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Opinión
Merenderos megalíticos, esa broma pesada

20/03/2013.

Cuando se presentó el proyecto de los chiringuitos de las playas de La Caleta y La Malagueta, el firmante de estas líneas cayó en la trampa y al contemplar en el papel el diseño de esos merenderos de aires gráciles y cuasi ibicencos, pensó de forma muy bienintencionada que la gracilidad de estas estructuras se iba a trasladar a la arena y que Málaga ganaría con el cambio por Alfonso Vázquez

estructuras de los nuevos chiringuitos, en la Calete y malagueta

estructuras de los nuevos chiringuitos, en la Calete y malagueta

Con este motivo, el pasado 9 de enero un servidor escribió en esta sección, de forma esperanzadora, sobre estas estructuras que aún no se habían desarrollado en todo su esplendor.

Y cayó el menda en la trampa porque lo que se está levantando en la playa de La Caleta y La Malagueta no son sino una colección de búnkeres para albergar al estado mayor norcoreano, el más hermético del mundo.

Una vez más, los políticos malagueños superan sus límites de eficacia y gestión inteligente legando para los próximos 30 años –hasta que llegue, crucemos los dedos, una generación más sensible– estos restaurantes que suponen una agresión lamentable a nuestras playas.

Qué bien quedarían estas moles en una placita de cualquier ciudad de la extinta República Democrática Alemana. Con estos merenderos megalíticos, Málaga sigue imparable ese modelo turístico tan afamado en el extrarradio de las grandes ciudades del norte de Europa llamado Benidorm.

Pero si todavía son escépticos a las toneladas de cemento depositadas sobre la arena, sólo tienen que acercarse al antiguo merendero Caleta Playa, situado frente a una conocida clínica radiológica. Este chiringuito es todavía de los antiguos, tiene mucha menos altura que las nuevas incorporaciones y la terraza cubierta no es una continuación de la mole sino cuatro barras metálicas. Lo mismo ocurre con el merendero Oasis, que tiene al lado a su hermano mayor, como puede verse en la foto.

La crisis, causada en buena parte por el exceso de ladrillo, no parece haber doblegado a ese potente lobby merdellón que sigue destrozando nuestro litoral.

Si tratan de contemplar la bahía de Málaga desde el paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso, a partir de ahora se van a encontrar con una cadena de obstáculos visuales que ninguna ciudad europea con un mínimo de sensibilidad y cuidado por el turismo habría permitido. En cuanto a ver el mar desde la calle Gutenberg y otros puntos, ya sólo verán un cachito.

Pero si algo tenemos los malagueños es capacidad para aguantar carros, carretas y burricies urbanísticas, así que echen un vistazo a la ya comentada treta perpetrada en el Palacio de la Aduana, en el que, con la excusa de recuperar el tejado del edificio, nos han metido una planta más, desgraciando las vistas de Málaga desde la Alcazaba. No ganamos para disgustos.

Ya sólo queda, una vez más, admitir el estropicio, sonreír a los futuros votantes e invitar a la inauguración de los búnkeres playeros al niño prodigio de Corea del Norte –Kim Jong-un– y toda su plana mayor, para que disfruten de la Malagueta.

¿Quién nos iba a decir que en pleno 2013 la Ciudad del Paraíso iba a reinventar la cultura megalítica? Si esto es un aperitivo de la futura Ley de Costas, prepárense para degustar de nuevo los tiempos bravíos del ladrillo. Preparémonos para lo peor

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