Asociación de Vecinos de El Palo

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El Tour de... El Palo

25/07/2013.

Pues aquí tenéis otra vez a «El Paleño», que vienen a molestar de nuevo un rato y que, por cierto, ha decidido, sin encomendarse a divinidad alguna, ni acudir al Registro Civil –esto último, todo sea dicho, por si a alguien se le ocurría aplicarme algún copago para compensar el desgaste de mostrador o de suelo-, cambiarse de nombre... ¡Hombre! ¡De nombre, de nombre, exactamente, no! Para ser preciso, más bien de apodo, porque mi nombre seguirá siendo el mismo, que para eso me lo puso mi madre. Pero el apodo, amigo mío -como las declaraciones de algunos políticos y ciertos tesoreros-, sí que se puede cambiar cuantas veces uno vea conveniente por exigencias del guión. Fuente. Asociación de Vecinos-as

Así que a partir de ahora seré... “El Paleño Perspicaz”. Es verdad que la palabra “perspicaz” es de pronunciación más trabajosa que “observador”, pero a cambio refleja mejor mi actitud ante las cosas, que no es sólo de mirar y callar, sino de mirar y analizar. Y en eso, un perspicaz es mejor que un observador. Y, ¡caramba! ya que el diccionario cuesta lo mismo tanto si usamos 100 palabras como 1000, lo mejor es sacarle partido a ese libro y estrujar las palabras, que para eso las hemos pagado y, sobre todo, porque no están los tiempos para tirar nada, ¿verdad? ¡Ni siquiera las palabras!

 

¡Pues ya está hecha la entradilla! Así que... ¡Empezamos!

 

Pues –y como en los cuentos, el ‘Érase una vez’- iba yo, el Paleño Perspicaz, caminando hacia el oeste con el fresquito del levante por nuestro bien carente de fuentes pero, a la vez, exuberante en papelitos paseo marítimo de El Palo, cuando de pronto, algo se desliza junto a mí a toda velocidad. ¡Pero algo gordo, bien gordo1 ¡Pero gordo y grande de verdad! ¡Y claro! ¡Lo primero que me vino a la cabeza es que un tábano de otras latitudes se había venido a Málaga a veranear, y no había tenido mejor idea que adelantarme a 200 por hora por la derecha, como diciendo: “¿Qué pasa, Paleño? ¿Eres tortuga o caracol? ¡Que a esa velocidad hasta los árboles crecen más deprisa que tú, tontaina!” Pero luego pensé que ésta no era temporada de tábanos, ni me sonaba haber visto ofertas de “tour-operadores” dirigidas al fascinante y muy desconocido “turista-tábano”, y con todo el dolor de mi corazón, tuve que descartar tan fascinante explicación –lo cual me quitó un peso de encima, porque... ¡a ver cómo lo contaba luego yo!

 

Así que como hacía todavía un poco de calor, y no quería sobrecalentar mi cerebro, decidí que, en vez de especular, lo mejor era entornar mis ojillos y, aún con el sol de frente, –ese sol tan estupendo que da nombre a esta costa, y que desde luego, y entre vds. y yo, ¡seguro que no dejó calvo al que se le ocurrió el nombre!- tratar de distinguir qué era ese objeto supersónico -¡y gordo! ¡No olvidemos que era muy, pero que muy gordo y grande!- que me había pasado rozando a milímetros de mi brazo derecho y, que de haber sido yo un dibujo animado, me habría impelido una fuerza de rotación tal que ríete tú de las pocas horas que tarda el planeta Júpiter en girar sobre sí mismo, planeta, que por cierto, ¡es gordo, pero que muy gordo!, como el fenómeno que acababa de acontecer.

 

¡Ya está! –pensé. ¡He sido abducido por uno de esos ovnis low cost, que vienen de Ganímedes, me han explorado entero porque consideran que yo soy el mejor representante de la especie humana, y cuando se han cansado de mí, me han depositado en mitad del circuito de Catalunya el día del gran Premio de España de Fórmula 1, y lo que acaba de pasar rozándome era el Red Bull de Sebastian Vettel!  O... ¡Espera, espera! ¡Qué va! ¡Lo que pasa es que me han materializado en mitad de la etapa reina del Tour de Francia, y lo que acaba de rozarme era Alberto Contador bajando desde Alpe d’Huez sin frenos y pedaleando con el plato grande y el piñón pequeño!

 

Pero no. ¡Qué va! ¡No acerté ni una! En cuanto mis ojos se acostumbraron a la intensa luz, mi cerebro me dio la respuesta. Ni un tábano, ni una noria desbocada, ni el AVE que se había salido de la vía, ni siquiera una paellera gigante. ¡No! Lo que acababa de pasar rozándome era... ¡un chaval en una bici! ¡Que sí! ¡Que os lo juro! ¡Que hay bicis que van a tanta velocidad que parece que llevan un motor GTI de 16 válvulas, como el Golf! Pero enseguida me di cuenta que la bici no corre.... ¡si alguien no se sube en ella! Así que las 16 válvulas no estarían en la bici, sino en las piernas del chaval... ¡Benditas piernas!

 

¡Pero vamos a ver, pedazo de animal de bellota! ¿Qué carencia de sentido común –tan pocas luces, que diría mi abuela- tiene alguien que por una acera de un paseo marítimo bien despachado en peatones se pone a circular en bici a la velocidad de Fernando Alonso cuando trata de ponerse el tercero saliendo desde la novena posición en el gran premio de Gran Bretaña? ¿Qué empeño en provocar una desgracia puede tener alguien que corre en bici por una acera atestada de gente a la velocidad de la nave Enterprise cuando alcanza velocidad “warp 5” –que es como decir muy, muy, pero que muy  rápido?

 

¡Hombre! ¡Que uno también sale en bicicleta de vez en cuando, y el que os escribe casi sube la rampa de El Candado sin bajarse de la bici! Así que ciclista, ciclista... ¡casi soy!, y algo conozco del tema. Y precisamente por eso, me doy cuenta de que, independientemente de que siempre hay descerebrados –como el bici-tábano que me pasó rozando el otro día- en todos los entornos, lugares y actividades, también me doy cuenta de que muchos ciclistas van por la acera porque no tienen otro sitio por donde ir si quieren llegar vivos o enteros a su destino. Porque esto de circular en bici es como luchar contra la ley de la selva y del más fuerte; todo a la vez, pero sin que ningún director haga una película sobre tu hazaña.

 

Porque vamos a ver: si uno fuese bici, y viviese en El Palo, ¿qué preferiría? ¿Ir por la avenida de nuestro ilustre Juan Sebastián Elcano luchando –como él- por conquistar un poco de ecosistema contra el autobús 11, el camión de cemento, la motovespa y el conductor del monovolumen que viene mosqueadísimo porque le han rebajado el sueldo un 25%, sabiendo que no tiene nada que hacer en esa lucha a muerte; o ir por la acera sorteando viejecitas, niños, patinetes, parejas y paleños perspicaces, sabiendo que les protege la impunidad total –y el sol de frente, dicho sea de paso-, la velocidad de la bici, y la dureza del metal frente a la blandura de la piel y los huesos, sabiendo que así llegará entera a su destino?

 

Pues hombre. Si yo fuese bici, casi, casi, elijo lo segundo... Pero sin molestar a nadie, ¿eh?

 

Y digo yo: si cada vez hay más gente en bici, porque cada vez tenemos menos dinero para gasolina, y somos más en el planeta, ¿a nadie se le ocurre ejercitar el famoso “ordeno y mando” para que hagan un carril-bici por alguna parte del Litoral Este? ¡Caramba! ¡Es que el paseo marítimo de mi amigo Banderas no sólo tiene fuentes cada 20 pasos! ¡Es que también tienen un pedazo de carril-bici espectacular que va desde el puerto hasta casi donde se acaba la tierra conocida, que dicho sea de paso, se llama Sacaba (otro graciosillo, como el de la Costa del Sol)!

 

¡Y que no me cuenten historias de que el Banderas es llano, ancho y liso! ¡Que no, hombre! ¡Que por el lado de El Candado y hacia La Cala bien que encontraron hueco para hacer una autovía de 4 carriles y una mediana, aunque por la pared de El Candado los peatones tengan que pasar de perfil y casi sin respirar, porque no se cabe! Entonces, ¿qué pasa? ¿Es que un señor Ingeniero de Caminos o un Jefe de Topógrafos puede ‘colarnos’ 16 metros de ancho de autovía por donde parecía imposible, y no son capaces de encontrar por donde colocar 2 metros de anchura de carril-bici para los futuros Indurain, Contadores, y ‘Puritos’ Rodriguez? ¡Que no me lo creo, caramba! ¡Que no!

 

Es que como no hagan pronto un carril-bici desde La Malagueta hasta El Candado, va a estallar pronto la tercera guerra mundial entre peatones y ciclistas, o la primavera árabe entre los ciudadanos y los concejales malagueños. Que hay mucha bici, mucho cafre suelto, y muchos peatones. Y que no todo se arregla poniendo multa de 60€ ó 90€. ¡Que no! Que el ciclista tiene derecho –y necesita- disfrutar de su propio carril.

 

Que miren vds.: que casi prefiero cambiar –como los cromos- mi deseo de tener fuentes en el paseo marítimo de El Palo por el deseo de tener un carril bici. ¡Uno solo! ¡Que sirva para ir y para volver! Porque la sed se aplaca llevando una botellita de agua. Pero lo que puede desencadenarse si un ciclista se lleva por delante a un peatón, eso... eso no lo aplaca ni una botellita, ni una garrafa, ni un aljibe.

 

Señores concejales, y señor alcalde: que aunque no todos seamos ciclistas, todos somos, tarde o temprano, y al menos una vez en la vida, peatones. Pensemos en ellos, y hagamos un carrilito-bici para los ciclistas. Sólo un carrilito, aunque sea. ¿Sí? ¿Puede ser?

La Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo, ya dice "Basta" queremos
dejar de ser rehenes del Pp y del Psoe que enfrentar continuamente a los
ciclistas y los peatones en el Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso, con el
ruin fin de cosechar votos cuando explote el problema. Ser los paladines.
Pero nosotros, decimos Basta, cansados estamos de ser moneda de cambio de
estas administraciones. Queremos que pongan fin a este conflicto. Lo
exigimos. Ya no más medias tintas. Mercedes Pirez Presidenta

 

                                                                            Julio del 2013

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