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Vocalía de Flamenco
CRÓNICA DEL XXII FESTIVAL DE LA LUNA FLAMENCA DE GUARO

18/07/2014.

LA VOZ DE UN NIÑO Y LA MAESTRIA DE LUÍS DE CÓRDOBA TRIUNFAN JUNTO AL BALLET FLAMENCO DE ANDALUCÍA. Texto: Paco Vargas Fotos: Juan Recio

Juan José Téllez, Noé Oña y Mari Ángeles Carrasco

Juan José Téllez, Noé Oña y Mari Ángeles Carrasco

Este año, el Festival de la Luna Flamenca comenzaba con la inauguración de la exposición «Memoria de Paco», sobre el gran Paco de Lucía, y la bien contada confidencia, pues eso fue la posterior conferencia a cargo de su mejor biógrafo, el escritor y periodista, actual director del Instituto Andaluz del Libro, Juan José Téllez, que estuvo acompañado por Noé Oña, alcalde de Guaro, y Mari Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz del Flamenco. Esta primera jornada tuvo lugar el día 10 en el Centro Cultural «Al Andalus» a las ocho y media de la tarde. Juan José Téllez, Noé Oña y Mari Ángeles Carrasco Siguiendo con la renovación iniciada hace unos años -un acierto sin duda por parte de la organización que hay que actualizar-, que estrenaba nuevos escenarios y adoptaba un formato distinto, el 11 de julio el flamenco se escenificó en las plazas de Guaro. Ese día, el grupo de baile La Alquería actuó en el Centro Cultural Al-Andalus; Delia Membrive cantó con la guitarra de José Naranjo en la plaza de la Iglesia; Francisco «El Mollina» cantó con la guitarra de Salvador «Rinquin» en la plaza de la Constitución, y la de Al-Andalus acogió la actuación de Mariano Romero (cante), Fuensanta Blanco (baile), Samuel Raya y Daniel «El Maswen» (palmas) e Ismael Rueda (guitarra), en una noche alumbrada por las velas y protagonizada por aquellos que aspiran a ser artistas y que están en proceso de formación, algunos con condiciones para ganarse la vida dignamente con el flamenco. Las calles del pueblo se llenaron de una alegre algarabía y un ambiente de fiesta que en estos tiempos que corren es siempre de agradecer. El sábado 12 de julio, la gala dedicada a los artistas consagrados tuvo lugar en el moderno Auditorio de la Luna Mora, en cuyo escenario actuaron: Raúl Vidal «El Balilla», Pablo Consuegra, Luis de Córdoba, Manuel Silveria y el Ballet Flamenco de Andalucía. A pesar de la crisis, que tanto está afectando a la cultura, la aceptable asistencia de público ha sido consecuencia del muy atractivo y equilibrado cartel que este año ofrecía el Ayuntamiento, institución organizadora del Festival que se encarga de su patrocinio con la ayuda de la Junta de Andalucía y otras instituciones públicas y privadas. Llevamos mucho tiempo asistiendo a este evento y año tras año constatamos la férrea afición de las gentes del pueblo y de las llegadas de fuera, que no son pocas. Un sonido excelente y unas luces de primera invitaban a gozar del arte flamenco con ensimismamiento. El público escuchó en silencio y con respeto cada una de las propuestas flamencas que hasta allí llegaron para componer un variado elenco que colmó las sensibilidades de los asistentes. Todo se mostró, pues, propiciatorio para una noche de flamenco muy interesante; aunque luego tuvo de todo pues dispares eran las voces y las formas flamencas que se dieron cita sobre el escenario de este festival veraniego, que sirve de antesala a otros eventos, cuyo broche de oro será el Festival de la Luna Mora en el mes de septiembre. A la hora anunciada, las diez de la noche, aparecía sobre el escenario Raúl Vidal Guillamón, más conocido como «El Balilla» –apodo que hereda del padre- acompañado por el guitarrista murciano Pablo Consuegra. Sin ascendientes flamencos en su familia, aunque él me confesaba que su bisabuelo fue cantaor aficionado, es un niño de apenas 10 años, oriundo de Cartagena, que después de presentarse en la primera edición del concurso «La Voz Kids» (Tele 5) dejó a todos sorprendidos al interpretar el tema de Camarón, «Como el agua». Tal fue la repercusión que tuvo en el programa, que llegó a la final, aunque quedó en segundo lugar. Tiene un single en el mercado. El niño tiene posibilidades, pues su voz es apropiada para el cante flamenco, afinado y modulado, doliéndose a veces y con la lección muy bien aprendida. Si lo cuidan, es probable que asistamos al nacimiento de una nueva figura del arte flamenco. Si no, es seguro que dentro de unos años sólo será un recuerdo efímero. Cantó, imitando a Camarón, su ídolo y su guía, tangos, bulerías, «Como el agua» (por tangos), «La saeta de Serrat» en versión propia por bulerías lentas, fandangos y «Ayúdame», la canción que popularizara Rocío Jurado. Fue muy aplaudido por un público fiel que lo sigue y compra recuerdos del niño-artista. En el vestíbulo del Auditorio de la Luna Mora, la gente hacía cola para que le firmara un autógrafo. Cosas del «bisnes». Cosas de la televisión. Luis de Córdoba es un artista muy admirado y querido en Guaro. Y él se siente particularmente a gusto cuando canta en su festival. Después de unos años sin aparecer en sus carteles, venía con ganas de agradar, cargado de responsabilidad, consciente de lo que se esperaba de él. Luis de Córdoba es un maestro que tiene un enorme respeto por la tradición, por el gusto clásico de la música flamenca. Sin embargo, es, también, un cantaor de su tiempo. Goza de un merecido prestigio en el mundo del flamenco. Y su conocimiento riguroso, su formación, su inquietud y sus cualidades artísticas, hacen del actual director de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba uno de los más esplendentes cantaores de su generación. Con la guitarra de quien mejor lo entiende, la del cordobés Manuel Silveria, apareció sobre el escenario, arropado por el cariño del público llegado de distintas partes de Andalucía, para dejar constancia de su maestría. Arrancó por seguiriyas, que en realidad fue una pieza flamenca compuesta por tonás, liviana y seguiriya. Todo muy personal, muy flamenco y muy innovador. Su voz, ya caliente, sirvió de cauce a unas cantiñas (alegrías y jotas) producto de sus investigaciones y su propio concepto del cante, evidenciado con las malagueñas y los fandangos abandolaos en un ir y venir de Málaga a Córdoba pausado y valiente. En los tientos y tangos, se nos mostró firme y a compás. Pero, la gente tenía ganas de escucharle sus éxitos de siempre. Y el maestro, que tiene oficio y sabe comunicar, les cantó su colombiana, su personal «Agua fresca», uno de los temas de su último disco «Que ni pintao», que grabara en 1992 con la guitarra de Vicente Amigo y que hoy es un disco de culto, y el famoso «Pares y nones» (por tangos). Remató su gran actuación con dos fandangos y unas bulerías, fiel a su inconfundible línea estética. Fue el triunfador de la noche. «EN LA MEMORIA DEL CANTE: 1922» Después de varios intentos poco logrados, la nueva propuesta de Rafaela Carrasco se nos antoja de las más conseguidas. Un nuevo concepto de la danza y del espectáculo flamenco está logrando un aire distinto para el Ballet Flamenco de Andalucía. Se ha prescindido de los excesos innecesarios. Y, acorde con los tiempos, la austeridad preside la obra en cuanto a escenografía y otros elementos del lenguaje teatral tan de moda ahora. El escenario aparece ocupado por lo justo y lo necesario. Aquí lo importante es el cante, el toque y el baile, las tres facetas esenciales que dan cuerpo al arte flamenco, para explicarnos qué es lo que pasó en el ya mítico Concurso de Cante Jondo, que se celebró en Granada los días 13 y 14 de junio de 1922. Así, con el cartel de Manuel Ángeles Ortiz iluminando la escena, la voz grave de Francisco Suárez lee el manifiesto firmado por un significativo grupo de intelectuales y artistas de la época para justificar la necesidad del citado certamen. Comienza el baile cantado por las voces de Manuel Torre, Antonio Chacón y Pastora Pavón «La Niña de los Peines», tres nombres muy señalados de aquel acontecimiento extraordinario. De las manos de Jesús Torres salen las notas por rondeña que recuerdan a Ramón Montoya, bellamente adornadas por el magnífico cuerpo de baile. Hugo López, en estado de gracia y muy aplaudido en el Festival, le baila a la guitarra el poema de Federico García Lorca. «Es imposible callarla» por seguiriyas para que la voz flamenca de Miguel Ortega interprete a Manuel Torre. El bailaor se luce. Como estamos en Granada, el cuerpo de baile al completo se mete en una cueva imaginada e interpreta el espectáculo de la zambra que se hacía en las noches del Sacromonte para recordar cómo podría ser el ambiente flamenco de la Granada de cuando entonces. En lo que vimos y escuchamos, pudimos apreciar el petaco (especie de tanguillo propio de los gitanos sacromontanos), la cachucha y los fandangos del Albaicín (que en las cuevas se cantaban acompañados de una pequeña orquesta de cuerda y elementos de percusión). Sin embargo, los tarantos no son cantes propios de la zambra, aunque aquí se cantaran y bailaran para dar entrada a los «tangos del Camino». Pastora Pavón «La Niña de los Peines» canta una saeta. La procesión dura lo que dura el baile lleno de originalidad y plasticidad de Ana Morales. El recuerdo de Pastora y la belleza de Ana consiguen llamar a la emoción y que ella responda. Llega el turno para recordar a Manolo Caracol. Los cantaores Miguel Ortega y Antonio Campos cantan por martinetes y el cuerpo de baile los baila con corrección. Canta don Antonio Chacón por malagueña, «A qué tanto me consientes», David Coria estiliza el baile de forma sublime. Juan Antonio Suárez «Cano» toca exquisitamente la granaína. Los sones del fandango abandolao resumen el cuadro. Escuchamos a Diego Bermúdez Cala «El Tenazas de Morón». La caña incompleta da paso a algunos estilos de soleares trianeras que Miguel Ortega interpreta con pasión y de acuerdo a los cánones. Una vez que sabemos quién es el ganador, el público –la compañía toda- se va sentando de forma muy original a los compases de las soleá de Ramón Montoya. Todos sentados, expectantes, esperando que aparezca la artista invitada. Es Juana Vargas «La Macarrona». Aquella gran bailaora jerezana que fijó y dio esplendor al baile flamenco y que ha quedado como el espejo donde mirarse por alegrías. Y por cantiñas, Rafaela Carrasco se mete en el personaje. Vestida, como dicen los retratos que vestía aquella gitana de rompe y rasga, se plantó en el entarimado y armó el taco. Sus formas antiguas, siendo la sevillana tan moderna, y su manera hermosa de mover los brazos son razones suficientes para admirarla. Admiración que hacemos extensiva al Ballet Flamenco de Andalucía que al fin parece haber dado con la fórmula del trabajo bien hecho. Y eso en flamenco es mucho. Fue un gran espectáculo de flamenco muy del gusto del respetable, que interrumpió varias veces con sus sentidos aplausos y despidió a la compañía puesto en pie

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