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Vocalía de Flamenco
José Menese a la luz de la Cátedra

26/01/2014.

Fue Fernando Quiñones quien por primera vez, en una reunión de la Cátedra de Flamencología de Jerez, glosó la calidad de un joven cantaor de La Puebla de Cazalla: José Menese, que se había afincado en Madrid. Al entrar, en 1963, a formar parte del Tablao Zambra, la maestra bailaora Rosa Durán y el guitarrista Perico del Lunar, ambos jerezanos, nos enviaron una grabación del espectáculo de Zambra, en el aparecían cantes de José Menese. En una amplia reunión lo escuchamos detenidamente, llegando a la conclusión de que en plena etapa de revalorización flamenca en todos los órdenes, resultaba un hallazgo la figura de un artista joven, con tan valiosa actitud y conocimiento de los estilos. Recordemos que por aquel entonces el gran escritor y flamencólogo Fernando Quiñones, publicó el siguiente comentario sobre el arte de Jose Menese: «Recién dejada su adolescencia, escuchar a José Menese encararse de frente, como David con Goliat, con las terribles siguiriyas cabales de Silverio, o con las más febriles tonás de cualquier anónimo cantaor del dieciocho o de diecinueve, mete escalofrío en el alma». Texto: Manuel Ríos Ruiz Fuente: Jondo web.es

Naturalmente, desde ese momento en la Cátedra seguimos con gran interés la trayectoria de José Menese, con la particularidad de otorgarle el Premio Nacional del Disco por el titulado “Cantes de José Menese”, con letras de Francisco Moreno Galván, coincidiendo que el mismo año, 1965, también le fue concedido en Premio de Honor Tomás El Nitri, en le Concurso Nacional de Córdoba, formando parte del jurado miembros de la Cátedra.

A partir de tan señalados triunfos, José Menese se convierte en figura de los más sobresalientes festivales andaluces, sumando más galardones a lo largo de los años sesenta. Entre otros los siguientes: Premio de Siguiriyas en Marbella, premio de Mairena del Alcor, Popular del diario “Pueblo”, Saeta de Oro de Sevilla y Taranto de Oro de Almería. Y en sus actuaciones en centros culturales y colegios mayores consigue José Menese crear un especial ambiente entre un público joven, universitario y progresista a favor de la mayor difusión del arte flamenco, a través de sus coplas, la creadas por Moreno Galván, de intención contestataria muchas de ellas, así como en peñas flamencas, teatros y coliseos españoles y extranjeros, donde cabe destacar sus dos recitales en el Olympia de París, los años 1973 y 1974.

Es el momento en el que se plantea la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, la imperiosidad de otorgarle a José Menese el Premio Nacional de Cante 1974. Y el grupo escogido para ello de sus miembros, entre los que se encontraba quien os habla, analizó una serie de comentarios críticos sobre su arte, uno de los más significativos el firmado por el destacado periodista y musicólogo Ramón Chao, que decía: “Conviene juzgar a Menese por sus cualidades intrínsecas. Menese es el resultado de de la unión de una voz superdotada, con su tierra, del estudio, de la seriedad y de la conciencia: todo ello hace de él uno de los grandes cantaores de la historia del flamenco. Todo lo antes dicho, unido a una enorme capacidad de trasmisión, hace que la intelectualidad reclame a José Menese”, termina afirmando tan penetrante comentario. Así, tras una seria y compartida valoración, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, le otorgó a José Menese el Premio Nacional de Cante 1974.

Con tamaño motivo, el inolvidable y admirado Fernando Quiñones escribía: “El curso de los hechos parece hoy no contradecir aquella primera impresión inicial: al margen de los múltiples éxitos de José Menese, su deseo de rigor y de continuo perfeccionamiento no ha cedido un ápice. Nada se le ha subido a la cabeza, gracias a su irrevocable pasión por el cante”. Y añadía Fernando Quiñones en su escrito: “Pero el componente sustancial de la persona humana y artística de José Menese sigue siendo felizmente insobornable. Su intocada autenticidad, la del zapaterito de La Puebla que buscaba en las hondas guitarras nocturnas y en los campos y en la gentes humildes de su tierra una seria razón para vivir cantando, continúa tan en pié, creo, como su afán de superación”.

A partir del otorgamiento del Premio Nacional de Cante, por la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, determinados miembros de la entidad emprendieron la tarea gustosa de recopilar opiniones escritas sobre la personalidad artística de José Menese, las que andando el tiempo fueron recogidas en nuestro “Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco”. Entre las firmadas por el periodista y cineasta Pascual Muñoz, el poeta Blas de Otero y el flamencólogo Francisco Vallecillo. Pascual Muñoz ha dejado escrito: “Si notas que alguien te canta con sentimiento, con naturalidad, con realismo pero que no se abriga en tópicos al uso es que tienen ante ti la imagen de un cantaor de la cabeza a los pies, como es José Menese.” Por su parte, el admirado poeta Blas de Otero, apuntaba por escrito: “La voz que cierra y abre las palabra, el cante cortado de perfil. Voz acendrada ensanchándose desde dentro. La voz de José Menese.” Y Francisco Vallecillo, afirmó: “José Menese aduce a su favor de ese título de gran cantaor no gitano una enorme afición, una voz llena, rotunda y cargada de ecos jondos y un oficio cada día más pulimentado y más sensible.”

Y al llegar el año 2005, la directiva de la Cátedra de Flamencología barajaba varios nombres de artistas flamencos, tanto artífices del cante, como del baile y de la guitarra, para otorgar su Premio Nacional a la Maestría, la distinción máxima en el género. Después de largos cambios de impresiones, entre Juan de La Plata, Manuel Pérez Celdrán y quien suscribe, decidimos proponer al conjunto de los miembros de la institución la proclamación de José Menese, correspondiéndome personalmente redactar el escrito de la propuesta, que en uno de sus párrafos decía: “Su voz es solemne, tiene savia porque tiene tronco y raíces jondas. Suena antigua, legendaria, se levanta con fuerza y con apostura a la vez, y baja rumorosa y elegante, legítima, en los momentos precisos de cada tercio con cabal maestría.”

El Premio Nacional a la Maestría de 2005, se le otorgó unánimemente a José Menese. Consideramos que este galardón ha supuesto la culminación del reconocimiento a un artista flamenco que tiene, indiscutiblemente, su puesto en la historia de un arte que es Patrimonio Cultural de la Humanidad.

José Menese prosigue su trayectoria artística con el mayor lucimiento, en el escenario madrileño del Teatro de la Zarzuela, con ocasión de homenaje póstumo al inolvidable Enrique de Melchor, que tantísimas veces acompañó el cante con su magistral guitarra, el genio de La Puebla de Cazalla ofreció una actuación extraordinaria en calidad y jondura, interpretando una serie de cantes ad libitum, sin sonanta, en una pura lección de maestría. Una actuación digna de ser recordada siempre.

Y para terminar esta grata conversación, demos paso a la poesía, porque la poesía también le ha rendido pleitesía a José Menese, como no podía ser menos. Vamos a ofrecer dos muestras de esta lírica pleitesía. La primera “Soleares para José Menese”, original de José Luis Cano. Dice así:

Se oye una herida en el aire,
una queja de agua honda,
un reguero de alta sangre.

En la noche malagueña
cantaba José Menese
junto al agua negra.

¡Ay, qué pena la de Pepe
cuando a Juan García llevaban
caminito de la muerte!

Arde en la mar una zarza
y al final del martinete,
hasta las horas se paran.

La herida se queda sola
y sola se queda la sangre
y la voz se hace más honda.

A la luna le dolía
tanta soledad de muerte,
tanta libertad herida.

Un chorro de acero ardiendo
parte el pecho en dos mitades
y se aleja por el cielo.

En grito se hundió en el mar
y en la arena malagueña
lloraba la soleá.

Si Federico viviera
esculpiría tu voz
con verso de sueño y piedra.
Si Federico viviera…

Y como no dar lectura al poema titulado “A la voz de José Menese”, mágica obra del mágico inmortal Rafael Alberti, deslumbrado en la lejanía de su exilio por el cante verídico de un verídico bajoandaluz, que le había llevado a Roma anís y vino de parte de Daniel Zarza Vázquez y de Francisco Moreno Galván. He aquí el poema albertiano:

Tan solo penando
sin saber que un día
una voz que me vino de lejos
me consolaría.

Voz que me cantaba
los años oscuros,
la fatiga de todos mis muertos
entre cuatro muros.

El arranque ciego,
la sangre valiente,
ese toro metido en las venas
que tiene mi gente.

Basta y sobra con los poemas reseñados, para concluir la grandeza flamenca de José Menese, un cantaor de época en toda la extensión de la palabra

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