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Opinión
"TODOS HACEMOS LO MISMO"

14/12/2013.

Repite una y otra vez la edila mayor, ex o no, de Manilva, no sé si para convencerse ella, para convencernos a los demás, o también para justificarse y explicar su «manera de proceder», anteponiendo la prevaricación de poner a familiares y amigos por delante de otra consideración para ocupar puestos de responsabilidad, insistiendo que lo hacía «como todos lo deben hacer también», según su insistente versión de las cosas tal y como se empeña en hacerse y en hacernos creer. Texto: ANTONIO GARCIA GOMEZ

Y probablemente no andará muy desencaminada, y tal vez hasta ande laxa de conciencia propia creyendo que no ha hecho algo que no hubieran hecho “todos” los demás.

            Algo parecido a lo que argüía el Jaume Matas, expresidentes balear, otro “ojito derecho” del inefable Rajoy, insistiendo que “su favor pedido y concedido para que su mujer tuviera un trabajo, por la cara y sin desempeño alguno que realizar, de a 3.000 euros al mes” era algo que hubiéramos pedido todos, de haber podido según él, para nuestras esposas y demás allegadas.

            Y lo dicen y lo repiten y nos incluyen a “todos”. . .

            ¡ Y no!. .  .¡todos no hacemos lo mismo!.  . .no sé si para bien o para mal, para su vergüenza o su desvergüenza. . . para nuestra tranquilidad o desaire, . .  .pero ¡no todos hacemos lo mismo!.  . .ni muchísimo menos, y los hay con la conciencia tan consistente para permitirles mantener su cabeza bien alta y firme.

            Y así recuerdo que mi abuelo, en Bilbao, en plena postguerra del mercado negro y la doble y triple farisaica moral oficial, regentaba una carbonería, efectivamente materia prima de primerísima necesidad,  y jamás escondió un saco en la trastienda para venderlo por encima del precio oficial, y jamás se enriqueció perversamente, mezquinamente, sobre la necesidad de sus “vecinos y convecinos”, como muchos, ¡no todos! hicieron, enriqueciéndose hasta la obscenidad “más honorable”. .  .y sabía, supo y no quiso, que podía haberse hecho “millonario”.

            También recuerdo que mi padre, comerciante local, laborioso y floreciente, en una ciudad castellana de movimiento febril y fabril, en sus mejores años, más de una vez recibió la oferta de hacerse cargo de deudas, hipotecas y embargos inminentes de “vecinos y convecinos” caídos en desgracia, para jamás haber perdido más de unos pocos minutos en rechazar tal tipo de tropelía por muy legal y conveniente que se le presentara, sabiendo muy bien también que esa negativa le impidió haber podido enriquecerse hasta lo execrable.

            Solo dos ejemplos, vividos en familia y de manera normalizada y natural como para no aceptar la aseveración de quienes pretender ensuciarnos “a todos”.

            ¡No todos hacemos lo mismo!, por mucho que demasiados lo hagan sin mayores rubores.

            ¡No todos chapotean en el lodazal de una existencia amoral y codiciosa!, por mucho que pretendan disimularse en la foresta de tantos sinvergüenzas que ha rapiñado cuanto han podido y más, sin el menor de los escrúpulos, condenando a “sus vecinos y convecinos” a un espectáculo nauseabundo y ponzoñoso, como para que tengan que gritar, clamar en el desierto de la impune desfachatez.  . . quienes no observan un comportamiento canalla y corsario, porque las fechorías tienen sus autores que las protagonizan, frente y contra “sus vecinos y convecinos” que reclaman una sociedad justa y honorable, limpia de trapaceros y delincuentes.  . .por mucho que se expliquen y exculpen como ruines y contumaces “vivales” pillados en falta.

            Por una recompensa de “humana y fraternal” honorabilidad, sin medallas, llevadas en la intimidad la gratificación de haberse sentido siempre cerca de “nuestros vecinos  y convecinos”

                        Torre del Mar 19 – diciembre – 2.013  

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