Asociación de Vecinos de El Palo

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Cultura
EL ACTOR

21/12/2013.

Sobre las tablas de la vida, desde las profundidades de su mirada azul desierto, azul salmarina, azul intenso, azul transparente, azul cercano y frágil, el actor sobre las tablas de la interpretación interiorizada y sobrepasada. tTexto. ANTONIO GARCIA GOMEZ

como un ciclón, como una galerna súbita, como una calma inacabable sobre las aulas de la vida que son acerbas e impredecibles, desde la magia de la dramatización que es el verbo y el gesto, la palabra y la pasión, contenidas, justas y exactas, rebosantes de mutis, desbordadas de guiños y poses frente a la cámara, frente al espectador que ama la historia, que goza y sufre con el personaje, que vive ingenuamente libre entre los recovecos de las historias tan simples o tan complejas, como son las pequeñas grandes gestas interpretadas por nuestros actores favoritos.

                        Peter O´Toole enamoraba, nos enamoraba, enarbolaba, nos enardecía, nos contagiaba de su mirada tierna, eterna, prolongada más allá del horizonte que parecía contemplar, enamorado de sus interpretaciones tan distintas y tan iguales, porque siempre era Peter O´Toole el actor que nos turbaba desde la indecisión invencible de sus poses y sus discursos, de sus gestos y sus anhelos, recogidos, lanzados con la fuerza de quien ama la vida aunque sea incapaz de comprenderla.

                        Peter O´Toole desde el grandioso Becket, haciendo de Enrique II, obligado a condenar a su amigo Tomas Becket, descubriéndonos la falsaria acomodación del poder, desde la debilidad de su mirada huidiza, hacia el maravilloso Míster Chips, tan clásico, tan puro, tan perfecto, tan académico, con su Petula Clark enamorándonos a cuantos estrenábamos primera juventud, para darnos de bruces con El león en invierno, en lucha titánica de dos monstruos de la pantalla y la interpretación, Katherine Hepburn y Peter O´Toole, en un rifirrafe de puro e intensísimo teatro en carne viva, ateridos en la soledad de sus castillos empantanados, desolados de tanta desnudez abierta en canal por dejarse adivinar, por regalarnos la pasión, el instinto, la ambición y el desamparo que nos va pulverizando, mientras nos quedaban las miradas celestes de los dos grandes, de Peter y Katherine, Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania.

                        Peter O´Toole al fin vagando solo, sobre las arenas del desierto de Arabia, contemplando el mar que bañaba la ciudad de Acaba, volando sobre las olas ardientes del desierto, intenso y ardiente, curtido y siempre frágil, infinitamente frágil y humano, decididamente nuestro, el coronel T.E. Lawrence, Peter O´Toole, en nuestras retinas emocionadas, en nuestro pecho, abrazados a la pasión que nos contagió el gran maestro, el gran Peter o Lawrence o Mr. Chips . . . de cuando el cine era magia y grandeza frente a la pantalla en Cinemascope, en el cine Mecisa o en el Astoria, de mi pueblo, allá en las tardes de los domingos de mi juventud, en la ciudad de mis primeros avatares, dejándome cautivar por el gran cine, por la gran farsa, la única realidad que comprendíamos, . .  .mientras sentíamos que la mirada de Peter O´Toole no podría desaparecer jamás.

            ¡Descanse en paz!

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