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Opinión
EL INFIERNO

03/04/2013.

Permanecemos en él, sin que podamos escapar del horror que debiéramos reconocer. . . cuando resulta que con harta frecuencia lo damos por imposible, como fruto de una exagerada sensibilidad, cuando resulta que la benevolencia solo es capaz de disfrazar el crimen solapado. Ayer sucedió en Campillo, Málaga, y la víctima fue una niña de seis años, la hija de un condenado por maltrato, de un maltratador que seguro que había encontrado obscena comprensión en más de alguien Autor: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Porque la laxitud con la violencia cercana es demasiado amplia, en tantos casos de cotidiana “anormalidad” que espanta solo pensarlo. Desde el rumor maledicente de quien se agarra al estereotipo para descalificar  hasta el insulto grosero, faltón y energúmeno que hace reír al entorno cuando achica al insultado. Desde la mala baba latente y acomplejada hasta la insoportable y dañina maldad que se disfraza, que encuentra complicidad entre los culpables que callan, jalean, corean. . . .hasta que lo inevitable vuelve a esconder a los cobardes y solo queda la víctima sobre su reguero de sangre.

            Una y tantas veces, en el silencio de las relaciones humanas perversas y podridas, en la “normalidad” criminal y responsable de la ira consentida, como parte de una hombría mal entendida y peor consentida, porque antes de que suceda el menosprecio, la agresión, el desaire, el crimen inexcusable, machista e irreparable . . . hemos sido capaces de haber mirado hacia otro lado, en nombre de los tics más mezquinos que podamos imaginar, siempre al lado de la supuesta “hombría” del cabestro que ha ido alimentando su odio y su impotencia al rebufo de la “mala comprensión” de quienes también somos o son culpables.

            Porque es el infierno consentido el que nos devora cada vez que muere la víctima que jamás debería haber sido víctima, niña y mujer, tras haberles cargado con todas las “taras” propias de su género, cada vez que callamos ante los comentarios machistas, la discriminación machista, el odio machista . . . aunque se presente bendecido . . . ante la “bastarda benevolencia de los machos que solo temen y odian”, ante la servidumbre “obligada y educada” de la mujer que ha de ocupar siempre el escalón más bajo . . . porque lo dice la santa madre iglesia o porque lo dice el matón del barrio, porque se asume con demasiada facilidad y porque trae consigo las nefastas consecuencias del dolor diario, callado, sufrido de una explotación tan bien vista que ni llama la atención, apenas sobresalga de vez en cuando en algún truculento titular.

            Ayer volvió a amanecer el infierno en Campillo, Málaga, el infierno, y una mujer, una niña de seis años cayó víctima del odio y la impotencia machista de un maltratador que “tenía permiso judicial para seguir ¿atendiendo? a su hija”.

 

                        Torre del Mar  2  - abril – 2.013

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