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Opinión
La fuentecilla fantasma

04/06/2013.

Pues iba yo –efectivamente, el del otro día, «El Paleño Observador»- caminando de buena mañana por nuestro quebrado paseo marítimo de El Palo, cuando de pronto, sin previo aviso, y sin que dijese «esta boca es mía» ese estupendo calendario que lleva incorporado mi móvil -¡Ese! ¡El de ultimísima generación! ¡El que tiene más menús que botones en su chaqueta un guardiamarina del XIX!- empecé a sentir un calor y unos sudores que simplemente al recordarlos ya me hacen adelgazar un par de kilos. ¡Ea! ¡Ya está! –me dije. ¡Ya llegó el verano veranito! ¡Con lo bien que estábamos con el fresquito primaveral de estos días!

Fuente ubicada en el Paseo Marítimo Antonio Banderas

Fuente ubicada en el Paseo Marítimo Antonio Banderas

La fuentecilla fantasma

 Pues iba yo –efectivamente, el del otro día, “El Paleño Observador”- caminando de buena mañana por nuestro quebrado paseo marítimo de El Palo, cuando de pronto, sin previo aviso, y sin que dijese “esta boca es mía” ese estupendo calendario que lleva incorporado mi móvil -¡Ese! ¡El de ultimísima generación! ¡El que tiene más menús que botones en su chaqueta un guardiamarina del XIX!- empecé a sentir un calor y unos sudores que simplemente al recordarlos ya me hacen adelgazar un par de kilos.

 ¡Ea! ¡Ya está! –me dije. ¡Ya llegó el verano veranito! ¡Con lo bien que estábamos con el fresquito primaveral de estos días!

 ¡Pero no pasa nada! –me dije, otra vez. Porque... ¡A ver! ¿Qué es lo mejor contra el calor? ¿El abanico? ¿El parasol? ¿La sombra? ¿La sombrilla? ¿La camiseta atada sobre la cabeza con cuatro graciosos y marineros nudos? ¡No! –me dije de nuevo (hoy no hago más que hablar conmigo mismo. Muchos personajes públicos deberían adoptar esa sana costumbre...). ¡Lo mejor contra el calor, y los sudores, y el verano de sopetón es... El agua fresquita! ¡Y es que uno, cuando piensa, es que piensa de verdad!

 ¡Pues sí señor! –me dije resuelto. ¡Eso es! Vamos a buscar una fuente, que seguro que por aquí tiene que haber varias. Si mi amiguete Antonio Banderas -quiero decir: mi amiguete, el que vive cerca del paseo marítimo de Antonio Banderas- me ha dicho que en el paseo marítimo de su barrio hay varias, seguro que en el paseo marítimo de El Palo tiene que haber decenas de ellas, porque tenemos más solera y antigüedad que nuestros colegas del oeste. Y si no más, por lo menos tantas como ellos. ¡Seguro! Que aquí hace el mismo calor que en la otra punta de Málaga. ¿O no? –me dije. ¡Claro!

 Así que con la misma moral y candidez que sin duda tuvieron los primeros buscadores de oro en Alaska, me dispuse a caminar, como ellos, sólo unos pequeños pasos bajo el convencimiento de que en cuestión de segundos sustituiría mi pegajoso sudor por la agradable y fresca agua clara de una fuente....

 Sí... unos pasos... ¡Narices! ¡Que empiezo a andar, y a andar, y a andar desde Casa Pedro hacia el Candado, y nada! ¡Ni una fuente, ni un manantial, ni siquiera un mísero charco de esos que surgen no se sabe muy bien cómo! ¡Nada de nada! ¡Vamos! ¡Que el Paseo marítimo, en lo referente a fuentes, parecía el desierto de Gobi a las 3 de la tarde un 15 de agosto con cielo despejado: seco, seco, seco! ¡Pero seco, seco, no se vayan Vds. a creer!

 ¡Ya está! –me dije. Esto no puede ser normal. Tiene que ser que ha venido una nave espacial de Ganímides y se las ha llevado todas, porque van a urbanizar ese satélite, y como aún no tienen nuestra tecnología veraniega, van a usar nuestras fuentes mientras tanto. Pero descarté esa idea con rapidez, porque al no ser político aún tengo mente ágil, pero sobre todo porque me iba a costar defenderla en la comisaría, si al final decidía poner una denuncia por apropiación indebida de fuente pública.

 ¿Habrá sido el tesorero ese de no se qué partido, del que están hablando día sí, y día también? Pero pensé que ese hombre era más bien de los que les gusta el dinero, y no las fuentes, que son pesadas de llevar, y no sirven para comprar, porque en las instrucciones no dice nada de a cuántos euros equivale el kilo de fuente. ¡Y tampoco le vamos a echar la culpa de todo lo que falte, al pobrecillo! ¡Que el hombre tendrá otras cosas que llevarse! ¿No?

 Pues tras descartar esas y otras sesudas explicaciones, ya sólo me quedaba una explicación: que no era capaz de encontrar ninguna fuente porque.... ¡nunca hubo fuentes (al menos, desde que existo) en el paseo marítimo de El Palo!

 Pues sí, señoras y señores, paleños todos: esa es la conclusión. O resulta que somos todos camellos –me refiero al bichito con joroba, ¡que nadie sea malpensado!- y no necesitamos beber, y por eso no hay fuentes, o tenemos unos políticos que deben pensar que lo lógico, cuando se tiene sed o calor, es sentarse en un chiringuito y pagar unos euros por un agua fresquita, o una cerveza, o un tinto de verano. ¡Porque hay que ayudar a levantar al país, hombre! Y claro: o eso, o bebemos directamente el agua que sale de las duchas. ¡Total, si lo que no mata, engorda, decía mi abuela...!

 Señores políticos, concejales todos, criaturas que nos representáis antes las muy nobles y nunca bien ponderadas instituciones del país: ¿de verdad es tan difícil y caro poner dos o tres fuentecitas –no pedimos más, aunque seamos menos que los del Antonio Banderas avenue- a lo largo de nuestro tortuoso paseo marítimo para que las criaturas, grandes o pequeñas, jóvenes o viejas, beban un poquito y refresquen el cogote cuando el sol apriete? ¿Es que no queda ni una fuentecita que se pueda reciclar y volver a la vida generando frescor a la vez que aplaca la sed veraniega e invernal?

 Que ya empieza a hacer mucho calor como para tener que discutir sobre si el suelo está abajo, y el techo arriba, o al revés. Que hacen falta fuentes, ¡caramba! porque casi el 70% de nuestro cuerpo es agua, y hay que reponerla. ¡Y se acabó la discusión!

 ¿Habrá que enviar de rodillas también a la ermita de Cártama, junto al del papelito, al concejal o concejala responsable de esta penuria acuática?

 Quien tenga cerebro para entender...

 Vuestro amigo, “El Paleño Observador”

 

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