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Vocalía de Flamenco
CINCO TOROS PARA RAFAELA CARRASCO

25/09/2014.

Veinte años ya desde que nació, después de muchas reivindicaciones, la Compañía Andaluza de Danza. Cuánta ilusión en aquel estreno de Mario Maya con Israel Galván, Marco Vargas, su hija Belén, Isabel Bayón y la propia Rafaela entre otros. Y cuántos avatares ha vivido hasta hoy (que se llama Ballet Flamenco Andaluz) sin acabar de encontrar la estabilidad y el sitio que debe ocupar nuestra única compañía pública. Escrito por Rosalía Gómez (Diario de Sevilla)

En cualquier caso, se agradece este recuerdo de última hora y, si bien nos hubiera gustado ver las piezas revisadas por sus directores (todos vivos, menos Mario), no se puede negar que si alguien estaba capacitada para lidiar cinco toros a partir de cinco imágenes, ésa es su directora actual, Rafaela Carrasco.

Del mismo modo, se agradece que, en ese maratón coreográfico que ha realizado, dejara espacio para el lucimiento de los solistas del presente, realmente estupendos y llenos de fuerza. Abrió la velada la propia Rafaela, vestida de hombre al igual que toda la compañía, para recordar a Mario como sólo ella, su repetidora, su musa, podía hacerlo. Coreografía simétrica y precisa en la que brillaron sobre todo los pies de Rafaela, sentada en uno de los ya célebres banquitos.

Siguió inspirándose en la premiada El perro andaluz. Burlerías de María Pagés. Sólo que la pareja central no se llaman ya Alicia Márquez y Fernando Romero, sino David Coria y Ana Morales, dos brillantes realidades del flamenco actual como demostraron con creces en diversos momentos (Ana por tangos con bata de cola, o con mantón, en la pieza dedicada a Olmo...), junto a un cuerpo de baile de alto nivel.

La entrada de Rafaela con una hermosa y enorme bata de cola blanca nos lleva a la Leyenda, coreografía de José Antonio estrenada en la Bienal de 2002 y dedicada a inimitable Carmen Amaya, recordada aquí con una enorme foto de sus pies. Carrasco se entrega a unos tientos antes de dejar paso a una dinámica coreografía de mujeres cuyas batas de cola blanca se entremezclan con las líneas dibujadas en el fondo.

Luego, con la entrada de los bailarines con maletas de madera recordamos a Cristina Hoyos y su Viaje al Sur. Caminatas, cruces ágiles por el escenario y una oportunidad para Hugo López que, no contento con ser el más alto, se sube a una maleta y baila como solo los jóvenes de hoy pueden hacerlo -¡Cómo giran, qué monstruos!, decía Manolo Marín a la salida-.

Y por fin llega el último director, Rubén Olmo, con una caña y mantones en perpetuo movimiento. Y con Coria que vuelve a brillar, junto a Eduardo Leal, y Sellés y todos los demás, como los cuatro músicos-titanes. Flamenco de un solo sello, pero cuidado, vendible, disfrutable.

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