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Opinión
E L P A S E Í L L O

29/01/2014.

«Cuando se mueven los de abajo, los de arriba caen». Ángel Ganivet Incontrovertible y hasta inevitable o no, según las artes y mañas que velen por la buena imagen, a buenas horas mangas verdes, de la infanta, en mala hora, señora doña Cristina de Borbón y Grecia, por definición y asunción propia enamoradísima y tontísima, por ese orden o por el que se tercie según interese más o menos al decurso y discurso de la defensa, de su defensa a ultranza. Texto. Antonio García Gomez

Motivo de controversia y tertulia, de palmeros y contra palmeros, a favor o en contra del dicho paseíllo, a requerimiento legal y judicial del juez instructor, puesto en solfa por cierto, para preguntarle cuatro cabos sueltos, por lo visto, a la infanta vista en ese trance, con el personal, pues, controvertido en echarse en cara, defensas o acusaciones sin tregua, con los protagonistas en el candelero de sus contradicciones o no, mientras se libra, impoluta, de la morralla que arrastra, la inefable infanta, tan enamorada, tan altiva desde la atalaya de su posición privilegiada.

            Sin que se haya hecho hincapié en el repulsivo ejemplo y comportamiento de la tal, parapetada tras su papel de mujer ¿enamorada y entregada?. . . al maromo de su esposo, perillán y truhán y no por ello menos amado.

            Como si hubiera un trágala admisible, y más en una personajilla de tal relieve sin capacidad, por lo visto, de reaccionar ante las truculentas deshonestidades del esposo relevante, como para tomar nota y vómito revulsivo ante tanta caradura.

            Por mucho que ahora el centro de la discusión sea el paseíllo en cuestión, cuando a nadie parece importarle la indecencia del comportamiento, como si no hubiera nadie en el corrillo de la señora de aconsejarla, como si la señora, excelente por demás, no hubiera aprovechado para nada sus lecciones sobre finanzas y tal y tal, como si una baza a su favor fuera el ser mujer, esposa amantísima, tonta redomada. . . y que viva el tópico elevado a las urgencias del atolladero resuelto a su favor.

            Como para que nos importe una higa si la “señora” hace o no hace el paseíllo, vista ya su laxa conciencia, escasa sensibilidad ciudadana, nulo compromiso cívico, tan puestos “los duques recurrentes”, ambos dos, como para haber ciscado su fama y la de los suyos hasta la náusea más insuperable, por mucho que sean la infanta y su querido esposo, inocentes preclaros, culpables del choriceo de a granel, como dos bandarras de baja estofa, por mucho que se endilguen buenos modales en sus poses inenarrables.

                        Torre del Mar 23 – enero – 2.014

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