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Opinión
PASO A PASO . . .

09/02/2014.

Hacia el precipicio, imperceptiblemente, contra toda lógica o así; paso a paso hacia el abismo insondable del que no nos avisaron; paso a paso en el silencio descarnado de la derrota definitiva, hacia la tristeza insuperable que acabará con cualquier intento de recuperación. Texto: ANTONIO GRCÍA GÓMEZ

Los pobres se echan al suelo, en las esquinas, a la entrada de las panaderías, a la salida de los mercados, dando mucha pena, los pobres, míseros y pedigüeños, “por favor caballero”, “una ayuda, solo unos céntimos siquiera”, con sus carteles de cartón sucio y carcomido, sobre sus esterillas, medio tumbados, arrodillados, humillados, sin que nos detengamos mucho a mirarlos, por unos céntimos, por unas perrillas, por descargarnos una pizca la conciencia que tampoco nos consuela, avivando el paso.

            Los pobres hacen colas, ateridos, resumidos, intentando aguantar cierta dignidad, por una bolsa de comida, por un bocadillo o un vaso de caldo caliente, por reunirse un rato a la recacha del sol de invierno, sin que tampoco echemos cuentas sobre ellos, los pobres que esperan poder llenar la tripa, frente a las “cocinas económicas”, los comedores benéficos, por una comida de gratis, una comida caliente, una comida decente, sentados frente a un plato de sopa o guiso humeantes, por sentirse, un instantes, dignos y acogidos, los pobres que . .  .no sabemos de ellos.

            Los pobres se camuflan y dispersan, por no molestar demasiado, con sus hijos corriendo al colegio, con el estómago medio vacío, los niños con las justas fuerzas para aguantar hasta la hora del comedor, tan infelices los pequeños pobres, que aún no tienen conciencia de la tragedia que les sobreviene, malnutridos, por una bolsa de ropa usada que les vista medio presentables, como si no fueran pobres, disimulando que ya sufren abajo del pozo, mientras los pobres va a ganarse unos eurillos adónde puedan rascarlos aunque sea humillándose hasta lo insoportable.

            Los pobres con cara, rostro, historia reconocible, el antiguo vecino, la señora que saludaba de vez en cuando, que parecían ajenos a toda pena, llegando frente a una mesa. . . para declarar que “ya no tienen nada”, que carecen de todo ingreso, que todo ha ido a mal y a peor y que están a punto de perder su vivienda incluso, que ya no saben adónde ir y que necesitan una ayuda. . .porque ya no les sirve ni el consuelo, los pobres que no parecían que jamás llegarían a esa situación.

            Los pobres reconocibles, los pobres con nombre y apellidos, los pobres que escupen su pobreza, sin querer molestar más de lo imprescindible, por poder seguir viviendo. . . aunque no sepan ya cómo.

            Los pobres abocados al fracaso personal y vital de una sociedad que aún celebra los fastos de sus gladiadores deportistas y famosos del glamur, con la inconsciencia de quien se deja mecer en la almoneda que lo malvende y lo compra todo por casi nada, por un entretenimiento barato y soez, por unas mentiras edulcoradas de promesas a largo plazo, con culpables ajenos e invisibles, mientras se asienta la desigualdad más absoluta, mientras se consolida el enriquecimiento de unos pocos a costa de la inmensa mayoría que corre por la línea del precipicio. .  .por no asomarse, frente al rostro innoble de la indecencia dibujada frente a los pobres que mal viven, que piden por caridad, que acaban teniendo un rostro conocido, familiar, como para que nos avergüence, incluso a nosotros, que ellos cayeron antes que nosotros, mientras seguimos corriendo alocadamente por la línea del abismo que nos. . . terminará por engullir.

            Ahora que se predica la recuperación y se echan balones fuera, atentos que salgamos del marasmo los supervivientes de la pobreza que se ha ido devorando a quienes ya no dirán, ni eso, ni que son pobres y que ya no aguantan más.

            Torre del Mar 7 – enero – 2.014

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