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Vocalía de Flamenco
The king of flamenco reina otra vez

30/08/2014.

El número siete de la calle Mañueta, en pleno corazón de Pamplona, es una antigua casa de tres pisos a escasos 20 metros del Mercado de Santo Domingo. Allí nació Agustín Castellón Campos y ese es el escenario en el que uno de los más geniales e internacionales de los guitarristas flamencos se ganó su peculiar sobrenombre. fuente: Diario El País

Sabicas, en un festival de flamenco en 1984. / B

Sabicas, en un festival de flamenco en 1984. / B

Cuentan que el pequeño Agustín era un vicioso de las habas y de camino al mercado metía mano en la cesta de la compra para comérselas crudas, con cascara. Le llamaron el niño de las habas. El niño de las habicas… Corría el año 1917 y ya el Niño Sabicas con cinco años aprendía a tocar la guitarra. «Nunca tuve maestro», dijo en una entrevista el artista, que estos días recibe un homenaje en su ciudad en forma de festival. «Cogí la guitarra, me puse a tocar y ahí seguí»

. Cuando en 1990 falleció en Nueva York a los 78 años, este gitano de Pamplona se había convertido en The king of flamenco, el más conocido guitarrista jondo de EE UU, y tenía una vida de película: compartió escenario con las estrellas flamencas de los años veinte y en 1936, al comienzo de la Guerra Civil, se marchó de España —donde nunca más vivió—; triunfó en Argentina, México y en EE UU donde residió y grabó sus discos más importantes

. Llenó teatros de Broadway, tocó para Chaplin, Marlon Brando y Gary Cooper e inventó involuntariamente la fusión entre el rock y el flamenco. Pese a que hasta mediados de los setenta fue casi un desconocido en su país de origen, se convirtió en maestro «por correspondencia, a través de sus discos», como decía Morente, de multitud de flamencos. Sobre todo de Paco de Lucía. «Nosotros somos los transmisores de Sabicas y de su genio.

El sonido de esa guitarra es exagerao. Todos le debemos mucho», dijo el ya desaparecido guitarrista, nombrado por nuestro hombre como «auténtico discípulo». Pamplona ajusta estos días cuentas con Sabicas. Desde el martes y hasta mañana la capital navarra rinde homenaje a su embajador en el festival Flamenco On Fire, que ha contado con las actuaciones de Sara Baras, Tomatito, Arcángel, Niña Pastori y José Mercé. Hoy actúan Estrella Morente —que siendo niña cantó para Sabicas—, Josemi Carmona y Pepe Habichuela. Mañana, Kiko Veneno, Tomasito y Los Evangelistas cerrarán este nuevo festival que pretende consolidarse en la ciudad y que curiosamente está organizado por los hermanos Morán (Miguel y José), creadores del más representativo certamen de pop-rock de los últimos 20 años en España: el Festival Internacional de Benicàssim (FIB). «Aprendí a valorar el flamenco cuando trabajé de camarero en Casa Patas en los ochenta», cuenta Miguel Morán, hasta ahora más acostumbrado a lidiar con artistas de rock independiente que con flamencos

 

. «La figura de Sabicas y su vida servirá como hilo conductor de las próximas ediciones que pretendemos celebrar». Llenó teatros de Broadway, tocó para Chaplin, Brando y Gary Cooper Y con razón. Porque la biografía del maestro da para mucho. Sabicas fue de aquellos pioneros flamencos que tocaban a pulmón, sin micrófono, porque no había; que con 10 años alegraba las juergas de los señoritos en el tablao Villa Rosa de Madrid, adonde fue a buscarse la vida. Allí se hizo con un nombre y acompañó por toda España a las figuras del momento: la Niña de la Puebla, Imperio Argentina, Estrellita Castro... Hasta 1936. Al comienzo de la Guerra Civil española, Sabicas prefirió poner tierra de por medio antes de ser llamado a filas. «No me fui a América como exiliado», explicó en una entrevista posterior. «Me fui porque me contrataron. Yo nunca he sabido nada de política, ¡ni quiero saber!». Desembarca en Argentina para actuar con la bailarora Carmen Amaya, con la que forma pareja artística y sentimental durante unos años.

Triunfan en México, donde el guitarrista tiene dos hijos y se casa con una mexicana («Me costó dinero y salió por peteneras», confesó). De 1940 a 1945 viaja por primera vez a trabajar a EE UU con Carmen Amaya. Vuelven en 1956 y Sabicas se queda a vivir en Nueva York. Allí se le conoce como The King of Flamenco y arranca su rica y abundante carrera discográfica (55 discos). Sabicas se hace entonces grande en EE UU mientras que en España pocos recuerdan su nombre. Pamplona-NY Agustín Castellón Campos (Pamplona, 1912), Sabicas, se dio prisa en coger la guitarra: a los cinco años ya la tocaba, y a los 10 animaba las fiestas de los tablaos madrileños. En 1936 se marcha a Argentina, donde conoce a Carmen Amaya, que será su pareja durante años. En 1956 se afinca en EE UU. Allí se le conoce como The king of flamenco y graba algunos de sus discos más relevantes: Rock encounter (con el rockero Joe Beck) o el recopilatorio Flamenco on fire, entre otros. Reivindicado como padre del flamenco fusión por Smash o Triana, Morente graba con él Nueva York Granada.

Será su último disco, editado tras su muerte en 1990. Sus discos estaban dirigidos al mercado estadounidense (incluido Flamenco on fire, de donde coge el nombre el festival que ahora le homenajea). Entre ellos, Rock encounter, editado en 1970 y que, aunque al propio Sabicas le desagradaba especialmente, fue pionero de lo que ahora se llama fusión.

Fue el primer experimento donde la guitarra flamenca de Sabicas se fusiona con el rock del músico Joe Beck. Una revolución, luego seguida por grupos como Smash, Triana o Pata Negra. El disco lo redescubrió en Francia el productor Ricardo Pachón, responsable del también revolucionario La leyenda del tiempo, de Camarón.

Años después, Pachón coincidió con Sabicas en Nueva York durante un concierto de Pata Negra. «Ricardo, mira, yo no entiendo nada de esto», apuntó. «Pues esto lo inventó usted, maestro», replicó el productor. Sabicas, según cuenta Carlos Lancero en su libro sobre Camarón, levantó las manos al cielo y dijo: «Eso fue cosa de mis productores que eran unos peseteros. ¡Esos discos míos no valen un duro!». Las razones por las que Sabicas no volvió a vivir en España tampoco hay que buscarlas en la política. «La principal fue que tenía un miedo terrible a volar», explica la periodista neoyorquina Estela Zatania, que con 15 años visitó a Sabicas en su casa de Manhattan. «Allí en EE UU ganó mucho dinero y vivía muy bien».

Solo con su guitarra, porque Sabicas nunca aprendió inglés: «Sólo sé tres palabras y no entiendo ninguna», dejó dicho. En 1967 por fin supera el miedo a volar y reaparece en España, que ya visitó frecuentemente. En los ochenta le organizan festivales, visita Pamplona y se relaciona con flamencos del momento como Morente, Paco de Lucía o el guitarrista Pepe Habichuela, que el jueves en una mesa redonda recordó su encuentro con el pamplonica: «Era un gitano antiguo. Tenía no sólo una imponente presencia tocando sino también andando por la calle. Le gustaba recordar los viejos tiempos». José Mercé, tras su concierto del miércoles, también rememoró el momento en que se conocieron: «Yo tenía 13 años y estuvimos tocando en el Café de Chinitas. Era un gitano de postín. Todavía recuerdo el garbanzo de diamante que llevaba en la corbata. Su forma de tocar tenía una fuerza increíble». Su fusión con el rock influyó en Morente, Smash, Triana o Pata Negra

En los noventa, Enrique Morente consiguió el sueño por el que luchaba durante años: reivindicar en España a Sabicas y grabar un disco con él. En 1990 se publica una genialidad donde el cantaor de Granada improvisaba sobre la guitarra del ya enfermo gitano de Pamplona. En su exhaustivo libro La correspondencia de Sabicas (editorial El flamenco vive), el periodista José Manuel Gamboa cuenta que en esas sesiones de grabación, «entre helados y churros», la pequeña Estrella Morente, con siete años, se puso a cantar una taranta. «Qué maravilla. Niña, cántala otra vez», dijo Sabicas, que alucinó al escucharla». Sabicas no vio publicado aquel disco junto a Morente. El 14 de abril de 1990 murió en Nueva York y fue enterrado en Pamplona, muy cerca de ese lugar donde el genio le robaba las habicas a su madre de la cesta de la compra. El mismo al que Joaquín Sabina le dedicó un soneto: «Ese que va por la Quinta Avenida / con el orgullo de los desterrados / con la mirada del que nada olvida / esas seis cuerdas que tanto han llorado».

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