Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
Jacinto Matarín, in memoriam

12/06/2013.

Saloncito austero de una casa en la playa, en «Los Guarros», debajo de la estación y junto al restaurante «Carrasco» (¿ o era «Cazorla»?, no recuerdo bien). Jacinto Matarín, Miguel León, Rogelio... Paco Ibáñez, desde radio París, cantando A galopar, de Alberti. Tiempos de hambre democrática y miedo, mucho miedo. Autor: ANTONIO CAPARROS VIDA

. P. Silva acababa de reaparece con una chica y dormían allí, en la habitación del fondo izquierda del citado saloncito-comedor, después de llevar varios años fugitivo tras aquel nefasto día en que “La social” fuera a buscarlo a casa de su madre, cerca del mercado principal del barrio. Habíamos quedado a medio día para jugar una partida de ajedrez, aun pendiente.
    Jacinto ha muerto. Lo dice la página web de la Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo en un artículo laudatorio en donde se señala su bondad. Yo añadiría mas: hubiera sido el apóstol preferido de Jesús; el carismático filántropo judío en el que él siempre creyó y yo no. Jacinto fue, para mi, un maestro, un educador del pueblo; de esos que te hacen recobrar la fe en el ser humano, modelo de vida entregado a los demás.
    Corrían tiempos difíciles: la droga nos circundaba y la violencia política también.  Guardia Civil, “grises” y paramilitares  se empleaban a fondo con quienes  (como él) reclamaban dignidad y, sobre todo, libertad; esa bandera de los pueblos sometidos.
    Jacinto Matarín, con sus defectos (los tenía, sin duda) y sus virtudes, con su extraordinaria paciencia para con los adolescentes  pobres e incultos que le rodeábamos nos fue modelando con su ejemplo, su generosidad, templanza, su  moderación... nos fue enseñando cómo pedir la palabra en una asamblea de aspirantes a ciudadanos, cómo argumentar posiciones ideológicas, cómo crear instrumentos sociales de defensa ante aquel Goliat que era el Estado criminal que nos tocó sufrir. Su coherencia y autenticidad hacían de él un hombre excepcional. También su fe en el Dios de los cristianos le debió de ayudar en aquellos días sin esperanza.
    Descanse en paz mi buen amigo, siempre rodeado de humildes,  necesitados, de hermanos. El Palo, su gente, te debe mas de lo que cabe imaginar. Y te mereces, al menos, un recuerdo en la vía pública de nuestro entrañable barrio que nunca te olvidará, al menos, mientras yo exista. Porque, a pesar de lo que pudiera parecer, siempre te tuve afecto y te recordaré con cariño.

                                Antonio Caparrós Vida
   


Con el ruego de su publicación.
Gracias

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