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Opinión
I N S E N S I B I L I DA D

26/08/2014.

Hace años acompañé a una muchacha a la comisaría a denunciar un conato de agresión sexual que había sufrido, por parte de dos jóvenes, en el portal de su casa, cuando volvía de la Universidad. Texto ANTONIO GARÍA GÓMEZ

Apenas había dejado de ser una adolescente confiada y ya se asomaba a una juventud pletórica y venturosa cuando tuvo que padecer tan mal trago.

Todo quedó afortunadamente en poco, salvo el susto y el desagrado ante la afrenta intolerable, pero con idea de que constara la joven quiso acudir a la comisaría a poner la denuncia correspondiente.

Acompañada por mí, en las instalaciones de la policía, fue tratada en todo momento exquisitamente atendida y tranquilizada, pasando a tomarle declaración de los hechos en un ambiente relajado, tan serio como sereno.

En un momento, la joven agredida comentó que : «tal vez ella había sido culpable de lo que había sucedido, pues tal vez se debería haber dado cuenta, dar la luz. . .

» Inmediatamente el señor comisario que nos atendía, joven, educado y formado, la interrumpió para comentar que «ella no era la culpable de nada, en absoluto, que se lo quitara de la cabeza, y que los culpables, exclusivamente, eran los agresores».

Este comentario fue decisivo y tranquilizador, de tal manera que fue agradecido por la muchacha de manera sincera y emocionada.

Fue una lección magistral, necesaria, inevitable. Comento lo anterior en sentido a los hechos acaecidos hace pocos días en la Feria de Málaga, referentes a la violación múltiple sufrida por una joven de 20 años, a la salida de su trabajo, por parte de cinco individuos, menores y mayores de edad.

También en función a las declaraciones del alcalde de la citada ciudad sobre la seguridad «estupenda» de y en la Feria y en la ciudad de Málaga.

Y yo quiero contestar que no estoy de acuerdo, en absoluto, porque esa agresión, esa violación ha puesto en entredicho «esa seguridad», porque ese hecho es tan grave que debe avergonzarnos y hacernos sentir culpables, en lo que nos correspondiera, simplemente por el hecho de ser convecinos de esta víctima que «jamás debería haber sido agredida», y si resulta que según palabras del alcalde habría que poner un policía detrás de cada mujer. . . para preservarla. . .pues ¡señor alcalde , eso habría que hacer!. . . porque no tiene un pase de excusa o comprensión ni una sola agresión más. . .por mucho que la «educación intervenga en la formación de los agresores, ¡seguro!, tan seguro que solamente el lamento extremo y la asunción del compromiso para intentar estudiar el caso para mejorar la seguridad más y más. . .hasta evitar que vuelva a suceder nada parecido.

Porque cada insulto, cada exabrupto, cada empujón, cada golpe, cada agresión, cada violación, cada asesinato . . .a una mujer, a una niña, a una joven. . . es un fracaso de todos nosotros, y lo primero que debemos decir es ¡perdón, perdón, perdón. . .un millón de veces! Y a continuación preguntarnos. . .¿qué podemos hacer para mejorar . . . y que lo intolerable no se vuelva a producir?. ¡Pues eso mismo! . .Porque todos perdemos cuando alguien, una mujer, un hombre sufre y padece la más pequeña de las agresiones, la más insoportables de las violaciones a su integridad, a su personalidad, a su humanidad.

*** Ante el caso señalado en el texto, sobre la supuesta agresión denunciada en Málaga y ante el archivo de dicha causa por parte de la jueza que ha dictado al efecto, uno que suscribe todo lo anterior solo puede alegrarse porque efectivamente no existiera agresión aunque, aunque por otra parte, se ratifique en todo los comentarios realizados sobre todo caso en que se moleste, se agreda, violente, viole, menosprecie, hiera o mate a. . .una mujer, a un hombre, y que, por lo tanto, jamás pueden ser de recibo unas declaraciones de los responsables políticos en el sentido de que «se salgan» de la obsesión por evitar cualquier agresión ante cualquiera de sus ciudadanas o ciudadanos. Porque, insisto, aunque «se haya hecho de la mejor manera posible siempre habrá algo más que hacer si alguien sufre o padece lo que jamás debería ni sufrir ni padecer». Y en todo caso nuestra confianza en la labor de la justicia y las fuerzas del orden público siempre que sean capaces de desentrañar la verdad de los casos que tienen que investigar. La ciudadanía está en sus manos y en su profesionalidad y por eso la confianza es, a priori, absoluta. ¡Gracias! Torre del Mar 20 – agosto – 2.014

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