roza lo sublime. ¡Señora!, grita alguien. Qué razón tenía.
 
 
Sones de guajira, que canta melancólica las fatigas del artista; el romance invita a los tres hombres a levantarse de los reclinatorios y bailar. Lo hacen con acierto. Un poquito más de alegría. Vuelve el romance mientras los caballeros sentados se alejan. Aparecen ellas, vuelve la danza contemporánea. De azabache y pena aparece la represión del deseo y la libertad personificada en la figura castradora de Bernarda Alba, según el rico imaginario de García Lorca. “Mi pena es más grande porque va por dentro” canta la vidalita.
 
 
Y en esa negrura de pena cantada, en ese cuadro de tristeza, aparece la mejor bailaora para hacer un monumento de emoción al baile por soleá. Es la soleá de Eva Yerbabuena, indescriptible por tan grande, novedosa siempre. Perfecta en su ejecución. Insuperable. El sueño eterno de la artista llega a los corazones en dosis muy bien administradas ¡Señora!, grita alguien. Qué razón tenía.
 
 
Es cierto que quizá tanta emoción no sea soportable en tan corto espacio de tiempo, aunque probablemente hubiéramos aguantado algo más. Mas no, las manzanas (que van y que vienen en manos de ellas, ora las cojo ora las arrojo contra alguien) se erigen en protagonistas involuntarias en medio del silencio y el aburrimiento. Lo del gigante de cartón piedra no lo entiende nadie. La obra se alarga innecesariamente. Baile y cante por serranas. La voz de José Valencia nos suena a Morente. La versatilidad del joven cantaor nos parece extraordinaria.
 
Resumiendo: dos momentos álgidos de auténtico baile flamenco, tres voces cantaoras, José Valencia, Enrique “El Extremeño” y Jeromo Segura, de jondura inusual; una guitarra, la de Paco Jarana, que dirige e interpreta la muy bien escogida música de la obra; dos percusionistas, Antonio Coronel Raúl Domínguez, que hacen su trabajo con oficio y lucimiento;  un cuerpo de baile, con capacidad contrastada para emprender su propio camino cada cual, compuesto por tres mujeres, Mercedes de Córdoba, Lorena Franco y María Moreno, y tres hombres, Eduardo Guerrero, Cristian Lozano y Moisés Navarro; y una bailaora, Eva Yerbabuena, única en su esplendente y paradójico concepto del baile, que perfuma todo lo que baila, son la esencia de un espectáculo bien dirigido y realizado, pero al que únicamente el arte flamenco le da emoción y le quita monotonía.
 
FICHA DEL ESPECTÁCULO
Lugar, fecha y hora: Teatro Villamarta,  9 de marzo 21:00. Aforo: Lleno. Baile: Eva Yerbabuena. Cuerpo de baile: Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno, Eduardo Guerrero, Cristian Lozano, Moisés Navarro. Cante: Enrique El Extremeño, José Valencia, Jeromo Segura. Guitarra: Paco Jarana. Percusión: Antonio Coronel, Raúl Domínguez. Voz en off: Juan Diego. Títere: Sandra Díaz. Creación y dirección musical: Paco Jarana. Escenografía: Vicente Palacios. Diseño de iluminación: Fernando Martín. Dirección, idea original y coreografía: Eva Yerbabuena. 
 
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