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Opinión
SUS DEDOS
La cara más dura de la esperanza. Juan de Sola

23/01/2014.

«Sus dedos son capaces de soportar quince horas desnudando gambas». . . Tan cerca de nosotros, en Tánger, con sus dieciocho años recién cumplidos, como un caso más entre millones, un caso anónimo, insignificante, invisible, un caso más en el centro de la «injusticia perfecta», un caso más como otros miles tan cerca de nosotros como para pasar desapercibidos, inapreciables, intangibles y absolutamente desvalidos en el tráfago de la vida sometida por la injusticia más abominable. . . que todos los días amanece y anochece al paso cansino de los días y las noches, mientras seres humanos sobreviven en el silencio y en la invisibilidad más absolutas Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

“Está obligada a sumar entre cinco y seis kilos diarios de gambas para cumplir con lo encomendado, y de no ser así, deberá permanecer en su puesto de trabajo hasta aproximarse a la cantidad establecida . .  .”

            “Dificilmente logra ver el sol. Duerme de tarde y el resto del día es para trabajar. Traspasa la puerta de su fábrica, cuando el resto de los mortales comienzan a conciliar el sueño. Son las dos de la madrugada y los dedos de Noura comienzan a desmenuzar gambas”.

            A la misma hora que nosotros hemos logrado conciliar el sueño. A la misma hora en que nuestros sueños iluminan el descanso que creemos merecido, a la misma hora en que las pesadillas inquietan nuestras abotagadas digestiones.

            “El frío en el hábitat laboral se hace notar con malicia porque la materia prima procede de grandes congeladores a decenas de grados bajo cero. Cada kilo recolectado, se traduce en 12 dirhams , cerca de 1 euro, para cada obrera, quien a final de mes logrará reunir alrededor de unos 110 euros. Noura entregará su magro sueldo a su sueldo para ayudar a la pura supervivencia”.

            En el silencio más cruel

            “Una y otra vez repite la palabra cansancio. Confiesa que no será la última ocasión en la que se acueste sin cenar. Después de quince horas resulta fácil adivinar el alto grado de agotamiento. Su estómago está más cansado que apetente. De repente, como una auténtica enamorada de la sinceridad, espeta: “me siento como una esclava”.”

            Solo quedan las miradas como ausentes, vacías de emoción, estragada la vida que permanece, sin embargo, anhelante, superviviente. Las conciencias van destilando sangre y lágrimas en silencio sepulcral, porque solo cabe recogerse en un ovillo y perderse en el miedo . . . de no volver a despertarse, . . .tras una mueca instantánea de alivio, como si de una media sonrisa se tratara.

            Tan cerca y tan lejos de cada tragedia mínima, insuperable, en el rincón más insospechado, tras la pared que creemos inalcanzable, porque es muda y sorda, porque no tiembla cuando el sollozo de la desgracia y la injusticia es incontenible.

            Con todo el peso de la pena en nuestra responsabilidad, en la responsabilidad inasumible de los miserables que no desean saber nada de cada caso inhumano, injusto, impresentable, cruelmente olvidado.

            Torre del Mar 20 – enero – 2.014

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