Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
¡Q U É P E R E Z A!
¡Qué miserables!

27/08/2014.

Supongo que hay hombres, incluso con prominentes responsabilidades públicas, que cuando han de utilizar un ascensor no lo usan a tontas y a locas, ¡craso error!, ¡peligro!, sino que, con la cabeza muy despejada y el ánimo indomable, habrán de embarcarse en el elevador, ¡qué remedio!, con una perfecta coartada a mano. . . ante la posibilidad ¿cierta? de que se pueda coincidir con una fémina, ¡horror! Que, sin previo aviso, se líe a descubrirse el pecho, descamisarse, romperse el sujetador y aprovechar el fin del trayecto para salir despavorida, la mujer en cuestión, peligrosa sin duda, avisando, denunciando contra «la supuesta y falsa agresión del macho en la ratonera del ascensor». Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Claro que hay que tener la mente muy podrida para pensar que «no te puede pasar algo así» con la cierta frecuencia en la que un número no despreciable de hombres machos que puedan verse en esas tentaciones inculpatorias e inevitables de «agresiones teatralizadas» a iniciativa de las mujeres que viajan en ascensor

. ¡Qué pereza!

Claro que si uno ya se fija en las chicas que se les ocurre volver a sus casas, solas, a las 6 de la mañana, pues entonces el contratiempo ya está montado, exactamente, como para que el erario público se tenga que hacer cargo de los vigilantes personales que habrán de seguir y custodiar a las díscolas chicas noctívagas . . .por asomarse al peligro de ese modo tan díscolo para gravar aún más. . .las arcas públicas obligando a un gasto improcedente. . .¿a que sí?

¡Qué pereza!

Teniendo en cuenta que los machos alfa tienen por costumbre acechar a las hembras solitarias que van ofreciéndose, mediante el celo explícito, ante lo irreprimible

. ¡Qué pereza! Otra vez.

Por eso en Valladolid es tan difícil ver una chica sola a las 6 de la madrugada sin «su vigilante personal, intransferible» al cuidado de su desamparo y mucho menos ver a un hombre hecho y derecho entrando alocadamente en un ascensor sin percatarse. . .si ya va montada una mujer, por peligro a la autoagresión.

¡Qué pereza! y ¡qué asco!

¡Qué dirigentes incapaces de dar en la diana desacertadamente! Hasta la fecha yo no he sabido de ningún hombre que tenga miedo a encerrarse con una mujer, solos, en un ascensor, y al contrario, si conozco mujeres que ponen algún reparo ante la posibilidad de quedarse a solas con un hombre en un ascensor. ¿Por qué será? Torre del Mar 25 – agosto – 2.014

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