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Actividades y talleres
De El Palo al zen oriental

23/06/2013.

Un centenar de mayores de este distrito se han »enganchado» a las clases de yoga, tai chi, y chikung que el Ayuntamiento realiza en el parque de playa Virginia Mientras que los jubilados británicos o alemanes siempre se han sentido como los »reyes del mambo» con dinero y posibilidades para vivir mejor y más tranquilos, aquí un concepto de sociedad antigua y patriarcal en el que se partía de que la senectud era un proceso terminal, ha provocado, en muchos casos, que los pensionistas »autóctonos» no sepan disfrutar de su ocio y de su tiempo libre. Fuente: Diario Sur.

Jubilados de la brriada, enganchados con el Yoga

Jubilados de la brriada, enganchados con el Yoga

Afortunadamente, de un tiempo a esta parte la europeización (que desgraciadamente solo llega en algunos campos) está cambiando la definición de 'viejo' (con perdón) asociada al final de la vida y los mayores se están liberando de estas ataduras de un sinfín de maneras.

Una forma de liberación es la de cerca de un centenar de mayores de El Palo que están 'enganchados' a las disciplinas orientales como el yoga, taichi o chikung, que durante el verano se realizan en el parque de playa Virginia (jardines Alberto Suárez alias Pipi). Concentrados, un grupo de una veintena, a las órdenes de la monitora Cristina Osuna, que les pide que se preparen para la postura Utitta Trikona Asana en pareja, a la que se suma la concejal del distrito del Este, Carmen Casero, que en esta jornada, como en otras ocasiones, viene a supervisar la actividad.

«Pero te tienes que quitar los zapatos», le dice la monitora a Casero que, haciendo honor a su apellido, lanza una sonrisa socarrona como si no estuviese muy convencida.

Detrás, María Díaz, de 57 años, cuenta en un receso lo que para ella ha sido el yoga: «Me ha cambiado la vida, y lo digo de verdad. Antes tomaba mucha medicación y ansiolíticos, y ahora la he reducido muchísimo. Me transmite mucha paz». A su lado, María Jesús Pérez, que explica que ha fue la primera mujer empresaria que introdujo el jamón de jabugo en Barcelona. «Tenía tiendas por toda la ciudad y era analfabeta. Pero he leído mucho y me he instruido mucho y ahora estoy aprendiendo de verdad a escribir y me estoy sacando el graduado escolar. Soy de Isla Cristina (Huelva), pero me voy a quedar en Málaga», cuenta casi sin que se le pregunte. ¿Y el yoga? «Desde que hago yoga duermo, y no conseguía hacerlo más de dos horas al día».

El grupo de taichi, con los monitores Félix Sánchez, Mariano Díaz y Pepi Alcaide prosigue su trabajo, mientras que enfrente la monitora de chikung (gimnasia china de relajación), Amparo Soto, está culminando su clase. «Es muy relajante», afirma María Luisa Romero, de 68 años, que está al lado de Consuelo Casals, de 84 años.

Casero cuenta satisfecha que los 60.000 euros que gasta el distrito al año en estas y otras actividades «es el dinero mejor invertido. Muchos están muy solos en sus casas y con mucho tiempo libre. Aquí disfrutan, socializan y hacen amigos. Ayer me contaba un hombre del taller de cocina que en su vida había frito un huevo y que ahora lo hace tan contento como si fuese un cocinero profesional y que a su mujer le encanta». Mientras la ciudad bulle, ellos se relajan en este remanso de paz a la sombra de los pinos.

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