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Opinión
Los Rebaños del Carmen

03/10/2014.

Bares. Sombrillas. Terrazas. Copas. Mesa de plástico. Césped artificial. Dos por uno. Oferta. Cubito. Mantel de papel. Luces de colores. Esos son los grandes agentes sociales de Málaga. He ahí sus armas. Bien presentadas. Limpias y puestas a punto para conseguir lo imposible. Aquello que jamás se hubiera imaginado. Todo y más si pones o tienes un bar. Texto. Gonzalo León | 2 Octubre, 2014

Los Baños del Carmen son historia viva de Málaga. No solamente por lo que fueron en su época de esplendor sino por su evolución hasta nuestras días y es que, su decadencia, ha ido de la mano en todo momento de la propia vivida por la ciudad.

A día de hoy, tras atravesar el desierto del porro indiscriminado con música cubana de fondo, llegó alguien –o alguienes- y reflotaron la barcaza cambiando el motor pero sin arreglar el casco. Durante este verano se ha intentado poner de moda el asunto pero no ha llegado a cuajar, si bien es cierto que ha mejorado bastante

. De la noche a la mañana, fíjese usted qué cosas, hubo muchas fiestas y presentaciones organizadas allí. Asuntos festivaleros cinematográficos y presentaciones de grandes marcas. Se notaba que alguien potente había cogido el mando y acababan las miserias. Llega gente del taco.

Ayer, sin venir a cuento y teniendo la mente puesta en nuestro alcalde ataviado con camiseta color naranja guachintona y bailando junto a las personas mayores –más-, conocíamos de mano de la siempre dicharachera Berta González de Vega que las personas que iban a meterle mano al asunto era un grupito conformado, parece ser entre otros, por un ex concejal del Partido Popular y Damián Caneda hijo. Claro. Si yo tengo una chimenea y me traes leña, gasolina y periódicos, yo te hago un fuego al instante.

Ha sido cuestión de minutos que el simpático arrabal dialéctico local se ponga en marcha para analizar, criticar, oponerse, apoyar, apoyar y después oponerse y viceversa sobre el asunto.

Desde las atalayas morales –esta expresión magnífica se la copio a mi amigo Iván Gelibter- desde la que proclaman «mi verdá» los analistas locales, se puede comenzar a sospechar que sobrevuela un pajarraco que hace de vientre acusaciones gratuitas de amiguismo y trato de favor.

Por diversas razones, los sabios coinciden en que un rebaño de allegados al poder han conseguido esta concesión gracias a los favores y tratos privilegiados de los mismos a la hora de llegar a un acuerdo. De igual manera, se deja entrever que, con unos de tus filas dentro, va a ser más fácil medir y pesar un acuerdo, una fecha óptima electoralmente para su puesta de largo e incluso pactar los momentos para que, el tercero en discordia sea el que quede mal y por tanto caigan sobre él las culpas del estado desastroso del lugar.

Puede ser. Aunque no lo creo. Si bien es cierto que entre colegas las cosas funcionan mejor, creo que en esta bendita ciudad, no dejamos de asombrarnos por algo tan sencillo y evidente como que, la gente con dinero, sea la maneje, absorba y se beneficie de los movimientos más lucrativos. Y eso, al final, también acaba arrastrando a cierta ideología política.

A mí, que un señor conservador, de derechas, amante del liberalismo económico y empresario –sea de la edad que sea- opte y gane por algo del calado de los Baños del Carmen no me sorprende absolutamente nada. Es más, me saldrían sarpullidos si esta misma historia tuviera como protagonistas a un ex concejal de Izquierda Unida o al hijo de un trabajador medio de las filas socialistas. ¿Por qué? Porque no se les conoce imperio ni ahora ni nunca –Salvo a Ana Belén y eso-.

Es más, me alegra que por fin haya algo –más allá de un bar grande- que quede en manos locales. Por fin un proyecto interesante no acaba en aplauso de un consejo de administración de Madrid o en la caja b de un membrillo catalán. Solamente queda rezar para que realmente se haga algo positivo con el sitio.

Yo espero limpieza, orden y decoro. Añoro respeto por el espacio. Un espacio que vive de las rentas del pasado y de lo caluroso que supone el tiempo aún estando en un sitio en ruinas. El sonido lo pone el mar en perfecta consonancia con el mármol malo de sus columnas. Hagan el favor de no cargarse el asunto para que el bar acabe pervirtiendo el espacio. Fuera caraduras del lugar. Pero que no llegue mucha luz. Que siga perenne el encanto de la Málaga que quiso ser, fue y desapareció. Que los Baños del Carmen lo sigan siendo.

Que aún haya cabida para las veinticinco mil millones de pedidas de noviazgo que allí se han debido producir. Que siga existiendo ese espacio al que llevar al amigo guiri cuando aterriza en Málaga. Que no se pierda la magia que se siente al estar en Cádiz aunque no lo sea. Ojalá se mantenga el olor a alternativo aunque ahora el vaso te lo pongan bien limpio.

Pero no pongan césped de plástico. Hagan el favor. Así se lo haré saber a Damián Caneda, que me cae simpático y al menos -como su padre- no andan a escondidas ocultando lo que piensan. Esta ciudad, como todas, tienen sus grandes obras en manos de gente con posibles y que por ello no son menos respetable. Sospecha del rico que ayer era pobre, sospecha del que va de pobre siendo rico y sospecha especialmente del que va de rico y está más tieso que la varilla de un cohete. Y de estos últimos, por cierto, está el PP de nuestra ciudad repleto. Suerte señores. Viva Málaga .

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