Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
SOBRE EDUCACIÓN

07/02/2014.

El otro día en una clase cualquiera de un 3º de primaria de nuestro sufrido país, con niños y niñas de 8 y 9 años como corresponde, se atareaban los propios en unos ejercicios de lengua encargados por su maestro, aplicadamente, sin que nada llamara especialmente la atención como para suponer algo fuera a ir mal, cuando uno de los ejercicios les pedía una cosa tan sencilla como para obligarles a que buscaran y escribiesen el significado de dos palabras: espuma y espumadera; tarea que los niños supieron hacer perfectamente; y desde luego buscaron, encontraron y escribieron el significado de las dos palabras. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

El maestro, intentando comentar algo sobre los ejercicios recién hechos, demandó a los escolares pidiéndoles que explicaran con sus palabras y sin mirar, qué era una espumadera, precisamente esa palabra que les podía haber resultado algo más difícil de entender . Sorprendentemente ningún niño supo explicarse. En su afán trabajador todos habían cumplido con su encargo sin haber parado mientes a lo que pedía el ejercicio, es decir descubrir el significado de las palabras en cuestión, habiendo cumplido lo exigido, mecánicamente, “perfectamente”, sin haberse enterado de nada.

            El maestro insistió y preguntó si algún niño había visto una espumadera de verdad, como para de esa manera poder explicar qué era una “espumadera”, sin que nadie supiera exactamente que era eso de una “espumadera”.

            Y lo curioso es que todos los niños habían hecho perfectamente el ejercicio, y si hubieran tenido que aprender de memoria el significado de la palabra en cuestión, la mayoría se lo hubiera aprendido de memoria y hubieran sacado un “10”, y se hubiera pasado al tema siguiente según exigencias del currículo y la programación, sin que nadie hubiera caído en la cuenta de que los niños no se habían enterado de nada.

            Es curioso cómo puede ir avanzando la progresión académica del alumnado muy ajeno a la realidad de un aprendizaje lógico, integral e individualizado. Como para que no se trabajase y trabaje la necesidad de enseñar y de aprender en una conjunción de ganas de descubrir lo que los niños necesitan saber por qué no lo saben, por ejemplo, tal vez porque lo importante es ayudarles a descubrir qué es lo que no saben mostrándoles qué es muy fácil llegar a “enterarse de qué se trataba”. . . porque al fin. . . todos pueden llegar a descubrir aquello que desconocen, si se les ayuda a ello, por ejemplo, asentándose en las necesidades de cada niño, de cada niña.

            Tanto como para enterarse cuando un niño, y más a esas edades señaladas al principio, se está asomando a la asombrosa y maravillosa aventura de aprender a leer, más allá de saber deletrear, como para que vaya descubriendo la lectura como el mágico vehículo que le muestre  tantas posibilidades nuevas como mundos inexplorados, sin que se le haga un todo hacia arriba, insuperable y atormentador, mientras se sufre la presión injusta de no poder llegar nunca a “aprenderse la lección”, simplemente y por ejemplo, porque no se sabe leer correctamente, porque la lectura se ha convertido en una tortura que no se domina, porque se va entrando en barrena hacia el abismo del ostracismo y la marginación, hacia el fracaso personal y la frustración injusta y cruel, sin que haya manera de que el niño sepa o pueda salir de ese injusto pozo frente al arrollador ritmo escolar que pasa por encima del alumno, por muy niño que se nos presente, por muy indefenso que se encuentre, por muy poco que comprenda nada, por nada o poquísimo que sepa leer y entender aquello que es incapaz de asimilar; pese a su fracaso académico que crece y aplasta a la par de la incomprensión más aterradora de un sistema escolar que no funciona.  . .si no se detiene en cada niño y no tilda de “apestados” irrecuperables a quienes no son capaces de superar los ítems prefijados para que el niño resulte “apto  o no” según el sumidero que supone la “educación oficial”, ahora como siempre que gusta tanto “calificar” desde muy deficiente a súper sobresalientes, sin que llegue a significar mucho lo uno o lo otro.

            Y eso sin haber llegado siquiera a la obsesión “seleccionadora y selectiva” de la “excelencia” que nuestros gerifaltes definen y buscan desesperadamente, como para no creerse nada de su intención universal de “enseñar y educar” a la “todos y cada uno” de nuestros compatriotas niños.

            Y si no echen una ojeada a “tantos y tantas”, exitosos y exitosas, preclaros y preclaras triunfadores del “mundo formal” y que nos gobierna, en mala hora, como para creer que el sistema educativo no hace aguas y pretende insistir en ello, no tanto por cuantos se quedan y se han quedado atascados en el sumidero que no les dio paso, sino precisamente por todo lo contrario, por cuantos pasaron y han pasado, triunfando sobre unos presupuestos educativos absolutamente nefastos, nada humanos, nada atentos a la realidad de a pie de calle, . . . cuando nadie tuvo a bien detenerse a ver si los niños se habían enterado de lo que era “una espumadera”.

            Y si no echen cuentas sobre algunos “notables”, os/as, que nos gobiernan, dirigen y mandan como para apreciarles por  “ejemplarizante” a quienes son unos “imbéciles cúbicos” con gran currículo académico.

           

            Torre Del Mar 5 – febrero – 2.014

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