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Algeciras o la pena por una partitura inconclusa

28/02/2014.

El 9 de septiembre de 2006, unos minutos después de las diez de la noche, Paco de Lucía irrumpió en un escenario oscuro instalado en el ruedo de la plaza de toros Las Palomas, en Algeciras. El estallido de la ovación, que cerca de 18.000 personas entusiasmadas y expectantes empujaron por los tendidos y sobre el albero, selló definitivamente y ya para siempre con una sonrisa cálida y cómplice la relación entre el genio y la ciudad que lo vio nacer en 1947. Texto:Mateo Zarco / Algeciras / 28 feb 2014 . Fuente. Andalucía.es

Capilla ardiente de Paco de Lucía en Algeciras.// EFE

Capilla ardiente de Paco de Lucía en Algeciras.// EFE

El hijo de Antonio Sánchez y Luzía la portuguesa tocó esa noche aquí por última vez. Fue coincidiendo con una de las fechas decisivas en la conmemoración del Centenario de la histórica Conferencia de Algeciras (1906), en la que diversas potencias coloniales europeas decidieron el futuro del norte de Marruecos en ese principio de siglo XX en blanco y negro. El intérprete de guitarra más importante de la Historia del Flamenco llenó esa noche mágica de color gracias a su disco Cositas buenas, entonces recién salido del estudio de grabación y ya en plena gira mundial.

En Algeciras ni tan si quiera hay un festival flamenco con el nombre de Paco de Lucía

Aquel recuerdo constituye el primer éxito de relumbrón para quienes, con mucho esfuerzo y durante bastantes años, trataron de inculcar a Algeciras, pese a las enormes dificultades que proporciona su etérea personalidad de ciudad de tránsito y aluvión, que Paco de Lucía era un mito viviente que llevaba décadas llenando estadios y teatros de Tokyo, Londres, Nueva York o Atenas. El trabajo de esos algecireños ha sido hercúleo y, pese a que obtuvo triunfos como ese, tampoco han escaseado los sinsabores hasta el punto de que ahora queda la sensación de que, en vida del maestro, pudo y debió haberse hecho mucho más. Muchísimo más. Ni casa museo, ni una fundación ni tan siquiera un festival flamenco que lleve su nombre, pese a que de esto último hubo un intento a principios de los ochenta y no prosperó.

La ronda Paco de Lucía fue el primer rastro del artista en el callejero, ubicada en un humilde barrio, El Saladillo, levantado durante la primera corporación democrática municipal (1979-1983) a la entrada a la urbe desde Cádiz.  Allí comparte nomenclatura con Federico García Lorca, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o el Duque de Rivas.

Existe una placa en la puerta de la casa en la que nació, a caballo entre las barriadas de la Fuente Nueva y La Bajadilla. Y un monumento, a cuya inauguración vino muerto de la timidez, colocado en principio junto al puerto y luego trasladado a un lugar menos céntrico. El conservatorio de música Paco de Lucía tiene aulas hasta en tres enclaves educativos diferentes y ha vivido ya varias mudanzas.

Casa natal de Paco de Lucía en Algeciras. // EFE

Casa natal de Paco de Lucía en Algeciras. // EFE

El músico, con todo, ha sido siempre hombre de paz y alejado de polémica alguna con el escenario de su infancia de playa, mar y vivencias de un pueblo de gente que luchaba por esquivar la pobreza de la larga posguerra sin perder el humor. “Fíjate que yo tengo un diálogo abierto con Paco de Lucía desde hace más de veinte años, y no recuerdo nunca un comentario ni desdeñoso ni herido sobre Algeciras, en absoluto. Si hay algún contencioso entre Paco y Algeciras, el contencioso está en Algeciras”, dijo el recientemente desaparecido flamencólogo Félix Grande al periodista y escritor algecireño Juan José Téllez para su libro Paco de Lucía, retrato de familia con guitarra, cuya primera edición data de noviembre de 1994.

Téllez, en cuya reconocida trayectoria literaria se inscriben varios títulos acerca de su paisano más universal, ha ocupado siempre un puesto destacado entre quienes han luchado a brazo partido por que Algeciras fuese consciente de la altura y categoría del músico.

Si el diario SUR de Málaga da el espacio que merece a cualquier información relacionada con Pablo Picasso y lo propio hace El Norte de Castilla en Valladolid con la figura de Miguel Delibes, fue Téllez quien, en su etapa como director del rotativo del Campo de Gibraltar Europa Sur, más hizo y de forma más continuada desde el periodismo para que la conciencia colectiva de la ciudad sobre Paco se ampliase y extendiese. Y sea hoy la que es. Por supuesto –y trabajado a pulso- algo muy lejano a desencuentros en la década de los ochenta en los que Paco topó, sin quererlo y claro está que sin desearlo, con la frialdad de una ciudad que cumple a rajatabla el dicho de que nadie es profeta en su tierra.

El periodista Juan José Téllez ha sido uno de los algecireños que más reivindicó al guitarrista

Algeciras es hoy una ciudad triste, muy triste. Y tiene ese regusto amargo de los deberes sin terminar. La vieja Isla Verde (la Al-Yazirat Al-Hadra musulmana) cumplió solo a fogonazos. Como en esa noche de concierto y en otras pocas ocasiones… aquella vez que, en 2007, Paco de Lucía fue solemnemente investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz en un abarrotado y eufórico paraninfo de la Escuela Politécnica Superior de su localidad natal.

Nunca dejó el rey de reyes de la guitarra de llamar a sus composiciones con nombres vinculados a su ciudad natal y su entorno, la misma rumba mítica Entre dos aguas marca sin ir más lejos la referencia del trozo de este Planeta en el que confluyen el Mediterráneo y el Atlántico.

A Paco de Lucía ya se le esperaba cada vez con más expectación y deseo en los últimos veinte años, máxime siendo todo el mundo consciente aquí que la balanza del agradecimiento pesaba más del lado de Paco que del de Algeciras. Ahora, esta muerte repentina y totalmente inesperada, ha segado cualquier proyecto de mayor realce local de su figura que él, aunque sin perseguirlo, hubiera disfrutado en vida. De ahí que la amargura y desazón que han teñido esta noticia en el mundo deba ser multiplicada por mucho aquí, en Algeciras. Precisamente Algeciras, la ciudad de la partitura inconclusa

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