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Ecología y medio ambiente
Ser o no ser, esa es la cuestión

26/08/2013.

La arquitecta María Eugenia Candau aporta su experiencia en la Gerencia de Urbanismo de Málaga para analizar los Baños del Carmen. Hace falta ser genial para decir de una forma breve y eficaz algo tan verdadero y relevante y él lo fue, aunque periódicamente, nos preguntemos quien era él. Fuente: Diario La Opinión de Málaga

La masa formada por los eucaliptos de los Baños del Carmen forman una barrera verde que aisla a todo el entorno del bullicio del tráfico y de la ciuda

La masa formada por los eucaliptos de los Baños del Carmen forman una barrera verde que aisla a todo el entorno del bullicio del tráfico y de la ciuda

He dedicado gran parte de mi vida, muchos esfuerzos y reflexiones a la defensa y protección del Patrimonio. Y realmente sigo en ello aunque no sé si afortunada o desafortunadamente, sin ninguna autoridad si es que alguna vez la tuve.

De todos los argumentos con los que gustaba justificar mis afirmaciones que son muchos, algunos generalmente compartidos otros dudosos, debatidos, increíbles... Este era uno de los que más me gustaban «el incalculable valor de la existencia, el ser».

Hoy quiero hablar de los Baños del Carmen y me gustaría basar toda mi argumentación en su ser porque los Baños del Carmen son; es algo verdaderamente incontestable. Pero el ser como aquí se entiende no es cualquier cosa, es ser un enclave fundamental en la imagen de Málaga, ser es constituir parte de muchas vidas, permanecer de forma indeleble en la memoria colectiva.

Realmente no hace falta proteger los Baños del Carmen , están protegidos pero de mi experiencia en Planeamiento sé que la protección no es una garantía. Los edificios protegidos también se caen y ahora qué. Sanciones, procedimientos, denuncias... o simplemente nada... «ya no son, esa es la cuestión». ¿Es eso lo que queremos?

Planteo este interrogante a todas las instancias, ciudadanía, memoria colectiva, usuarios en amplio sentido, vecinos, autoridades, Ayuntamiento, Jefatura de Costas... gestores del conjunto, propietarios de la concesión... y realmente, dada su situación, lo planteo con urgencia...

Ciertamente es algo difícil de entender que un lugar tan hermoso esté tratado con tan poco aprecio. Y esa es básicamente «la cuestión» porque, pienso, que el aprecio es la única forma eficaz de protección, sólo sabemos cuidar lo que amamos.

Singularidad. Los Baños del Carmen representan, aunque sólo fuera por su singularidad topográfica, un enclave fundamental en la imagen de Málaga. Siguiendo a mi insustituible Alois Rielg, representan, además, un caso paradigmático de atribución del valor de «lo antiguo». Ante cualquier actuación se despierta un estado de opinión que casi podría resumirse en: ¡mejor, déjalo como esta! Desgraciadamente esto ya no es posible. Se mezclan argumentos paisajísticos y ecológicos, opiniones científicas y profesionales pero lo que aquí interesa es el sentimiento rememorativo entre la población en un sentido muy amplio.

Existe un equilibrio tan delicado y tan frágil entre su ser actual y el discurso del tiempo, hay tantas condiciones que podrían tomarse por banales y que no lo son porque, precisamente, forman parte de su peculiar esencia. Que, sin duda, es difícil tocarlos sin alterarlas.

En el recorrido lineal de la costa, uniformemente convertida en playa significan una singularidad por su perfil rocoso donde se produce una relación con el mar diferente, un sonido distinto del agua, una entrada aventurada en el mar (quizás con unas cangrejeras) saltando de roca en roca, ¡cuidado con el musgo¡ Esta singularidad le confiere, en aplicación de las doctrinas de Rielg, un valor de contemporaneidad o artístico en razón de su unicidad «lo único se convierte en un tesoro, en una obra de arte».

Y el paseo marítimo ¿ porque esa obligada uniformidad del paseo marítimo? No está hecho para paradas militares. ¿No puede ser serpenteante, azaroso cambiante como es la costa misma?

Bálsamo verde. Hay una explanada, que fue camping, fue aparcamiento de carruajes, algo mas baja que la carretera y ocupada por grandes eucaliptos. Estos árboles no son objeto genérico de protección alguna, incluso expertos y ecologistas los consideran no autóctonos, lo que evidentemente son, emigrantes que no se ven con buenos ojos. Constituyen, sin embargo, una gran masa verde de aroma balsámico y forman un telón de fondo que hacen del conjunto un gran florero verde sobre el mar azul. La diferencia de cota y el aislamiento de la carretera le confieren esa «soledad y apartamiento del solitario bosque» que tanto agradaba a Garcilaso y que todas las propuestas se empeñan en romper. No es banal esta cuestión para comprobarlo sólo tienes que bajar y oír cantar a los pájaros en una mañana de tráfico intenso.

Existe una gran terraza con sus bordes irregularmente atacados por el mar desde donde se da una visión panorámica resumen de la imagen de la ciudad.

El balneario es un edificio cuadrado, simétrico y austero con grandes cristaleras cubierto por una terraza que fue visitable pero ya difícilmente lo es, con su minúsculo pabellón acristalado de cubierta a cuatro aguas con vuelo generoso y bordes ligeramente levantados (el típico Lozano que favorece que agua de lluvia no chorree la fachada). Esta terraza esta bordeada por pequeñas columnillas, 7 en cada una de las cuatro caras, (mas adelante comprobaremos que faltan más de la mitad) con lo que esa pérgola ligera con airosas mensulas en las esquinas como las alas de una mariposa dispuesta a emprender el vuelo ya no existe. La barandilla de la terraza de madera de generosas escruadrías y un despiece rectangular, tampoco existe ya, tenía un aire inequívocamente japonés, como una casa de té sorpresivamente enmarcada por eucaliptos y palmeras.

He visitado la exposición de la propuesta presentada por la Entidad Concesionaria con ilusión y esperanza. Evidentemente hay que valorar la intención de mantener los valores rememorativos y de contemporaneidad que la ciudadanía le ha otorgado. Porque ¿para quién o para qué restauramos?
Si hemos de atender a las teorías más contemporáneas, no se hace para la verdad, ni la ciencia, la cultura o el arte, se hace para los usuarios, para aquellos para quienes estos objetos significan algo. Para los que reconocen su significado.

Pero esta intención, lamentablemente, y a pesar de los valores humanos y profesionales del autor de la misma, al que admiro y aprecio, son mas literales que efectivos.

Cambios. El pedregal no se mantiene, se recrea a 5 ó 6 metros. Lo que significa avanzar la línea marítima con la consiguiente complicación que podría suponer. Esto puede comprobarse en el plano 05, donde la actuación se superpone a la foto aérea de estado actual. Con lo que ese valor de unicidad se frustra a cambio de una pasarela peatonal que altera radicalmente la condición del conjunto.

El borde irregular de la terraza, testigo de tantos ataques y rompientes, que el mar ha trabajado tanto por crear, se queda limpio, geométrico, pulido, y se le coloca abajo un babero de madera que él tardara poco en comerse.

La actual portada y el pabellón de la entrada no se mantienen lo que altera los límites y la unidad del conjunto, el concepto de acceso único a un espacio privilegiado su esencia, en definitiva, su ser. Tampoco se recuperan las columnillas ni la pérgola de la terraza, la airosa mariposa nunca podrá emprender el vuelo.

«La soledad y apartamiento del solitario bosque» que tanto agradaba a Garcilaso se destroza a cambio de unos cuantos coches (muchos menos si tenemos en cuenta las rampas de entrada y de salida) y otro paseo para paradas militares de casi 10 metros. Se crean unas rampas en diagonal (¿ hasta cuándo estaremos expuestos a los dictados de la deconstrucción?) que continúan el machaque implacable de «la soledad y apartamiento». Y aun otra pasarela lanzada a las profundidades del mar. En la esquina más recóndita se sitúa un equipamiento deportivo y un pequeño anfiteatro que incrementa la acumulación de objetos y, consecuentemente, el presupuesto para la intervención.

El hotel. En relación con este dato nos referiremos a la propuesta del hotel. Por descontado no entramos a analizar dicha propuesta porque así es como está expresado en la exposición. Se trata únicamente de generar fondos para la regeneración del conjunto. Es dudoso que una actuación de este tipo en la situación actual sea rentable, incluso mas que suponga un excedente.

De todas formas éste es, en gran parte, el problema, porque plantear una edificación en una zona verde es generar automáticamente un informe negativo. No puede ser de otra forma.

Entiendo que si se planteara en una primera fase una actuación mas modesta, sin rampas pasarelas, edificaciones cuyo uso no es inminente. Simple, necesaria y correcta rehabilitación de lo existente, tanta financiación no sería necesaria ni tanta complejidad administrativa, ni tanto hiriente debate.

Una vez realizado este auténtico ejercicio de evergetismo que es lo que el lugar y la ciudad esperan, podrían plantearse las propuestas y consiguientes modificaciones de Planeamiento que fueran procedentes.

De no ser así entiendo que la entidad responsable o, en su caso, el Ayuntamiento deberían plantear la clausura del conjunto por el riesgo que su uso en las circunstancias actuales supone, empezando por retirar, con las exigidas cautelas, los 8 depósitos de uralita inservibles que permanecen allí.

*Mª Eugenia Candau es arquitecta. Funcionaria de la Gerencia Municipal de Urbanismo

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